La ficticia y anunciada “disminución inflacionaria”

13 ago 2017 - 00:00
Comparte esta noticia

Cuando se intenta argumentar que la disminución de la inflación obedece a un trascendente logro gubernamental del orden nacional no se está analizando la cuestión objetivamente, la verdadera causa que impide que el actual proceso inflacionario se detenga y que con el transcurso del tiempo pueda generar una reducción progresiva en sus índices.

Ocurre que el poder adquisitivo del trabajador va perdiendo consistencia y, paralelamente a ello, la gente con menor poder adquisitivo
–sumado al tiempo transcurrido– compra menor cantidad de productos de consumo masivo. Entonces, si las compras disminuyen cuantitativamente y encima continúan aumentando los productos de primera necesidad, inferimos que podemos desembocar en desenlaces impensados o trágicos, como puede ser una abstención voluntaria por parte de la gente o también considerar que dicha adversidad puede generar estallidos sociales en los lugares más vulnerables de la población.

Desde el gobierno nacional no pueden simplificar la presencia de la pobreza diciendo que se combate con una mejor educación y trabajo. Lo señalado sería una reducción simplista donde en la cuestión intervienen otras variables que cooperan para erradicar la pobreza, como pueden ser la atención sanitaria, mejor alimentación, bienestar social aceptable, mayor seguridad, etc.

Desde el gobierno se debe pergeñar un plan de combate directo contra la inflación apuntando a la disminución del IVA y propiciando la competencia para desterrar los monopolios empresariales.

Manifestar que la inflación desciende no resulta veraz. Lo cierto y verdadero es que, si continúan aumentando los productos al ritmo irritante y galopante del 2016, los mismos se tornan inalcanzables para el bolsillo del consumidor y en consecuencia existe menor consumo con menores erogaciones para las compras. Resulta imposible que sigan aumentando los alimentos porque han llegado a su precio tope, es el mayor límite que pueden alcanzar –al revés de los salarios, que han perdido su valor adquisitivo–, y nadie puede asegurar que la inflación esté controlada.

Otra cuestión se relaciona con la permanente suba del peso dólar, donde al aumentar éste los combustibles y la tarifa de los servicios públicos replica o repercute directamente en el mercado interno. Estos desequilibrios económicos los deben soportan las personas que disponen de menos recursos económicos, de clases sociales bajas. La competencia no existe, ha desaparecido y algunas empresas compiten por la suba de los aumentos y nunca por los descuentos. El margen de utilidad de los mayoristas no debería exceder el 20% y para los comerciantes minoristas no más del 33,33% de ganancia. O sea, del productor al consumidor final los productos no deberían exceder el 60% de ganancia, y en la actualidad dichos márgenes utilitarios no son respetados por nadie, aumentando de este modo la desigualdad social entre los integrantes de la sociedad argentina. Las que más sufren en este proceso son las personas más humildes, cuya dignidad merece ser considerada al momento de la implementación de las políticas económicas.

Miguel Ángel Knecht

DNI 14.727.625

“Del productor al consumidor final los productos no deberían exceder el 60% de ganancia, y en la actualidad dichos márgenes utilitarios no son respetados por nadie”.
Viedma

Últimas noticias de ésta sección