Los desafíos hasta fin del 2019

25 oct 2017 - 00:00
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Con el amplio triunfo a nivel nacional en las elecciones legislativas del último domingo, Mauricio Macri no sólo se perfila como el primer presidente no peronista que en más de 80 años podrá concluir su mandato (Raúl Alfonsín fue quien estuvo más cerca de hacerlo, aunque debió transferir el mando seis meses antes), sino también aspirar a su reelección a fin del 2019.

Más que futurología, se trata de un dato de la realidad. Para el gobierno, el aval en las urnas a su propuesta de cambios (rebautizada ahora por el propio Macri como “reformismo permanente”) implica tiempo para producir resultados. No por casualidad en la Casa Rosada repiten que las reformas en ciernes (electoral, judicial, fiscal, tributaria, educativa, laboral, etc.) requieren de acuerdos en el Congreso para transformarse en políticas de Estado y que, por sus alcances, no podrán fructificar de un año para otro. Lo mismo vale para la lucha contra la pobreza estructural, la corrupción, las mafias, el narcotráfico y la inseguridad.

Esta agenda no es el único desafío que enfrenta el gobierno de Cambiemos hasta el fin de su mandato. En el ínterin, deberá seguir bajando la inflación, el déficit fiscal primario (sin intereses de la deuda) y los subsidios a la energía a través de ajustes semestrales de tarifas. Como esta política gradualista, junto con el fuerte impulso a la inversión pública en infraestructura (económica y social), se financia mayormente con endeudamiento externo, sobran los dedos de una mano para medir su horizonte en años. De ahí que la apuesta oficial siga siendo sostener el crecimiento del PBI a través de un círculo virtuoso que incluya la reducción del costo argentino para tornar más competitiva la economía, impulse inversiones privadas en sectores productivos y la creación de empleos formales. De lo contrario, la deuda agudizará los “déficits gemelos” (fiscal y externo) y el deterioro del tipo de cambio real.

Por ahora la mayoría de las reformas anunciadas a largo plazo tienen título, pero les falta contenido instrumental. Incluso algunas dependen de otras. Es el caso de la ley de Responsabilidad Fiscal que se negocia con los gobernadores provinciales y a su vez está supeditada a lo que ocurra con el reclamo bonaerense ante la Corte Suprema para que se actualice el Fondo del Conurbano, lo cual afectaría la coparticipación de impuestos. O el proyectado blanqueo laboral para reducir el empleo en negro en las pymes, que tendría corto alcance si simultáneamente no se reducen otros costos no salariales. Entre ellos, las primas de seguros por riesgos de trabajo: hasta ahora sólo dos jurisdicciones (CABA y Córdoba) adhirieron a la nueva ley, que impone el filtro de comisiones médicas obligatorias para reducir la explosiva litigiosidad judicial que encarece el sistema obligatorio de ART. En cambio, nadie en el oficialismo piensa en una reforma laboral a la brasileña, surgida de la peor crisis política y económica en el país vecino, aunque sí en cómo contrarrestar la ventaja que le significa para atraer inversiones externas.

El resultado electoral revitalizará la actividad del Congreso Nacional, especialmente a partir del 10 de diciembre, cuando se produzca la renovación parcial de las dos cámaras. Probablemente se inicie una nueva etapa, con desafíos diferentes. Por un lado, los bloques de Cambiemos pasarán a ser la primera minoría en Diputados (con 107 bancas) y en el Senado (con 24); en ambos casos, mucho más cerca del quórum que en los dos años anteriores. Esto abre más espacio a la negociación política de acuerdos frente a una oposición peronista aún más fragmentada. Por otro, el voto del domingo se orientó hacia candidatos más dialoguistas y menos propensos a la intransigencia kirchnerista.

En este nuevo marco político, el peronismo enfrenta un desafío mayúsculo ya que sigue sin encontrar un liderazgo con chances de ganar las presidenciales del 2019. La derrota de Cristina Kirchner corroboró el problema de representatividad partidaria en el decisivo distrito bonaerense y contribuyó a fortalecer aún más a María Eugenia Vidal con su estilo de gestión para ocuparse de problemas y necesidades puntuales antes que en discursos ideológicos. A la vez, el empecinamiento de CFK en apostar al fracaso de Macri y encabezar una cerrada oposición a su gobierno la convierte en un elemento tóxico que divide a la sociedad y también al propio PJ, cuyos dirigentes más moderados ya habían puesto distancia de su figura porque cosecha más rechazos que adhesiones. Para completar el cuadro, las derrotas de quienes aspiraban a una renovación partidaria más participativa (Urtubey, Schiaretti, Massa, Randazzo) agudizan la crisis del PJ, a diferencia de Cambiemos que se impuso en los distritos con más votantes y hasta cuenta con más de un presidenciable.

Nadie en el oficialismo piensa en una reforma laboral a la brasileña, aunque sí en cómo contrarrestar la ventaja que le significa para atraer inversiones externas.

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