Es el resultado de dos años de gran esfuerzo de mucha gente, y se recuperó este lugar tan importante para los barilochenses”.

Bariloche intenta sacar de la decadencia al puerto San Carlos

La enorme estructura no tiene destino náutico más que para embarcaciones menores. El Municipio tiene un “máster plan” pero requiere grandes inversiones, por ahora inalcanzables.

06 dic 2017 - 00:00
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El gobierno municipal acumula desde hace años una carpeta de proyectos urbanísticos de todo tipo, que van desde la modernización de la trama vial y la extensión de los servicios básicos hasta la construcción de complejos destinados a mejorar el perfil económico de la ciudad.

Pero en el Centro Cívico asumen que ninguna de esas realizaciones podría competir desde lo visual y aun desde lo simbólico con una reconversión a fondo del puerto San Carlos, que los barilochenses (y los turistas) tienen incorporado desde hace décadas como el máximo ejemplo de la frustración, la decadencia y el abandono.

La historia del nuevo puerto nació hacia fines de los 80 y las primeras obras fueron inauguradas en julio de 1991. Las últimas, todavía están pendientes.

En realidad el puerto nunca fue lo que se prometió, ya que el movimiento náutico de sus vistosas dársenas es actualmente nulo y tampoco funciona como el paseo público que alguna vez idearon los planificadores.

El San Carlos está ubicado en pleno centro y concentra a diario las miradas de miles de transeúntes, que perciben la hostilidad del espacio, desaprovechado, mal iluminado y ajeno a cualquier aprovechamiento racional del privilegiado vínculo que el lago Nahuel Huapi entabla allí con la trama urbana.

Las culpas fueron históricamente compartidas entre el Estado municipal y la empresa concesionaria Emprendimientos Bariloche SA, cuya acumulación de incumplimientos desembocó en la rescisión del contrato y el desalojo, ordenado por la Justicia Civil en julio de 2015.

Corridos los meses -y cambio de gobierno mediante– el triunfalismo de aquel logro terminó por aplacarse, lastrado por la escasez de presupuesto para encarar la recuperación de las instalaciones.

Luego de varios anuncios, el intendente Gennuso ya tiene listo el borrador de un “máster plan” para reconfigurar el puerto y toda la zona Costanera, que comenzó a presentar en forma reservada a empresarios, profesionales y otros “grupos de interés”, con la idea de hacer una exposición pública en los primeros días de noviembre.

El financiamiento requerido es varias veces millonario y todavía no está asegurado. Pero todos descuentan que sólo será posible concretarlo con aporte nacional. Otros creen que con la inversión privada –estricta reglamentación mediante- será suficiente.

Las partes de un todo

El puerto cuenta con un edificio central de dos plantas, que alberga una pista de hielo y un salón de recitales, bajo concesión municipal. En otra construcción ubicada en el extremo oeste del playón funciona un restaurante.

El aspecto general del puerto y su espacio circundante mejoró en los últimos meses, pero aun está lejos de lo ideal. Hay escombros, alambrados caídos y falta iluminación.

Entre las obras nuevas hay dos escaleras de hormigón para bajar a la playa y varias mejoras en el edificio central.

También fue reparado el espigón que protege el embarcadero. Pero los pontones de amarre y la estación de servicio náutica están derruidos y requieren una fuerte inversión. Además, para garantizar una navegación segura hacen falta obras de dragado que cuestan alrededor de 100 mil dólares.

Otra obra indispensable es la extensión de la escollera hacia el interior del lago, para dar mayor seguridad a las maniobras de ingreso. Debido a la profundidad del talud, una opción en estudio es colocar pontones flotantes.

Obras en canje

Las mejoras parciales realizadas hasta ahora estuvieron a cargo de los actuales permisionarios privados, especialmente de Powerlink SRL, propietaria del salón Puerto Rock, que funciona en el subsuelo.

Según el acuerdo firmado entre las partes, el municipio les cobra el canon a través de esas inversiones, de modo que en la práctica son inversiones públicas.

En marzo pasado el entonces secretario de Gestión Urbana, Marcelo Ruival, había asegurado que estaban en plena elaboración los “términos de referencia” para la reconversión del puerto y del parque lineal de la Costanera. Dijo que en junio iban a lanzar un concurso de proyectos y que la idea era licitar “antes de fin de año”. Los tiempos, a esta altura, ya habrían sido reprogramados para el 2018.

La idea primaria en aquel momento era no buscar un gran operador integral sino diseñar “unidades de negocio” que se basten a si mismas y que puedan interesar a pequeños empresarios locales. Las opciones serían la gastronomía, servicios náuticos y distintas actividades recreativas.

