El abuelo que llegó para acompañar a su nieto tras la tragedia

Ceferino recorrió 2,700 kilómetros para despedir los restos de su hijo Mario. Mientras acompaña al niño, espera que la Justicia resuelva su tenencia.

21 mar 2017 - 00:00
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Subió al colectivo en La Quiaca, Jujuy, con el corazón angustiado tras recibir una noticia que lo había estremecido. Se despidió de su esposa, que quedó llorando porque no podía acompañarlo en el extenso y doloroso viaje que empezaba. Una mochila y una valija fueron su único equipaje para recorrer 2.700 kilómetros. Ceferino Huallpa había planificado con su esposa viajar los primeros días de abril -por primera vez- hasta Bariloche para visitar a su hijo Mario y su nieto Nahuel. Pero el destino le hizo una emboscada fatal y la madrugada del viernes, un incendio destruyó la precaria casilla donde Mario vivía con su hijo, en la toma 29 de Septiembre. Mario no pudo escapar del fuego y murió. Nahuel, de 10 años, se salvó.

Las llamas devoraron en pocos minutos la pequeña casilla, que juntos habían levantado en una toma ubicada cerca de la Ruta Nacional 40 sur, en las afueras de Bariloche.

El niño presentaba una quemadura en la planta de un pie y por eso lo internaron en el hospital Ramón Carrillo para curarlo y, sobre todo, contenerlo mientras buscaban a algún familiar.

Ceferino se enteró de la muerte de su hijo cuando cruzaba la frontera entre Bolivia y Argentina. El hombre regresaba con su esposa tras haber pasado unos días en Potosí, Bolivia, donde tiene una parte de su familia y de su corazón.

El abuelo que llegó para acompañar a su nieto tras la tragedia
Ceferino viajó sin saber lo que había ocurrido.
Viaje de urgencia

El hombre, de 66 años, emigró a principios de la década de los ochenta del siglo pasado y se radicó en la provincia de Buenos Aires, donde a fuerza de trabajo construyó su casa. Allí, vive con tres hijos y 10 nietos. Siempre se ha dedicado a la albañilería, oficio que sus hijos heredaron. Sus manos agrietadas reflejan el rigor de los años de trabajo.

Cuando le avisaron que Mario había fallecido y que su nieto Nahuel estaba solo, Ceferino resolvió viajar de urgencia.

Como el boleto costaba unos 5.000 pesos desde la Quiaca hasta Bariloche, no quedó otra opción que viajar solo. Su esposa siguió hacia Buenos Aires, con la amargura de no poder despedirse de su hijo y ver a su nieto.

Ceferino se embarcó el viernes por la tarde y viajó hasta la ciudad de Córdoba, donde hizo transbordo y otra empresa lo trajo hasta Bariloche. Llegó el domingo al mediodía. Fueron 48 horas de viaje y Ceferino pocas veces pudo descansar. Estaba angustiado. No tenía demasiada información de lo que había ocurrido. Sólo sabía que su nieto había sobrevivido y estaba internado.

Por eso, apenas descendió del colectivo se dirigió hasta el hospital, donde lo esperaban sus cuatro hijos. Uno de ellos vive en el barrio Nahuel Hue de Bariloche. Los otros tres viajaron desde la provincia de Buenos Aires.

“Río Negro” los encontró el domingo por la tarde sentados en la entrada del hospital. El hombre tenía la mirada cansada, pero estaba un poco más tranquilo porque había podido ver a su nieto, que permanecía internado en pediatría y estaba fuera de peligro. Andrés, de la colectividad boliviana en Bariloche, los acompañaba.

“Que se quede conmigo”

“Quiero que mi nieto se quede conmigo. Ese es mi deseo”, fueron sus primeras palabras. Explicó, con voz pausada, que Nahuel no tiene hermanos y que su hijo se había separado hace cinco años de la madre del niño.

Por intermedio del consulado boliviano en San Pablo, Brasil, habían podido localizar a la mamá de Nahuel, explicó Juan Huallpa Condorí, hijo de Ceferino. Dijo que la mujer después de que se separó de su hermano había formado una nueva familia. La madre de Nahuel había llegado a Bariloche con ayuda del consulado.

Ceferino se la encontró en el hospital y casi no la reconoció. “Es que pasaron más de cinco años desde la última vez que la vi”, explicó el abuelo. Recordó que su hijo había vivido tiempo atrás en Bariloche, pero regresó a Bolivia con la madre de Nahuel. Allá se separaron. Mario decidió regresar a esta ciudad a probar suerte otra vez, con su hijo.

Ceferino dijo que hace dos años que no veía a su nieto y admitió que será la justicia la que resuelva quién queda a cargo del pequeño, porque señaló que la madre es probable que pida la tenencia. Ayer, Juan explicó a este diario que la familia resolvió sepultar los restos de su hermano en Bariloche, el lugar que había elegido para salir adelante con su hijo.

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