18 oct 2016 - 00:00
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PALIMPSESTOS
Exilios II
Néstor Tkaczek
ntkaczek@hotmail.com
@ntkaczek
El exilio ha sido una constante a lo largo del régimen soviético. Entre los/as poeta que lo padecieron figuran Marina Tsvetáieva, quien decidió volver a Rusia sabiendo que a los ojos de Stalin era mujer, intelectual y había vivido en el extranjero, todo esto la tornaba sumamente peligrosa; pero su nostalgia de Rusia pudo más. La voz poética actualiza la tensión entre el amor a la tierra natal y el peligro de la disolución de la propia vida: “Lo natal, lo pasado,/ rasgos todos y marcas:/ toda fecha borrada-/ donde ha nacido el alma./ Mi tierra me ha perdido... ”Se suicidó en una remota región tártara donde fue deportada por el régimen soviético en 1941.
También el premio Nobel Joseph Brodsky soportó la cárcel y pudo exiliarse en Estados Unidos; al cumplir cuarenta años repasa algunos aspectos de su vida y mantiene vivo en su recuerdo el paisaje ruso: “(He) Abandonado el país que me nutrió / [...] He admitido en mis sueños la pupila azul del carcelero,/ mordisqueado el pan del exilio sin dejar una miga ”.
¿Qué es volver para un exiliado? ¿Realmente se vuelve? ¿Volvió verdaderamente Ulises a su Ítaca? Para la poeta rusa Ana Ajmatova, también deportada por Stalin a Siberia, pero que logró sobrevivir y volver a su ciudad, este regreso es imposible e ilustra las marcas que el exilio deja, marcas que no se borran por el resto de la vida: “ Unos van por un sendero recto,/ Otros caminan en círculo,/ Añoran el regreso a la casa paterna/ Y esperan a la amiga de otros tiempos./ Mi camino, en cambio, no es ni recto, ni curvo,/ Llevo conmigo el infortunio,/ Voy hacia nunca, hacia ninguna parte,/ Como un tren sobre el abismo. ”
El polaco Czeslaw Milosz, exiliado en Estados Unidos, recuerda en un poema su ciudad natal que vive en la memoria y que la escritura recupera, “ Nunca de ti, ciudad, he podido irme./ Clavando los ojos en las pardas colinas detrás de las torres de Santiago/ Donde se mueven un pequeño caballo y un hombre peque ñ o/ detrás del arado,/ Ciertísimamente desde hace mucho ya muertos ”.
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