Colonia Suiza crece al ritmo frenético de Bariloche

La llegada de miles de turistas aceleró el desarrollo urbano de un viejo sector agrícola a 25 km de la ciudad. Las soluciones las aportan los propios vecinos ante la ausencia del aparato estatal.

02 dic 2017 - 08:50
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Una ciudad con más de 22.000 hectáreas guarda múltiples realidades dentro de sus límites. Envuelta en el Parque Nacional Nahuel Huapi aún se pueden encontrar pequeños poblados que guardan vestigios de una vida rural más cercana a los albores del 1900.

“Ir y venir de la ciudad nos implica 50 kilómetros”, explicó Jorge Guzmán, presidente de la junta vecinal de Colonia Suiza, esa porción de Bariloche que eligió un puñado de inmigrantes con registros nostálgicos de los Alpes nevados.

Allí conviven construcciones de principios del siglo pasado con unas 300 personas que intentan sostener el legado de los primeros pobladores. El sector más conocido es el pequeño centro comercial que reposa junto al lago Moreno y que mira con vértigo al cerro Goye.

Pero los límites de Colonia Suiza abarcan más que un paseo gastronómico que tiene el curanto, las representaciones artísticas y la feria de artesanías ideada en 1984 para ofrecer una salida laboral.

Lejos de aquel origen rural, hoy la Colonia experimenta un ‘boom’ turístico que superó cualquier expectativa. El pacífico ritmo de vida diario toma otro tinte durante los fines de semana, momento en el que los visitantes llegan para conocer el fundo.

A partir de entonces, y especialmente durante el verano, las estrellas calles se completan con autos apilados al costado del camino, interminables esperas en las paradas de colectivos, accesos polvorientos y rocosos, y gente de a pie que deambula de un lado a otro.

“Cuando un lugar no está preparado, se crean los problemas que hay que ir solucionando sobre la marcha”, reconoció Guzmán sobre las complicaciones que surgieron desde hace algunos años.

Este es el caso de las playas de estacionamiento que surgieron junto a los comercios, los voluntarios que ayudan a ordenar el tránsito y hasta la reciente construcción de baños públicos.

Los pobladores

El cambio vertiginoso y los aires de las grandes urbes se hacen notar. Paloma Perdomo llegó a Colonia Suiza hace 20 años. “Los domingos son muy particulares”, relató al referirse a la cotidianeidad de las familias que se asentaron en el viejo poblado.

La casa de Paloma está junto a la playa pública. Desde allí atestigua los inconvenientes de un balneario sin bañeros, la falta de baños químicos y las falencias en la recolección de residuos.

Este último punto preocupa especialmente a los vecinos ante la llegada de cientos de personas por día que hacen rebalsar los cestos disponibles.

Entre los inconvenientes cotidianos también surge el transporte público. Dos líneas de colectivos conectan a Colonia Suiza con la ciudad. Aunque Guzmán evalúa el desempeño de la empresa prestadora como “de nueve puntos”, para Paloma faltan ajustar detalles con un servicio que, además de un rondín que los lleva hasta la intersección de la avenida Bustillo, facilita siete frecuencias diarias para conectarlos con el centro de la ciudad.

Madre de adolescentes, ella conoce de las complicaciones que tienen los jóvenes que no cuentan con una escuela secundaria y se ven obligados a trasladarse hasta 17 kilómetros para cumplir con la currícula.

Los niños aún cuentan con la Escuela pública 129 que, a pesar de algunas dificultades (ver aparte), cubre las necesidades básicas del sector primario.

La seguridad, en cambio, no parece ser un problema. Un destacamento policial lleva tranquilidad a los que eligen vivir en forma estable en Colonia Suiza.

El punto que más preocupa a los pobladores es el de la salud pública. El lugar no cuenta con una ambulancia y depende de las visitas mensuales que realiza un médico proveniente del centro de salud “Madre Teresa”, a unos 10 kilómetros.

“Todo queda lento, difícil”, explicó antes de recordar que tuvo a sus hijos en el hospital Ramón Carrillo, a cinco cuadras del Centro Cívico, y decidió vivir algún tiempo en el casco urbano “porque había muchas cosas que no iban a estar cubiertas” en Colonia Suiza.

Más allá de las dificultades que ofrece el lugar, Paloma se ampara en la “muy buena organización vecinal”. Es que allí trabaja una Junta Vecinal, surgida en 1987, que logró establecer un sistema de recursos que le permite cubrir las falencias del Estado en ese sector.

Guzmán se muestra orgulloso del sistema que les permite donar más de 100 mil pesos a la escuela primaria, destinar 70 mil pesos al destacamento de bomberos, o unos 160 mil pesos a la reparación del único puente que permite acceder desde Circuito Chico.

“La cuota social es de cinco pesos. Es simbólico”, resume el presidente de la Junta entre risas, y de inmediato remarca la importancia de una feria regional a la que reconocen como “la gallinita de los huevos de oro” de Colonia Suiza.

“Nos permite hacer todas las obras necesarias sin pedirle nada a nadie”, remarcó sobre el auxilio de un aparato estatal cuyos tiempos no corresponden a los reclamos vecinales que buscan integrarse a una ciudad que crece sin mirar a quién deja atrás.

“El acceso a la Colonia está operativo. Con el tema del puente nos tuvieron dos años y no nos dieron un mango. Invertimos unos 160.000 pesos y hasta pusimos chapa antideslizante”.
Jorge Guzmán, sobre los fondos de la Junta Vecinal.
“Los domingos hay más autos y el Municipio debería plantear un reordenamiento del tránsito, darles un sentido a las calles”.
Paloma Perdomo, sobre el caos vehicular que azota a la Colonia.
Una fuente de recursos
100
son los artesanos que integran la feria regional. Aportan el 10% de sus ventas a las obras que requiera el poblado.
El reclamo histórico de una escuela sin espacios

La escuela “República de Suiza” concentra chicos desde los 3 años y fue una pionera de la educación, creada en 1937. Hoy asisten unos 157 alumnos.

Es la única de Jornada Extendida en 30 kilómetros de distancia y contiene no solo niños del área de Circuito Chico sino que además llegan hasta del centro de Bariloche.

Por eso la Asociación Cooperadora liderada por un activo grupo de padres impulsa desde hace años la necesidad de contar con un salón de usos múltiples con utilidad deportiva y más espacios para el dictado de clases y talleres.

La escuela cuenta con planos de un proyecto de ampliación para incorporar en el mismo terreno (que es de propiedad de Educación) un SUM, cocina, aulas taller, espacio de dirección, secretaría, sala de maestros y sanitarios. Sin embargo hasta hoy no fue incluida en ningún plan de ampliación.

El edificio de madera, que fue declarado Monumento Histórico de Bariloche, comprende dos aulas, la cocina, la dirección y la secretaría. Detrás, en un edificio no integrado, hay otras tres aulas construidas con fondos de la cooperadora y la Junta Vecinal, y a unos 40 metros se ubica un ala de tres aulas, edificadas en 2010, que cuenta con un pasillo de tres metros de ancho que oficia de salón de usos múltiples.

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