Los Akrich-Buschiazzo hicieron una vasta tarea pedagógica en la zona

13 ago 2017 - 00:00
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Hemos dejado constancia, en trabajos precedentes, de cómo fue poblado nuestro territorio por “oleadas pedagógicas”, es decir, grupos de maestros de todo el país que se fueron asentando en estas desérticas tierras.

Oscar Jacques Akrich nació en 1925 en Concepción del Uruguay, provincia de Entre Ríos. Era hijo de don Alberto Akrich y de María Teresa Castiglione, quienes tenían una joyería y armería llamada Casa Akrich en Concepción del Uruguay. Fallecido don Alberto, el negocio continuó en manos de su esposa y sus hijos, con el nombre de Joyería París.

Oscar se recibió de maestro en 1953: tenía la ilusión de estudiar Odontología en Buenos Aires, pero la temprana muerte de un hermano frustró sus deseos y debió quedarse en su pueblo natal. Se casó con Clelia Esther Buschiazzo y decidió radicarse en Neuquén. La joyería quedó en manos de su hermano menor, Jorge.

Clelia Buschiazzo es hija de Tomás Buschiazzo y de María Mercedes Brau, directora de escuelas en Gualeguaychú. Estudió para maestra normal nacional en Concepción del Uruguay. Ahí, en 1951 conoció a Oscar, cuando éste atendía la joyería de sus padres. Quiso el destino que le regalara un collar de perlas; estuvieron dos años de novios y se casaron un 21 de noviembre.

Una vez casados, solicitaron venir a dar clases a estas lejanas tierras. Fueron nombrados en la Escuela Nº 50 como personal único de Arroyo Quillén. Al principio, Oscar trabajó en las oficinas de Estancia Lagos Mármol. Posteriormente, en 1954, arribaron a Vista Alegre y se alojaron en la casa de la familia Dalla Villa. Como no conseguían vivienda, los miembros de la cooperadora escolar –Rodolfo Colalongo, Miguel Aiello, Antonio Cervera, Ítalo Virgili, don Mónaco, Enrique Dalla Villa– oficiaron de artífices para la construcción de un departamento en el patio de la Escuela Nº 123, actualmente Nº 166.

Luego de diez años, en 1964, arribaron a Centenario, donde continuaron su labor docente. Clelia fue maestra en la Escuela Parroquial entre 1965 y 1975, después en la Nº 229 del barrio Sarmiento y por último en la Nº 109. Oscar fue director general de enseñanza primaria; había estudiado para inspector de escuelas en el Instituto Bernasconi, lugar en el que cursó con la recordada docente Manuela de Vega.

Tuvieron cinco hijos: Clelia Mabel, Oscar Horacio, Guillermo Fabián, Marcela Teresa y Valeria Mariela, quienes les dieron 13 nietos y 7 bisnietos.

Ya instalados en la ciudad de Centenario, Oscar desarrolló múltiples actividades comerciales: tuvo un supermercado, después puso una zapatería y fue propietario de una chacra. Fue uno de los primeros socios del Club de Caza y Pesca Mari Menuco y uno de los principales aportantes en la construcción de la capilla que hoy funciona ahí.

A Oscar se lo recuerda como un hombre de buen vestir, impecable, siempre de traje y corbata. Como no tenía tintorerías cerca, mandaba sus trajes a Neuquén con los choferes de la línea de colectivos La Neuquina. En la familia lo extrañan mucho. Siempre fue prenda de unión, nunca generaba conflictos, era un hombre serio aunque de un humor ácido.

Oscar y Clelia formaron un matrimonio único, y fueron ejemplo de maestros, se alejaban de sus ciudades natales para arribar a una zona casi desértica, en la que debían ejercer todo tipo de tareas. Son ejemplo a imitar, ayudan a escribir la gran historia neuquina.

Beatriz Carolina Chávez

DNI 6.251.256

Neuquén

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