Pigna sobre San Martín: “Lo busqué por fuera del busto y la estatua”

En una investigación que -como el grueso de sus libros- quizá encienda polémica, tras un trabajo de años, Pigna explora el mundo, la vida y el pensamiento de San Martín, desmantelando mucho de la cultura con que desde hace décadas se lo instaló en la historia.

12 ene 2015 - 00:00
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-¿San Martín lo tackleó a usted o usted a él? -Lo primero.

San Martín siempre está en nosotros… Y soy uno de ese “nosotros” pero que tiene pasión por la historia, entonces se facilitó la jugada.

Y entonces nos encontramos.

-¿Cuánto tiempo le demandó escribir el libro? -Cuatro años, estimativamente.

Pero llevaba años acercándome a San Martín… casi podría decir que desde pibe.

Y claro, con el tiempo fui descubriendo lo que de hecho es la razón de mi investigación: el escamoteo que desde la historia oficial, a lo largo de décadas, se había hecho de San Martín: restarle todo lo que tuviera de polémico, restarle sus ideas políticas, su no embanderarse contra Rosas, contra los federales… no embanderarse con los unitarios.

Colocarlo a escala de un no político cuando era un político.

Se lo recluyó al legado de sus máximas, a su rol militar, a ser “Padre de la Patria”, cuando era un amante terminante de la libertad y esa definición le hubiese caído muy mal por las connotaciones que tiene como tributo a dictadores.

-Usted define el siglo XVIII o los finales del mismo de fascinante por el revoltijo de ideas que desencadenó la Revolución Francesa, la Ilustración, y más revoltijo con Napoleón de aquí para allá por Europa.

-También digo que es un tiempo con sus oscuros… -¿Desde dónde impacta ese tiempo en San Martín? -En la construcción -sólida, por cierto- de libertad.

Es un liberal, no un conservador.

No se disfraza -como ha sucedido mucho a lo largo de nuestra historia- de liberal según la situación, cuando en esencia se es conservador y a veces de lo peor en términos de extremos ideológicos.

Pero que sea liberal no es contradictorio con que tenga una idea muy trabajada de orden… -Bueno, era militar desde los once años, cuando ingresó como cadete en el Regimiento de Murcia… -Al día siguiente que el pueblo de París tomó La Bastilla… Pero la idea de orden, si bien abreva en su condición de militar, se alimenta también de la convicción de que la construcción de un país requiere de… de… -¿De la carpintería que García Márquez dice que es necesaria para la literatura: maderas, tornillos, clavos, etc., trabajando en conjunto? -Sí.

No se consumó en orden por el orden.

En San Martín se trata de orden en función de consolidar lo que comenzó en Mayo de 1810.

Es un orden vinculado a idea de progreso… -¿Su desvelo para que se declarara la Independencia encuadra en esa cultura del orden?, porque de hecho parece hacer de ese tema, siguiendo su libro, una obsesión.

-Expresa absolutamente esa idea, sí.

Él interviene directamente en la elección de los diputados de Cuyo que irán a Tucumán.

Declarar la Independencia no es para él un hecho formal: es una definición de identidad ante el mundo… -Desde lo metodológico, su libro tiene, en las cartas personales entre unos y otros que publica, un espacio sorprendente de definiciones de convicciones, pensamientos… -¿Sabe lo que se descubre muy nítidamente, entre otras cuestiones, claro, siguiendo las cartas de San Martín? -No.

-La inmensa empatía que definía la personalidad de San Martín.

Siempre preocupado por el otro, por su situación… Mucho estilo en todo eso.

Una empatía que estaba en la cotidianidad de su vida, en el contacto con sus soldados, con la gente… -¿En términos militares estaba distante de ser un “tropero”? -Por supuesto.

Y no era un demagogo.

Trato franco, directo.

Era un soldado profesional.

Forjado en el combate y el estudio del arte de la guerra.

Estrategia y táctica muy depuradas… Reflexivo.

Minucioso.

Está en todo… -Volvamos a las cartas que escribe y recibe.

Vía el libro, de hecho, colocan en escena a hombres muy olvidados en la historia argentina.

Un caso: Tomás Guido; otros: Tomás Godoy Cruz, el general e inglés Guillermo Miller.

¿Cómo definir en una reflexión todo el inmenso significado de esos contenidos? -Me parece que la palabra inmenso dice mucho.

Hacen a un inmenso capital intelectual, espiritual, creativo… incluso mucho espíritu siempre en relación a la libertad, a las incertidumbres que la acechaban.

Porque hay que poner esas cartas, que llegan hasta el final de la vida de San Martín, en época.

Todos esos hombres viven un tiempo formativo del país, de América Latina.

-¿Qué le dejó en lo personal y lo profesional el rastrillaje de ese universo de cartas? -Bueno, creo que algo de eso digo en el prólogo.

Volqué en el libro cartas, citas, reflexiones de San Martín a modo de entregar a los lectores, a quienes les gusta la historia o quizá llegan a este libro sin interés por la historia o sólo interés por San Martín, entregar lo que él pensaba.

Vengo de una generación, como les sucedió a muchas generaciones a través de décadas, en que -y lo digo en el prólogo- sólo se nos permitió encontrarnos con San Martín en el honrarlo, en cantar la “Marcha de San Lorenzo”, venerarlo… Fuimos educados para quererlo, identificarnos con él desde lo ceremonial, por decirlo de alguna forma.

No en otros términos… Yo busqué a San Martín por fuera del busto y la estatua… Nos educaron en la idea de que en la patria jamás tuvo enemigos.

Pero vaya si los tuvo.

Por su integridad, por decir lo que pensaba… -¿Alvear? -Y Rivadavia, los más feroces.

Pero hubo muchos más…