Los enigmas del plan Patagonia

02 mar 2017 - 00:00
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La semana pasada en una columna en este mismo diario hicimos referencia a los antecedentes más importantes en la historia del plan Patagonia que presentó el presidente hace unas semanas en Viedma. Decíamos allí que, lejos de ser éste el primer proyecto de desarrollo patagónico, existieron varios de ellos a lo largo del siglo XX. Sin embargo, muchas veces los diseños tuvieron poca aplicación real en una región que quedó así marcada como una suerte de eterna candidata a ser la revelación nacional. Por eso mismo, afirmamos que eran evidente las preguntas desconfiadas que aquel nuevo proyecto iba a generar entre los distintos actores locales. Quien se quema con falsos desarrollos integrales ve un plan y llora.

Puede decirse (aún a riesgo de ser tildados de pesimistas), luego de varios días de rastrear lo publicado sobre el plan, que resulta imposible dar cuenta de cuáles son, exactamente, los objetivos, las obras planeadas, las metas físicas, los indicadores de resultado y (muy por sobre todo) el presupuesto que se destinará al plan Patagonia. Hasta ahora, se han anunciado una serie de reuniones en donde funcionarios nacionales y ministros y gobernadores patagónicos desarrollarían una visión de desarrollo, que según el presidente hoy no existiría. Apostemos sin embargo a que no sólo se materialice el plan, sino el seguimiento y los recursos. A este fin, tal vez sea un buen momento para dejar sentado un conjunto de interrogantes que deberían responderse en los meses que siguen.

1. ¿Significa el hablar de una “nueva visión” que se abandona la visión desarrollista de la Patagonia que rige desde la década del sesenta?

Llama la atención que se hable de la “falta de visión” del desarrollo patagónico cuando, como se dijo anteriormente, podría decirse que la Patagonia es la región con el desarrollo más teorizado del país. A diferencia de otras zonas del país que preexistieron al estado argentino, la Patagonia fue pensada desde su propio origen como una creación estratégica del Estado nacional. A fines del siglo XIX y desde la presidencia de Julio Argentino Roca en adelante, el Estado desarrolló una estrategia de intervención territorial basada en la defensa de la soberanía nacional. De la década del sesenta en adelante, la concepción de desarrollo viró justamente hacia el desarrollismo industrialista que se hizo fuerte en intentos de resolver el gran problema patagónico que es la conectividad y las distancias y en inversiones en energía (siempre estatales, como YPF o Yacimientos Carboníferos Fiscales) sumados a grandes proyectos hidroeléctricos como El Chocón. ¿El nuevo plan significa que se abandona la utopía patagónica de la energía, los yacimientos, las represas, las grandes rutas y los proyectos de alto impacto? De ser así, ¿con qué nueva utopía se la reemplazará? ¿Estará basada en la iniciativa, y la ganancia, privada?

2. ¿Cuánto presupuesto habrá?

Siguiendo el punto anterior, podría decirse que el problema de la Patagonia no es que haya una ausencia de visión de desarrollo, sino que la que hay es muy cara. Necesita ingentes inversiones en generación de infraestructura, mejoras en la conectividad interna, creación de infraestructura turística, inversiones en proyectos de energía renovables. ¿Cuál será el presupuesto dedicado a cada uno de estos ítems? ¿Serán estos recursos asegurados por ley o quedarán al capricho del gobierno de turno?

3. ¿Cuáles serán los “grandes proyectos” emblemáticos de esta etapa?

¿A qué sector de la producción se le piensa dar mayor énfasis? Como dijimos, el desarrollismo patagónico se centraba en energía, turismo, pesca, producción frutícola. ¿Qué pasará ahora? ¿Se apuntará a sostener Vaca Muerta, aún en años de petróleo barato? ¿Qué pasará con las represas proyectadas Chihuido, Cepernic y Kirchner, que habían sido anunciadas y están ahora en un limbo, sin haber sido iniciadas? ¿Será ésta la oportunidad para avanzar con el mentado cambio de matriz productiva regional? Para el caso del Alto Valle, ¿qué política se destinará al sector frutícola, que está ahora sumido en una crisis profunda? Es importante señalar que un plan de desarrollo, cualquiera sea, tiene siempre ganadores y perdedores. El estudio de las vicisitudes históricas de proyectos como el asfalto de la Ruta Nacional 23 demuestra que el manejo político de las tensiones y demandas entre las regiones y sectores ha sido a menudo la clave en el éxito o fracaso de proyectos de intervención.

4. ¿Cuál será la relación entre las agencias estatales nacionales y provinciales que se encargarán de motorizar el plan Patagonia?

Si bien las declaraciones de corte más político pueden ser leídas en esa clave, no está bien decir que este proyecto es un rayo proveniente del Estado nacional en una noche de oscuridad. En realidad las provincias patagónicas tienen una larga tradición de planificación propia: así, cuentan con sus propios entes de desarrollo provincial y una actividad bastante importante de foros interprovinciales e intermunicipales de planificación. Entonces, la pregunta se cae de maduro: ¿cómo se articulará el plan Patagonia con toda esa red institucional local? ¿Habrá diseños de trabajos conjuntos, foros que permitan ir lubricando la comunicación entre las distintas jurisdicciones? ¿O estaremos de nuevo frente a un caso de duplicación de gastos, solapamiento de funciones y aparición de tensiones entre locales y metropolitanos? Las arcas de las diferentes administraciones estatales (nacional, provinciales y municipales) no parecen tener demasiado margen para no tener en cuenta estos ítems.

Una frase leída al pasar una vez decía que “la diferencia entre desarrollo y subdesarrollo es el mantenimiento”. En este sentido, la existencia de sesenta años ya de planificación para el desarrollo en América Latina con todas sus luces y sombras nos obligan a señalar que el desarrollo no sucede en el plan, sino en el territorio y en las rugosidades de la política que, como el mismo vasto territorio patagónico, requiere baqueanos sobre el terreno para llegar a buen fin.

* Profesores de la UNRN

Llama la atención que se hable de la “falta de visión” del desarrollo patagónico cuando podría decirse que la Patagonia es la región con el desarrollo más teorizado del país.
A diferencia de otras regiones del país que preexistieron al estado argentino, la Patagonia fue pensada desde su propio origen como una creación estratégica del Estado nacional.

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