“Fiesta Nacional de la Pera: aquellos eran otros tiempos”

10 ene 2017 - 00:00
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Me resisto a aceptar que en la Argentina todo tiempo pasado fue mejor, cuando por el contrario la experiencia de lo realizado con anterioridad debería ser en el presente superadora, aun con matices o dificultades de cada época. Esto es lo que siento y percibo hoy con respecto al retroceso en todo sentido de la Fiesta Nacional de la Pera.

En 1998 Allen padecía una crisis institucional y había mucho desánimo en la comunidad, y a partir de una memorable y nutrida concurrencia que asistió a la Cámara de Industria y Comercio, un grupo de vecinos, todos hijos de Allen, con profundo compromiso con la ciudad, decidimos crear un producto que le diera identidad a la ciudad, que nos uniera y la sacara de ese letargo y mal humor, así nació la Fiesta Nacional de la Pera. Y como decía el eslogan, “Hacela tuya”, la comunidad se apropió y se sintió identificada y orgullosa. Fueron tiempos de mucho trabajo, eran días largos donde nos levantábamos y acostábamos pensando en ese anhelado objetivo que nos habíamos propuesto. La organización se sustentaba con el dinero que aportaba la comunidad, las empresas, el comercio, y el otro ingreso lo representaba el cobro de una entrada, además del incondicional apoyo de Rubén Belich, secretario general del Sindicato de Camioneros, a quien siempre le agradecí y le estaré agradecido.

El Estado no participaba, sólo en las invitaciones protocolares, pero no desde el punto de vista económico.

Recuerdo hasta el día de hoy el abrazo emocionado, hasta las lágrimas, mientras los fuegos artificiales iluminaban el cielo cuando finalizó la primera edición de la Fiesta Nacional de la Pera realizada del 21 al 24 de enero de 1999. Se había cumplido el objetivo, y a pesar de la crisis la comunidad estaba feliz y nos abrazaba emocionada. También conservó una emotiva carta que días posteriores me enviara el recordado Padre Luis, donde entre elogios y felicitaciones resaltaba el trabajo y acompañamiento de la comunidad, y entre otras cosas decía que cuando la comunidad trabaja unida tiene una fortaleza indestructible y se logran los objetivos.

A partir de entonces se sucedieron años consecutivos de éxitos que todos conocen, donde la fiesta era esperada por todos y creaba un ambiente especial en la ciudad durante el trabajo del año y la expectativa que generaba en torno a qué artista se contrataba. Marcaba un punto de encuentro de la sociedad toda, y esto estableció un criterio de seriedad, honestidad, organización, transparencia, calidad y estética. Un verdadero sello que le dio prestigio.

Cuando la política comenzó a participar e hizo propia la organización se comenzó a sentir un alejamiento de la comunidad, y poco a poco se fue deteriorando ese sello característico de seriedad y organización, y comenzó ese mensaje populista de que la fiesta es del pueblo y es gratis
–aunque nada es gratis porque por otro lado lo terminan pagando los contribuyentes–, mensaje confuso. Aunque sería bueno ver los balances finales de la fiesta e informarle a la comunidad cuánto costó.

La política se apoderó tanto de la organización que cambiaron hasta el logo y sus colores, desconociendo la historia, la identidad y el respeto a sus fundadores y a una comunidad, principal a la hora de sostener este producto.

Decidí escribir esta carta de lectores para compartir con todos los vecinos de Allen que quizás sientan lo mismo, y además agradecerles todo el esfuerzo y apoyo recibido durante tanto tiempo. Lo hago no desde la bronca, sino desde la tristeza y decepción que me embarga en este momento.

Tanto se adueñó la política, que una fiesta que era de la comunidad hoy es de un partido político. Una pena.

Armando Gentili

Fundador y presidente de la Fiesta Nacional de la Pera

DNI 12. 407. 240

Allen

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