El hiperrealismo fotográfico

La realidad vista desde otro ángulo puede hacer que lo normal adquiera connotaciones fantásticas

21 may 2012 - 00:00
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En uno de esos típicos, modernos y siempre puntuales trenes japoneses la artista y fotógrafa Natsumi Hayashi permanece relajada en su asiento mirando hacia la ventana con una sonrisa tenue en los labios. Un momento, no, corrección, está sentada pero en el aire. Sí, en el aire. Está, ¡oh, Dios mío!, ¿levitando?

Hayashi comenzó a llamar la atención de la comunidad artística hace un par de años con su sorprendente trabajo fotográfico a lo largo del cual se la observa en posiciones volátiles y ligeras como una versión nipona de Peter Pan.

Hayashi integra una nueva generación de fotógrafos que se encuentran jugando con los límites de la percepción y del cuerpo físico, sin utilizar trucos digitales. En otras palabras: lo que ves es lo que hay.

“Debo ser consciente de las formas de los brazos y las piernas y hacer pequeños ajustes en cada salto. La mayoría de las veces no me doy por vencida y sigo saltando hasta que quedo satisfecha con mi foto”, le explicó Hayashi a “The New York Times”, confesando así uno de los secretos de su depurada técnica. La artista hace, además, terapia de relajación para controlar de mejor forma su cuerpo.

Marat Dupri tiene 19 años y fue a los 18 que compró una Canon con el propósito de iniciarse en el riesgoso arte de tomar fotografías de altura. El vértigo y Dupri forman un círculo de fuego. Aunque el chico tiene una visión distinta de su trabajo. Para él tomar fotografías a más de 200 metros de altura es antes que nada la manera de obtener una visión única e inaugural. “He tomado bastantes fotos a escondidas colándome ilegalmente, pero creo que el riesgo merece la pena para hacer estas increíbles fotos”, ha dicho.

Dupri se tomó una fotografía sentado junto a la imponente cabeza de Pedro I de Rusia, una estatua que se levanta a 215 metros de altura. De sólo verlo se le seca a uno la boca. Todas sus fotos son una suerte de metáfora de un suicidio incompleto. Una locura apenas redimida por la calidad de su peligroso arte.

Al igual que Hayashi, el fotógrafo Bill Durgin obtiene impactantes imágenes a partir de recursos mínimos. Utiliza cuerpos desnudos e inclinados para conseguir una perspectiva que supera la propia humanidad del modelo. El resultado es una fracción de humanidad que, a través del lente, revela otras posibilidades estéticas del cuerpo físico.

Por su lado, Mark Tipple desarrolla su proyecto fotográfico en el extremo opuesto de Dupri. En su “The Underwater Project” ha captado espectaculares escenas de personas nadando bajo el agua en muchas ocasiones con la proyección de enormes olas cayendo como edificio colosal sobre los hombros de sus modelos. Durante más de diez años Tipple –a quién se le ocurrió la idea cuando tomaba instantáneas de tiburones en el Caribe– perfeccionó su técnica hasta llegar a este punto de absoluto hiperrrealismo acuático.

El colectivo artístico NAM también juega con la idea de la ausencia de gravedad pero aplicada a objetos, personas y animales. En sus trabajos aparecen objetos cotidianos –tazas de café, mesas, sillas– en posiciones fuera de toda lógica, tal vez atravesados por un imaginario rayo que les otorgó levedad. Pero no existe intención por parte de estos artistas de engañar al ojo sino más bien de subrayar una mirada diferente acerca de lo que hemos establecido como real. En una de las composiciones hay una chica literalmente volando sobre una mesa junto a una aspiradora, mientras un niño y un perro juegan al lado de una escalera y una silla que dan la sensación de estar eternamente desprendidas del suelo.

Entre el 2009 y el 2011 el laureado fotógrafo Josef Hoflehner tomó imágenes en Maho Beach (en el lado holandés de la isla caribeña de San Martín) una zona por la que pasan muy cerca los aviones que despegan y aterrizan en el aeropuerto internacional de Princess Juliana. Las fotografías son tan impactantes que semejan una fotocomposición, una pegatina de lo impropio en blanco y negro. Otro ejemplo más de cómo un hecho frecuente puede ser traducido en una obra artística y testimonial por un ojo experto.

Una de las cosas más significativas que Natsumi Hayashi le contó a “The New York Times” fue acerca de la respuesta de las personas que descubren su trabajo: “La gente a menudo me pregunta ‘¿No te caes?’. Pero nunca me han preguntado ‘¿Por qué haces esto?’”.

Es probable que haya una clave en la omisión de lo obvio. El impacto de las fotografías de estos artistas deja sin efecto algunas preguntas. La fuerza de la imagen hace a un lado los motivos de su creador.