Íconos de la ciudad en la mirada de seis escritores

El registro de sus visitas a Invap, el Llao Llao, una fábrica de chocolate y la isla Huemul, organizadas por el VI Festival Nacional de Literatura (Filba), aportan enriquecedoras visiones sobre Bariloche, sus sitios emblemáticos y sus contrastes.

20 abr 2017 - 13:30
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Textos inspirados en una visita guiada a Invap de Julián López y Emilio Di Tata Roitberg, en una incursión a secretos de la fabricación de chocolate de Sebastián Fonseca y Vera Giaconi, en el hipotético proyecto a desarrollar en la Isla Huemul de Pablo Bernasconi y en las vivencias infantiles en el hotel Llao Llao de Rosario Bléfari integran el registro de bitácoras del Festival Nacional de Literatura Filba.

Diversos estilos para trasladar al lector u oyente al lugar asignado. Rasgos de crónica periodística con profusión de datos, ficción abriéndose paso entre información, vivencias y sentimientos fueron recursos a los que apelaron los autores.

Entre satélites

Escribir “estamos en Bariloche” tal vez sea “una forma de lidiar con los treinta años que me separan desde la última vez que estuve en esta ciudad mítica y real, más de lo que suele saberse. Que repite la ecuación argentina, acaso latinoamericana, acaso de todos los países emergentes: desarrollos científicos deslumbrantes, capaces de ponerlos en los lugares más altos del mundo, y una fractura social escondida del paisaje urbano para la que la historia de los adelantos no ha podido ensayar respuesta”, en palabras de Julián López.

En viaje hacia Invap, “ignorante aunque me descubro lleno de prejuicios” sobre el centro “donde se desarrollan y fabrican los satélites que nuestro país pone en órbita, no puedo dejar de pensar que cerca de aquí hay una enorme cantidad de gente que vive sin gas, sin servicios elementales, fuera de toda posibilidad de hacerle frente al frío.

¿Qué otras cosas no se ven en Bariloche, la Pampa de Huenuleo sobre la que nos contó Graciela Cros acaso?”, inquiere.

Lo que no obsta para considerar que le “hubiera encantado trabajar ahí. Encontré mi oficio por default. La escritura se me impuso cuanto todas mis aspiraciones se estrolaron contra el paredón chato de mis posibilidades. Lo que veo acá es apasionante, tienen un tipo de trabajo que sólo vi en las películas, hacen sus tareas con una dedicación que me admira”. Descriptos funciones y servicios de los satélites, retorna la reflexión: ¿Para quiénes son los avances de la ciencia, de la técnica, de la literatura?, pregunta.

En “Memento mori”, Emilio Di Tata Roitberg basa su “ficción inspirada” en Diego, egresado de la Facultad de Filosofía y Letras que vivía en la península San Pedro. Empleado en la Agencia Argentina Aeroespacial, “versión tercermundista de la Nasa, encargada de fabricar El Gauchito I, proyecto nacional y popular que pondría a la Argentina, tarde pero seguro, en la carrera espacial internacional”, repetía “no es política, son avances tecnológicos sin precedentes. Seguía pareciéndome un despropósito que con un sector sumergido en la pobreza, el Estado se pusiera a armar chiches caros como ese. Pero bueno, son posturas”.

Diego había publicado dos libros, “podría estar leyendo con nosotros. Pero dos días después de nuestro último encuentro, bajó a la playa y se pegó un tiro”.

Durante una visita al lugar un año más tarde, “mencioné el nombre de mi amigo a la guía. Ah, si... Eso fue todo”. Al salir, una bandurria, el lago gris y el viento que inclinaba los paraguas. ‘Ah! Si’. Pavada de epitafio”.

Rumbo al gran hotel

Para la escritora y música Rosario Bléfari retornar a estos paisajes aviva recuerdos y emociones. Detalles del viaje emprendido desde su natal Mar del Plata hacia el hotel Llao Llao a instancias del traslado laboral de sus padres. “Todavía no había empezado la escuela primaria y había desertado del jardín de infantes”, ubica.

