Opinión: Proyecciones

La encrucijada de la alta temporada otra vez. La semana en Bariloche en la mirada de Daniel Marzal.

03 ene 2018 - 11:10
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La encrucijada de siempre, con la misma ansiedad. Así se presenta la apertura de una nueva temporada “alta” de turismo, que la ciudad necesita con urgencia para dinamizar su economía, justificar inversiones y compensar de antemano la esperable caída previa al invierno.
Empresarios hoteleros y operadores turísticos hacen números y reconocen que el pronóstico más sensato es esperar un verano similar al anterior, con ocupación promedio del 75% para enero y 70% en febrero.
El secretario de Turismo municipal, Gastón Burlón, dijo que la expectativa “es la mejor”, que habrá mucho turismo nacional y que la cantidad de visitantes chilenos “este año va a ser mayor”.
En cuanto a las tarifas, señaló que “las excursiones aumentaron sólo 10% respecto del verano 2017 y la hotelería alrededor de un 20%”. Dijo que el propósito de la promoción es el mismo de siempre: “romper la estacionalidad”, con bajas temporadas “no tan bajas”. Aunque reconoció que “un buen verano ayuda”.
Si bien todos los indicadores aconsejan la cautela, un cierto ramalazo de optimismo se extendió por “la industria” en los últimos días con el aumento sostenido del dólar.
El presidente de la Asociación Hotelera, Hugo De Barba, dejó a un lado los eufemismos. “Nosotros celebramos la suba del dólar por arriba de 19,50, porque nos hace más competitivos -aseguró-. De otro modo, el 80% de la gente se va a las playas de Brasil”.
El desafío de la actividad turística es darse una progresión creciente más estable y continuada, algo a lo que podrían aportar una oferta más sólida y una inversión en infraestructura que la ciudad no tiene desde hace décadas.
De Barba admitió que la caída del flujo de turistas a partir de marzo es inexorable y para que los números cierren la ocupación de enero/febrero debe acercarse al 85%.
Otra cuestión crucial que suele captar la atención de los operadores es el poder de compra del turista promedio, que también está en franca caída. Y entre las cuentas pendientes -en las que el Estado no puede mirar para otro lado- figura la de garantizar que la renta turística se distribuya con una equidad mayor.