¡Y llegó el tren!

El retorno del tren interurbano al Alto Valle de Río Negro y Neuquén es, tal vez, uno de los hechos más alentadores de los últimos diez años.

20 jul 2015 - 00:00
Comparte esta noticia

El arribo de las formaciones, que tanto entusiasmo han despertado en el público, unido a su pronta experimentación con pasajeros, se constituye en una auténtica reivindicación social. La pérdida de los FF. CC. es un duelo no cerrado en la Argentina.

La intención de "volver al tren" que integre el valle superior del río Negro, por el añoso camino de hierro, registra orígenes casi inmediatos a su última clausura hace unos veinte años. Vale la pena recordar, como ejercicio de la memoria, los intentos concretados en ese lapso y, especialmente, el producido en la primera década del siglo XXI.

En la primavera del 2006 un grupo de vecinos de Cipolletti y otras ciudades valletanas incluida Neuquén conformaron, en la biblioteca Bernardino Rivadavia, la Comisión Pro Tren del Valle. Esa decisión puede citarse como la génesis de una consistente iniciativa ciudadana para demandar por el servicio ferroviario que ahora comienza a rodar entre dos conglomerados urbanos separados por el río Neuquén.

El recorrido del Tren del Valle (TDV) será modesto en su comienzo y dependerá no sólo del fervor nostálgico para su permanencia. Habrá que integrarlo como parte de la cultura del transporte combinado de pasajeros. Incluirlo en el creciente tránsito automotor y agregarlo como un nuevo componente de la tolerancia cívica.

La Comisión Pro Tren del Valle fue coordinada por un vecino de Cipolletti, el ingeniero Edmundo A. Griffoi. El 3 de septiembre del 2009 este profesional, apasionado con el emprendimiento ciudadano, escribió una carta de lectores a este diario donde fundamentaba la implementación del TDV. Se refería a la crisis de la Ruta 22 y señalaba que entre los análisis no se había ponderado debidamente el uso del sistema ferroviario para pasajeros.

En la comunicación epistolar a "Río Negro", Griffoi destacaba las posibilidades que brinda la infraestructura, el potencial de pasajeros y, como mérito agregado del servicio, la disminución del tráfico vehicular y la contaminación. El razonamiento estaba referido a una conectividad en toda la extensión del Alto Valle.

"El ferrocarril fue adoptado por innumerables ciudades del mundo como el medio idóneo para trasladar a personas masivamente en forma segura, rápida y cómoda. Todo parecería indicar que nosotros deberíamos contar con un Tren del Valle", decía Griffoi.

También, en esa misma comunicación pública invitaba, en nombre del grupo inicial, a reunirse para discutir las alternativas del proyecto y "elevar un documento a las autoridades como punto de partida para lograr su concreción". Luego daba a conocer un correo-e para los interesados en sumarse.

La comisión central para el retorno del tren se integró con vecinos de distintos asentamientos de la llamada ciudad lineal.

Se constituyeron subcomisiones por ciudad que divulgaron la iniciativa y publicaron la actividad que se tradujo en cartelería, reuniones, audiencias, viajes y envío del pedido de recuperación del servicio ferroviario con ratificación de miles de firmas.

En distintos puntos de las ciudades no sólo se recogían firmas; se agregaba a esa acción, intercambios verbales sobre las bondades del tren y la eventual salida del aislamiento que tienen cientos de personas sin posibilidades de asumir costos de viaje automotor. El FF. CC. siempre fue inclusivo.

En los encuentros, desarrollados en espacios físicos de las estaciones, se relataban historias de trenes y viajes. Emociones y circunstancias memorables que se transmitieron como parte de un legado sobre un sistema amado por miles de viajeros.

Un acto gubernamental de depredación del patrimonio nacional desarticuló el contacto del medio con la gente.

Todos hablaron en esas numerosas y voluntarias asambleas cívicas de la íntima relación del FF. CC. con sus vidas y el desarrollo de la Nación.

Los más jóvenes, sin registro de viajes por rieles, ni relación con andenes, sonidos de silbatos y campanas de partida, aromas, butacas, camarotes, coche comedores y convivencias casuales, se enteraban con asombro; admitían no tener la menor idea del tema. ¡Todo en un país que llegó a contar con 45.000 kilómetros de vías férreas!

Los gremios del ramo alentaron y ofrecieron testimonios de vocación y pertenencia y recuperación del FF. CC. Además de un genuino interés de ayudar con el propósito. Otros muchos, desde la anonimia, colaboraron sin pedir nada a cambio; daban apoyo y solidaridad.

Así como la mayoría de los concejos deliberantes avalaron la iniciativa, en las legislaturas de Río Negro y Neuquén se crearon comisiones y en el mismo Congreso de la Nación se impulsaron estudios y proyectos.

El ingeniero Griffoi señala que se incluyó el "Tren del Dique" y el de "Enlace Rápido". Con esas diligencias -recuerda- se logró que Río Negro promulgara la ley provincial que se necesitaba para que el Estado nacional pudiera incluir el proyecto valletano en los planes de inversión ferroviaria.

En el 2014 se presentó ante la Subsecretaría de Transporte Ferroviario de la Nación el anhelo inicial entre Cipolletti y Neuquén que finalmente fue aprobado y ahora está a punto de iniciar su primer viaje con pasajeros.

Lo relatado no pretende ser más que una memoria, no tiene carácter diacrónico, de lo hecho por hombres y mujeres que, con fortaleza cívica, decidieron peticionar desde aquella reunión, en el 2006, la vuelta del transporte férreo.

El ciclo civil concluyó cuando las autoridades políticas constituidas tomaron a su cargo la demanda cívica, el proyecto. Fueron años de espera y esfuerzos, esperanza, viajes y reuniones en distintas etapas gubernamentales.

El resultado está a la vista. La Comisión Pro Tren siente algo así como "el deber cumplido" Lo que parecía una utopía se ha concretado. Ahora queda reconocer que el enlace rápido Cipolletti-Neuquén es el comienzo. Ampliar el recorrido Senillosa-Chichinales y el dique no será una tarea simple ni olvidable.

La energía de los ciudadanos para sustentar la iniciativa del 2006 será el punto clave. Igual el cuidado del uso del servicio; la moderación ante cierta inquietud de los conductores de automóviles con el paso de las formaciones.

Una sana práctica de convivencia que vale la pena desarrollar para bien de todos.

(*) Periodista. Profesor en Comunicación Social