Violencia simbólica

13 ene 2017 - 00:00
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Aún cuando las investigaciones coinciden en que las mujeres en cargos públicos son más honestas que los varones, la sociedad machista les exige condiciones que no les piden a los varones, y las persigue con un alto grado de violencia simbólica.

Cabría ver si la ciudadanía de Brasil va a ser tan dura con el presidente Temer, repleto de denuncias de corrupción, cuando por mucho menos destituyó a Dilma Rousseff.

Cristina Fernández de Kirchner culminó su mandato con muchísima popularidad, luego de múltiples logros reconocidos a nivel internacional. Sin embargo no cesa la persecución con denuncias que se vuelven contra Macri . Basta nombrar la causa “dólar futuro”, donde los que se beneficiaron con esa medida fueron funcionarios del actual gobierno como Mario Quintana.

Milagros Salas –que además es quechua y pobre– fue encarcelada hace un año por reclamar. Todo un aparato mediático salió a convencer a la ciudadanía de que estaba bien apresarla violando la Constitución, como en la dictadura militar.

Hoy la mismísima ONU pide su liberación inmediata por su detención arbitraria. El seleccionado inglés de rugby –difícil acusarlo de chavista, o con infiltrados de La Cámpora– se negó a jugar en Jujuy por haber presos políticos.

En un plano más local, Maru Martini recibió el Municipio de Bariloche en llamas, entregándolo con los sueldos al día, con múltiples obras en marcha y sin haber tenido una sola denuncia.

Lo primero que hace el actual intendente es acusarla mediáticamente de desvío de fondos específicos. La denuncia no tiene asidero ya que es lícito el manejo de fondos unificados.

Salvo que el Concejo Municipal cambie la normativa, tanto Martini como sus antecesores varones –y como es posible que lo haga Gennuso– reponen año a año los fondos pidiendo una prórroga si no llegan a hacerlo antes del cierre del ejercicio.

El Tribunal de Contralor –con mayoría oficialista– hace unos días desestimó la denuncia.

Parecería que el único argumento que tiene el actual intendente para tapar las limitaciones de su gestión es atacar a su antecesora y a quien cuestione su gobierno.

El ejemplo más reciente es el de Julieta Wallace, del Tribunal de Contralor, acusada por el intendente de violar la ley de Ética Pública por acompañar una protesta de los recicladores.

La falacia de la denuncia de Gennuso es que dicha ley prohíbe a los funcionarios representar a empresas con intereses contrarios al Municipio. La Asociación de Recicladores de Bariloche no tiene intereses contrarios al gobierno municipal, ni es una empresa. Es una organización social de reconocida trayectoria, formada por mujeres humildes que buscan su sustento a partir del reciclado de basura, las cuales estaban muy molestas con acciones del mandato actual.

Interpretar que por los hechos sucedidos un miembro del Contralor Municipal, que además es una abogada que asesora gratuitamente a la ARB –y que se excusó como corresponde–, está violando la ley de Ética Pública no resiste un análisis serio, y sería estúpido activar un proceso de revocatoria de mandato –ya que fue elegida por la ciudadanía– teniendo que ir a las urnas para destituirla o no, por haber acompañado a las recicladoras.

Analizando los casos, tienen en común ser ataques con alto grado de exposición mediática, que carecen de sustento jurídico –rozando el ridículo– y con poca vida en el plano judicial; pero quienes sufren las consecuencias “casualmente” son todas mujeres con destacadas actuaciones en el ámbito público y a las que se busca matar políticamente con la difamación.

Si bien no se pueden comparar con el daño físico y psicológico que sufren las mujeres víctimas de violencia en nuestro país, sí se encuadran estas situaciones dentro del concepto de “violencia simbólica” desarrollado por el sociólogo Pierre Bourdieu.

Al observar los logros que dejó Cristina, la obra de Milagro Sala, los proyectos concretados en la gestión de Maru Martini y su equipo y la militancia en defensa de los sectores populares de Julieta Wallace no queda más que reivindicar a estas valientes mujeres que se animan a ocupar los espacios públicos, desafiando a la sociedad machista e intolerante; a la vez de expresar un repudio a sus victimarios, quienes acusan y descalifican, tal vez intentando justificar su propia impotencia.

*Legislador por el FpV de Río Negro

No queda más que reivindicar a estas mujeres que se animan a ocupar los espacios públicos, desafiando a la sociedad machista e intolerante.

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