La antinomia en la cultura de los pueblos

16 feb 2017 - 00:00
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Una semana atrás nos sorprendía la noticia sobre las tres señoritas que practicaban topless en Necochea, con muchas personas a su alrededor, y luego se difundió por los medios nacionales (diario “Clarín”) una fotografía que exhibía a tres señoras pertenecientes a la comunidad menonita bañándose junto a sus respectivos maridos en la laguna Guatraché (La Pampa), totalmente vestidas de pies a cabeza, con sus clásicas polleras alargadas, gorros y demás atuendos que cubrían la totalidad de su cuerpo.

Éstos son dos ejemplos extremos que se presentan en la realidad argentina, una verdadera antinomia. Las primeras señoritas seriamente cuestionadas por una sociedad que considera que la exhibición de los pechos en público produce un perjuicio colectivo por encuadrarlo en un acto impropio de la persona y, por otro lado, esta comunidad (menonita) donde las mujeres no pueden exhibir ninguna parte de su cuerpo.

Ante lo señalado, no somos quién para juzgar a nadie. No está bien, ni mal, es la realidad que sucede en un país como éste, nuestra República Argentina.

Es por ello que debemos entender que no estamos ante la disyuntiva obligatoria de aprobar una u otra modalidad, no debemos optar por la acción menos ofensiva porque seguramente la mayoría del colectivo se inclina por entender que lo menos lesivo resulta ser encontrarse en una playa completamente vestido que no estarlo, cuando un análisis profundo amerita considerarlo desde otro punto de vista.

En ese sentido, lo que se debe destacar en ambas situaciones es que ellas pueden convivir en un marco de paz, respeto, comprensión y tolerancia hacia el otro, nuestro par, siempre que no lesione los derechos personales de nuestros pares.

Pero puede ocurrir que ante ambas situaciones las personas se sientan afectadas por entender que el sexo femenino, de este modo presentado, puede encontrase “cosificado”, ante lo que podríamos agregar que “cada uno es artífice de su propio destino”.

Siempre van a cuantificar mayores reclamos quienes exhiben, quienes muestran, que aquellas que ocultan su real belleza corporal. Pero la cuestión no transita por ese carril. A mi entender resulta más injusto, lesivo y ofensivo que se bañen vestidas (las mujeres) junto a sus maridos en traje de baño que aquellas otras que hacen topless en una playa pública. Se podrá afirmar que es un acto propio de una cultura (menonita) bañarse vestidas, pero en realidad son mujeres que sufren la desigualdad o desconsideración, que en su cultura no resulta comprendida o considerada.

Para finalizar, estamos ante la oportunidad de demostrar que podemos convivir sin demostrar odio hacia los demás. Se puede pensar diferente sin lastimar. Los que piensan distinto al gobierno nacional también pueden convivir sin provocar daños al sistema, y los que profesan otras religiones aceptando que el Dios de ellos puede ser igual al nuestro. Este cambio profundo de mentalidad nos involucra a todos, sin distinción de colores o partidos políticos, sólo requiere ser practicado asiduamente por cada uno de nosotros.

Miguel Ángel Knecht

DNI 14.727.625

“Seguramente la mayoría del colectivo se inclina por entender
que lo menos lesivo resulta encontrarse en una playa completamente vestido que no estarlo”.
Viedma

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