Posta en Piedra del Águila, formas “que parecían esto o aquello (en Valle Encantado). Nada era lo que esperaba. Hasta que al salir de una gran curva, el reflejo de las montañas en el lago, resplandecía allá abajo. Sin dudas el paisaje ahora si había cambiado, el desierto por fin había terminado”. Banquinas con nieve y barro, cumbres nevadas asomando tras pinos y cipreses, “en un momento el lago, desaparecido hacía rato detrás del verde, reapareció con un gran muelle. Giramos a la izquierda, pudimos verlo: como una casa gigante de paredes blancas, troncos y piedra. Difícil de dibujar, tenía el aspecto de un niñito dormido que espera tranquilo que sus padres lo vengan a buscar”.

Durante años “extrañé tanto esas sensaciones que las proyecté mil veces en mi pensamiento, ahora creo que sólo me queda como un conocimiento. La transparencia, el aire formidable que hacía latir más fuerte el corazón, la boca del niño en la que esperaba mi papá. Ese gran barco a toda máquina que naufragaría... Me sentía libre”, dice.

Sueldos adeudados, cierre del hotel y permanencia forzada por ausencia de lugar donde residir, “algunos meses comiendo lo que había quedado” o recurriendo a reservas de provisiones del hotel Tunquelén, hasta que el arribo del propietario aparejó la entrega de la llave de una residencia en el kilómetro 1,500 a los designados caseros. “La casa se remató con nosotros adentro, pero esa es otra historia”.

Allí “viví toda mi infancia, rodeada de frutales, a los pies de un monte que aprendí de memoria, que me enseñó todo que me acompaña todavía. Todo el posible diario de estos días está absorbido por estos antecedentes. Durante mucho tiempo sentí lo inaccesible de un lugar al que se vuelve sin poder entrar como antes. Pero, a medida que el tiempo sigue pasando, siento que por algunos segundos me dejan de nuevo involucrarme el lago, la piedra, la rama, las calles, el cielo...

Es una intermitencia amorosa, es la timidez, es el celo de la naturaleza. Y soy yo misma bailando ese mismo baile...”, expresó con emoción.

Magia renovada

Preparada para potencial decepción por la influencia de un programa televisivo que develaba secretos de la magia destruyendo ilusión, Vera Giaconi realiza pormenorizado repaso por el recorrido de la fábrica de chocolates Mamuschka. Probar resultados del proceso condujo a valorar que “la magia no se había roto, fue renovada”.

Ya en el local céntrico de la empresa, repara en que seguiría siendo “una turista incauta y deslumbrada por el paisaje de esta ciudad extraordinaria” pero “conocidos herramientas y tramoyistas y asistentes –único gran secreto de un buen mago-, lo que me importa del chocolate es el verdadero sabor sin adornos”, concluye.

La mirada de Sebastián Fonseca giró en torno de “Mil palabras de chocolate” fijando objetivo en “buscar ese otro dentro de mí que todavía no sé de qué material estará hecho”.

Con los bombones “algo lejano se expande dentro de mi recuerdo gustativo. Salgo siendo aquel niño que nunca dejé de ser”.

El proyecto Huemul

Pablo Bernasconi develó su “Secreto de la Isla Huemul”. Las versiones de hechos históricos “se tuercen y retuercen hasta que pierden sus fundamentos de origen como una enredadera sin raíces”. Deformándose, dice, “conciben la mentira, esa erosión auto infligida de unos poquísimos sabedores de la verdad, muchas veces guardianes de la vergüenza ajena. El secreto está repleto de enigmáticas falacias diseminadas a través del tiempo, de inescrupulosos personajes colocados ahí para tal fin”. En 1948 el austríaco Ronald Richter le propone a Juan Domingo Perón –diálogo recreado mediante- “un ambicioso proyecto que permitía modificar la geopolítica mundial a partir de una fuente innovadora de energía: instalar en la isla un descomunal pelotero”. Fue desaprobado, frustrando “una de las más grandes oportunidades de la humanidad para lograr la iluminación eterna. Una lástima...”

Que la buena literatura viaje por el país
Las actividades del festival fueron pensadas para acercar “la mejor producción literaria de Argentina a distintas ciudades del país” sumando al “intercambio de ideas y la circulación de la literatura al nivel más federal posible”.
El presidente de la fundación, Pablo Braun, destacó entre los objetivos “hacer viajar la buena literatura”.
Se donaron trescientos libros a las bibliotecas de la Sala de Ensayo Comunitaria Dengün Piuké y al Centro Cultural 270 Viviendas.

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