El modelo preconcebido era el de ofrecer contratos de mediano plazo a cambio de un canon en dinero o de obras que luego le queden al municipio.

La cuestión náutica

Que un puerto tenga un recinto para conciertos y una pista de patinaje sobre hielo no está mal, cuando se trata de actividades complementarias. Pero si hay algo que describe la dejadez crónica del complejo portuario es la ausencia total de embarcaciones, que es una regla inmodificable desde fines de los 90.

El proyecto original que apuntaba a constituir al San Carlos como puerto de cabecera para las excursiones lacustres hoy resulta irrecuperable, coinciden los especialistas.

Por distancias y por operatividad, los miles de turistas que viajan cada temporada a Isla Victoria y a Puerto Blest se embarcarán, como hasta ahora, en Puerto Pañuelo, frente al hotel Llao Llao, a 25 kilómetros del centro de la ciudad, mediante una sola ruta de acceso, la avenida Bustillo.

Actualmente el único uso náutico del puerto San Carlos es el que realiza Prefectura, que cuenta allí con tinglados y otras instalaciones, además de un pequeño muelle que le sirve como base para sus patrullajes, que son cotidianos.

Además, desde hace años permanece amarrado en la dársena este el catamarán El Cóndor, que durante muchos años albergó la excursión a Puerto Blest, inmovilizado desde hace muchos años por un conflicto judicial.

El proyecto del municipio es que el puerto San Carlos funcione al menos como terminal de las excursiones a la isla Huemul (que también está desactivada hasta nuevo aviso) y reconvertirlo como “marina” privada, es decir como un complejo para amarre de embarcaciones deportivas y recreativas de uso privado, tanto de residentes como de turistas, con el respectivo cobro del servicio que se presta.

Pero este último destino también requiere de varias obras extra y de requisitos de habilitación que hoy el puerto está lejos de cumplir.

Plazos
26 años
hace que se inauguraron las primeras obras en el lugar donde estaba el viejo muelle maderero.
Las únicas embarcaciones activas en el puerto son las de Prefectura, que desde allí patrulla de manera cotidiana las aguas del lago Nahuel Huapi.
En las instalaciones funciona una pista de patinaje sobre nieve y un espacio de recitales, además de un restaurante.
El aspecto actual
Aunque las tareas de limpieza y mejoramiento llevan ya varios meses, el aspecto ruinoso del puerto San Carlos no ha cambiado gran cosa. El playón enripiado, las malezas, las pilas de escombros y las instalaciones náuticas en ruinas lucen igual que siempre. De noche falta iluminación y tampoco hay cartelería de orientación al visitante.
Aun así, mucha gente recorre el puerto a diario y se interna en la escollera, que en los papeles está vedada al tránsito por vallas que no inhiben a los paseantes. La repetición de esa indisciplina sea tal vez un síntoma de la avidez por más y mejores espacios públicos, que en Bariloche son un bien escaso. En el playón existen aparatos para realizar ejercicios y en verano el municipio suele montar una cancha de vóley. Hacia el oeste, hay dos rampas de bajada al playón, hoy clausuradas y en lenta recuperación.
Estacionamiento
y centro de congresos
Por separado de las obras que comprometió a modo de canon, la firma Powerlink obtuvo en abril un nuevo permiso para explotar el oeste del complejo portuario, que destinará a un estacionamiento privado.
A pesar de los compromisos, el estacionamiento que iba a contar con lugar para 273 vehículos todavía están cerrado por demoras en los trabajos de adecuación.
Ese dato no hace más que aportar otro renglón a la larga y accidentada historia del puerto, que se condice también con la historia misma de Bariloche y sus proyectos de obra pública.
El uso de ese valioso espacio quedó sujeto también a otro proyecto financiado con el Plan Castello, que incluye una partida de 14 millones de dólares para construir en Bariloche un centro de congresos y convenciones.
La idea era llevarlo a la zona de Virgen de las Nieves, camino a Catedral. Pero a instancias de lo dictaminado por el experto uruguayo Arnaldo Nardone, entre los funcionarios y los empresarios turísticos ganó terreno la idea de construirlo en el playón del puerto.
El proyecto inicial apuntaba a levantar un edificio de 6.000 metros cuadrados, pero el especialista recomendó proyectar uno de no más de 3.500 e “integrado a la trama urbana”. Según indicaron desde el Municipio, el máster plan tendrá esa propuesta.
Bariloche

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