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Réquiem para un arquero
El juvenil jugador de Independiente,
suplente de Navarro Montoya, falleció ayer en forma
súbita tras sufrir un paro cardíaco mientras
dormía.
Dormía. Un movimiento involuntario lo
sobresaltó y comenzó a tener dificultades para
respirar. Su novia, que dormía junto a él en
su casa de Berazategui, le tocó el cuerpo y se dio
cuenta que algo andaba mal. Sus ojos estaban entreabiertos
y la respiración iba cada vez peor. La chica pidió
ayuda a sus familiares y lo trasladaron de urgencia a un centro
hospitalario. Pero todo sería inútil. Lucas
Molina, 20 años, arquero suplente de Independiente,
moriría en el camino, pasadas las 9 de la mañana
de ayer.
Había hecho las divisiones inferiores en Independiente.
Y fue allí donde encontró el debut en primera:
el 30 de octubre de 2003 debió ingresar a los pocos
minutos de comenzado el partido ante Vélez para reemplazar
a Damián Albil, lesionado. Aquel partido Independiente,
jugado en la “Doble Visera”, Independiente lo
perdió 1 a 0 y Lucas salvó a los “rojos”
de una goleada. Eran los tiempos turbulentos de “Chiche”
Sosa como técnico de Independiente. Su primera gran
actuación se produjo una semana después, el
2 de noviembre, cuando el equipo de Avellaneda empató
0-0 con Boca, en La Bombonera. Ese día Lucas fue titular
por primera vez y casi todos los medios lo calificaron con
un “10”. Luego jugaría tres partidos más
en primera. El 2004 lo encontró como suplente de Carlos
Navarro Montoya, quien hace poco más de un mes había
dicho de él: “Con arqueros como Molina, que es
el que más me gusta, Independiente tiene resuelto un
problema por muchísimos años, porque tiene todas
las condiciones para ser de los mejores”. Lo fue hasta
el viernes pasado inclusive, cuando se sentó en el
banco de suplentes -luego de atajar en reserva- en el empate
“rojo” con Estudiantes, 2-2. Cedido a préstamo
Damián Albil, Lucas se había transformado en
el segundo arquero de Independiente, debajo de su admirador,
Navarro Montoya.
No todo era “rojo” para Lucas. También
el celeste y blanco fueron parte de su carrera. Es que formó
parte de los seleccionados Sub-15, Sub-17 y Sub-20, con la
que ganó el Sudamericano en 2003. Todo bajo la convocatoria
de Hugo Tocalli, quien lo había descubierto en las
divisiones inferiores de Independiente.
Pero todo fue interrumpido por la muerte, que sobrevino trágica
y repentinamente. Una muerte que nadie siquiera pudo entrever.
Casi cuatro meses atrás, conmocionaba la noticia de
la muerte por un paro cardíaco de José Omar
Pastoriza, entonces técnico de Independiente. Y ayer
otra vez un corazón “rojo” que quiebra,
que dice basta. El de Lucas Molina.
Ya no será posible verlo con el buzo y los guantes
bajo los tres palos; ya no volará de un ángulo
al otro. Independiente sufrió otro golpe demoledor
y ya no podrá disfrutarlo. Pero allí donde haya
un grito de gol ahogado por una gran atajada, allí
estará Lucas Molina. (AR)
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