Falleció en Bariloche el reconocido científico Tomás Buch

Tuvo una destacada actuación en el desarrollo de la ciudad como polo científico. Había nacido en Alemania, pero llegó al país siendo muy pequeño.

Fue uno de los iniciadores del Invap, en el que ocupó cargos de relevancia, e integró el cuerpo docente del Instituto Balseiro desde su instalación en la ciudad.

07 mar 2017 - 00:00
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A los 85 años murió en Bariloche el físico Tomás Buch, uno de los iniciadores de la empresa estatal Invap y miembro del primer cuerpo docente del Instituto Balseiro de Bariloche. Además de ser un científico destacado, fue un pensador agudo, autor de varios libros sobre la tecnología y su impacto en la cultura.

El deceso de Buch tuvo amplia repercusión en diversos ámbitos de la ciudad, donde la comunidad científica y diversos actores políticos destacaron sus virtudes.

El intendente Gustavo Genuso sostuvo que “sus ideales firmes y su manera de debatir y pensar siempre dejaban enseñanza. Se va una persona que hizo grande a nuestra ciudad. Se va un vecino del que nos sentimos orgullosos”.

Buch había nacido en Berlín, Alemania, en 1931, y sus padres se radicaron en la Argentina cuando él era todavía un niño.

Aquí completó sus estudios primarios y los secundarios los hizo en la escuela Industrial Otto Krause, para luego ingresar a la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires, donde se graduó como Licenciado en Ciencias Químicas.

En 1960 se doctoró en la Northwestern University, de Chicago, Estados Unidos.

Fue profesor e investigador de las universidades de Buenos Aires, París VI, Chile y del Comahue y en su perfil de Facebook indicaba que en la actualidad era profesor consulto en la sede Andina de la Universidad Nacional de Río Negro.

En el Invap

Tomas Buch integró el primer cuerpo docente del Instituto Balseiro y fue miembro del grupo inicial de Invap, la empresa rionegrina de investigaciones aplicadas.

Entre 1977 y 1992 se dedicó al desarrollo de nuevas tecnologías en el Invap, al tiempo que se desempeñó como coordinador de la Carrera de Ingeniería en Tecnología, creada a través de un convenio entre la Universidad Nacional del Comahue y el Invap.

En esos años ocupó además los puestos de jefe en distintos proyectos, subgerente de Investigación y Desarrollo, responsable de Estudios Prospectivos e, incluso, Gerente de Recursos Humanos de la empresa rionegrina.

Fue asesor del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) y de la Secretaría de Ciencia y Técnica de Río Negro.

Participó en la Junta Promotora por Bariloche del Congreso Pedagógico Nacional de 1986 y también integró el Grupo Bariloche para Ciencia y Asuntos Mundiales desde 2001.

A lo largo de su profusa carrera académica y profesional se destacó como investigador, tecnólogo, docente universitario, escritor e historiador de la ciencia y la tecnología argentinas.

Ya retirado, se dedicó sobre todo a temas de educación tecnológica e historia y filosofía de la tecnología en el contexto mundial, publicando sus investigaciones en revistas científicas y artículos periodísticos, entre ellos “Río Negro”.

Entre sus obras se destacan El Tecnoscopio (Aique, 1996), Sistemas Tecnológicos (Aique, 1999) y Tecnología en la vida cotidiana (Eudeba, 2004). En diciembre de 2011 presentó el libro “De los quipus a los satélites - Historia de la tecnología en la Argentina”, junto a Carlos Solivérez.

“Hoy Invap está posicionada a nivel mundial entre las más importatntes empresas de tecnología y Buch tuvo mucho que ver en esto”.
Secretaría de Ciencia y Tecnología de Río Negro.
“Compartimos con Tomy la utopía de llevar la educación tecnológica a las aulas y lo reconozco como un maestro en mi trayectoria en ese campo”.
Gustavo Gennuso, intendente de Bariloche.
El desarrollo científico y la crisis de la lana
Sobre el desarrollo científico y la exportación de ese conocimiento, en abril de 2006, Buch opinaba que “el aporte de las exportaciones de alto valor agregado es aún poco significativo para la balanza de pagos del país. La primarización de la producción nos devuelve a una situación comparable con la de la crisis de la lana de los años 1870, con la diferencia de que ahora tenemos que alimentar con la exportación de productos de poca elaboración a una población siete ocho veces más numerosa. En aquel entonces reemplazamos la lana por otros productos primarios, como ahora exportamos soja (a costa del monocultivo, el deterioro ambiental y la concentración de la propiedad o del usufructo de la tierra) y recursos no renovables como minerales, incluso el gas y el petróleo”.
Bariloche

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