El trabajo en equipo

02 dic 2016 - 00:00
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    El equipo argentino que ganó la Copa Davis 2016 es el mejor modelo de organización que recuerde la historia deportiva de nuestro país.

    Un trabajo en conjunto que logró una meta perseguida durante 93 años y que rompió, por fin, con un maleficio plagado de desencuentros.

    Aún cuando la selección actual no contó con las mejores cartas de su rica historia –los equipos formados por Vilas-Clerc y Nalbandián-Del Potro fueron superiores en figuras y ranking–, pudo ejecutar un plan de acción que no parece propio de argentinos...

    Aunque duela admitirlo, tanto en el tenis como en el fútbol, y por qué no en la política en general, nos cuesta ponernos de acuerdo dentro y fuera de la cancha. Esperamos con ingenua ilusión la llegada de un salvador que nos rescate de nuestras propias carencias. Somos una reiterada constante de energía divergente.

    Por ello el mensaje que deja esta conquista trasciende el ámbito de lo estrictamente deportivo, pudiendo ser resumido en las siguientes claves:

    • Conducción sobria: el aplomo y la tranquilidad evidenciada en todo momento por Daniel Orsanic fue central a la hora de instalar un microclima interno.

    • El respeto por los roles: aun sabiendo que la figura de Juan Martín Del Potro era indispensable en la estructura del equipo, cada uno de sus integrantes supo respetar su rol y aparecer en el momento en que se lo necesitó.

    • Mensaje claro: la idea de equipo estuvo siempre por sobre las individualidades. Saber aquietar los egos en función del todo fue quizás uno de los mayores aciertos de la gestión.

    • Planificación: enfrentar una Davis en la que Argentina no era candidato y sortear un programa que lo tuvo como visitante en todas las series exigió de una metódica planificación que siguió paso a paso el extraordinario resurgimiento de Del Potro.

    • Diplomacia: convencer al tandilense de participar, luego de su ausencia por lesión en Polonia, fue la misión más ardua que en clave diplomática debieron sortear Orsa y el niño Hood. Irlo llevando de a poco, hasta jugar los tres partidos frente a los croatas, fue determinante para la competitividad del equipo.

    • Alternancia: el recurrir al jugador mejor preparado según el momento, el rival y la superficie de la que se trate, aún frente a las críticas, fue un síntoma de saludable personalidad.

    • Inteligencia: el factor sorpresa al hacer jugar a Delpo frente a Andy Murray en el primer encuentro de Glasgow y definir dicha serie con Leo Mayer, borrando de un plumazo a Federico Delbonis, fue una apuesta desorientadora para propios y extraños.

    • Compromiso: contar con todos los jugadores dispuestos a colocarse la camiseta de la selección y privilegiar la puesta a punto para la final por sobre las agendas personales fue otro puntal de esta conquista.

    • Valores: que el técnico hable del triunfo del deporte argentino, de respeto, de trabajo, en un clima de camaradería, es una postal que debería recorrer más de un escritorio y campo de juego vernáculo.

    • Fe: ¿quién no se desesperanzó cuando vio cómo formaba el equipo italiano, o cuando después de tanto batallar apareció Mayer en lugar de Del Potro a definir la serie frente a Inglaterra? ¿Quién no dio todo por perdido cuando Cilic ganó tan claramente los dos primeros sets frente al tandilense? ¿Quién pensó que Delbonis era capaz de neutralizar el saque de Karlovic y sobrellevar con tanta suficiencia el punto que llevó a Argentina a ganar la preciada ensaladera? En definitiva, ¿quién iba a pensar que Argentina sería capaz de ganar la Davis 2016?

    Ante tantos imposibles Argentina funcionó como una orquesta, con un director sin veleidades, un pianista eximio e intérpretes que supieron estar a la altura de cada partitura.

    Una música que cautivó a miles de argentinos que coparon Croacia con su aliento conmovedor y que lleva a preguntarnos porqué nos ponemos la camiseta y nos unimos tanto en el exterior y nos cuesta tanto hacerlo puertas adentro de nuestra casa.

    El deporte, ese misterioso elixir tan caro a nuestros sentimientos, puede ser un factor inspirador. Ojalá que otras disciplinas deportivas, equipos de trabajo y hasta la misma política sepan tomar nota de las páginas escritas en Zagreb.

    *Abogado, profesor nacional de Educación Física y docente universitario

    Aunque duela admitirlo, tanto en el tenis, como en el fútbol y por qué no en la política en general, nos cuesta ponernos de acuerdo dentro y fuera de la cancha.
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