Marine Le Pen saca partido de la frustración y el miedo

20 abr 2017 - 00:00
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Una mar de banderas en azul, blanco y rojo ondean mientras un grupo de hombres grita: “On est chez nous” (“Estamos en casa”). Esa consigna transmite el enojo hacia lo foráneo, hacia la inmigración y la competencia que llega desde el extranjero, así como la sensación de tutelaje desde Bruselas y Berlín, una frustración que ha conseguido hacer fuerte a Marine Le Pen.

La fuerza que ha tomado la líder del Frente Nacional, el partido de ultraderecha y xenófobo, hace que las presidenciales francesas que se decidirán entre el 23 de abril y una segunda vuelta el 7 de mayo se hayan convertido también en una votación sobre Europa. Por primera vez la victoria de la líder derechista no parece imposible. ¿Qué ha pasado? ¿Cómo ha conseguido encontrar tanto eco? Un viaje por Francia muestra una mezcla de miedos, decepción, políticas enquistadas y problemas económicos.

Le Pen (de 48 años) está sobre un escenario en la ciudad de Lille y sonríe al público. Su discurso en una sala de conciertos de esta ciudad del norte de Francia es como jugar en casa, pues su Frente Nacional cuenta con una amplia base en esta región industrial empobrecida. Para William ella representa la esperanza de una renovación. “Ya no sabemos hacia dónde va todo esto. No tenemos capacidad adquisitiva, no tenemos nada”, dice este señor de 57 años, que luce un pin de “Marine Présidente” en su chaqueta vaquera negra.

Hijo de un socialista, ha recorrido Europa como camionero. Ahora está prejubilado. Se lamenta de la competencia que llega de los países del este: “Con el sueldo de un conductor francés pagan a dos”, relata. “Eso está matando el sector del transporte. Yo he preferido jubilarme con una pensión muy pequeña a seguir luchando y ver cómo otros nos quitan nuestros trabajos”.

Gwendal tiene 19 años y estudia ruso y español en una universidad de París. Apoya desde hace tres años a Le Pen. “Soy joven y veo los índices de desempleo”, dijo Gwendal. Según Eurostat es del 10%, considerablemente menos que en España, pero también más que en Alemania. Desde el 2007 ni el presidente conservador Nicolas Sarkozy ni su sucesor socialista François Hollande han conseguido atajar ese problema, lo que a menudo suele emplearse como un argumento contra ambos partidos, que tradicionalmente se han ido alternando en el poder.

Francia ya no tiene soberanía en materia económica, asegura Gwendal. “Estamos un poco sometidos a la señora [Angela] Merkel [la canciller alemana] y a todos los comisarios de la Unión Europea. Es una catástrofe”, agrega. La clase política necesita una regeneración, sostiene el joven, quien asegura también que hasta la fecha no ha conocido a nadie del FN que sea racista.

En Beaucaire, una localidad del sur de Francia de 16.000 habitantes, la tasa de pobreza se situó en el 2013 en el 28%, casi el doble de la media en el resto del país. En esta población próxima a las turísticas ciudades de Aviñón, Nîmes y Arles casi un 60% del censo votó en el 2015 por Le Pen en las elecciones regionales, pero cabe señalar que sólo uno de cada dos censados acudió a votar.

Hace tres años un joven político del FN se hizo con el ayuntamiento, Julien Sanchez, quien ha aumentado de 13 a 23 el número de concejales y ha bautizado una calle con el nombre de “rue du Brexit”, en referencia a la salida del Reino Unido de la Unión Europea.

En el mercado de Beaucaire, cuando se habla con la gente, puede uno sentir la frustración que experimentan con la política francesa. “Tan sólo tenemos problemas”, asegura Gwen, una treintañera que está embarazada. “En nuestro país, cuando una más trabaja, más paga. Si trabajas menos, más recibes”, resume. Asegura que nunca votó por Le Pen pero ahora todavía no tiene definido su voto para la primera ronda de las presidenciales el 23 de abril.

En la oficina de Julien Sanchez se pueden ver una gran cantidad de carpetas sobre la mesa. “Quiero mostrar que la administración funciona con el FN”, asegura, vestido con un traje elegante.

Sanchez, delgado y de 33 años, elogia haber bajado un poco las tasas municipales e impulsar el ahorro en su gestión. Al FN, que hasta la fecha no ha conseguido llegar a una posición de poder, le importa mucho dejar una buena impresión en los ayuntamientos que está gestionando.

“Yo no tengo ningún problema con los inmigrantes”, asegura Sanchez. “Yo sólo tengo un problema con los inmigrantes que no son sinceros y los que cometen delitos”, agrega.

El tema de la inmigración es uno de los asuntos centrales del FN. Marine Le Pen quiere dar marcha atrás a muchas de las políticas vigentes en esta materia. Aunque la migración ha seguido creciendo en los últimos años, el país no ha vivido una oleada de llegadas multitudinarias de refugiados como sucedió el año pasado en otras naciones de Europa central como Alemania. El tema a menudo se ha enfocado en la fuerte presencia del islam, que desde hace años ha suscitado debates sobre la identidad francesa. La serie de atentados islamistas ha dado aún más relevancia al tema.

En el oeste de Francia la izquierda suele dominar el panorama político, pero en la pequeña localidad de Bellac, de 4.000 almas, está ganando terreno el FN, y lo mismo se observa en otras poblaciones.

En las elecciones regionales, el FN obtuvo en Bellac una cuarta parte de los votos. Nathalie Gal, dueña de una arraigada curtiduría, no sigue esa corriente. Esta mujer de 43 años está en contra de Marine Le Pen. “Lo peor de su programa es la salida del euro y de la UE”, resume. Le Pen promueve volver a la divisa nacional, el franco, y quiere que los franceses voten sobre una salida del país de la Unión Europea.

Gal ha calculado lo que supondría la salida del euro y la introducción del franco de nuevo en Francia. “Para mí los precios de compra subirían un 20%. Perdería a mis clientes”, agrega. “Si la extrema derecha llega al poder yo dejo de trabajar y me voy. No puedo sobrevivir”.

En la pequeña localidad de Fort Luis, en Alsacia, el alcalde Gérard Janus, de 63 años, dio su apoyo a Le Pen para que fuera candidata a pesar de no ser miembro de su partido. Todo candidato presidencial necesita 500 avales de representantes públicos para poder concurrir. “Lo hice por simpatía”, dijo. “Una cosa es seguro, si no tuviésemos el Frente Nacional y a Marine en Francia, creo que tendríamos muchos más problemas”. Son los únicos que pueden establecer algo de orden, sentencia.

*DPA

El tema de la inmigración es uno de los asuntos centrales del FN. Marine Le Pen quiere dar marcha atrás a muchas de las políticas vigentes en esta materia.
El desempleo es del 10%. Desde el 2007 ni el presidente conservador Nicolas Sarkozy ni su sucesor socialista François Hollande han conseguido atajar ese problema.

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