Entrevista a Oscar Fariña: “Somos todos creadores colectivos”

Este joven escritor paraguayo, radicado en Buenos Aires desde chico, es el autor de El Guacho Martín Fierro (Editorial Factotum). Su libro es una reescritura del texto de Hernández en clave cumbia. Fue seleccionado como uno de los 10 mejores libros del año pasado.

10 abr 2012 - 00:00
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Nos encontramos con Oscar Fariña en el bar frente a la facultad de Medicina, en Buenos Aires. Oscar Fariña es el autor de El Guacho Martín Fierro (Editorial Factotum), y fue elegido como uno de los 10 mejores libros publicados durante el año 2011 en Argentina. El libro es una reescritura del gran clásico de José Hernández, pero en clave cumbia, donde el marginal ya no es un guacho sino un pibe chorro, y los caballos son bicicletas, como se ve en las ilustraciones del libro que él mismo dibujó.

En el libro todos los dioses son figuras populares, paganas (D10S, Gilda, la cultura futbolera) ya que el autor ve en la cultura popular, en el lenguaje de estos grupos, algo así como un dinamizador social, un lenguaje en constante evolución. “Veo que esos grupos son super creativos, y no están tan limitados por una educación formal. Todas las palabras, el lunfardo, como renueva nuestro modo coloquial de hablar, y viene de esos grupos. Evidentemente es un grupo de constante producción linguistica”.

Oscar tiene 32 años, estudió Comunicación y Letras, y de muy chico vino de Paraguay a vivir en Buenos Aires con su madre. Si bien descree de la función política de su libro, entiende que puede poner en escena las injusticias del sistema carcelario nacional así como también volver a interesarnos en leer el texto original de José Hernández, que ha sido en algún punto institucionalizado y poco se lee.

Citaremos unos fragmentos para que el lector se de una idea de cómo está escrito. “Acá me pongo a cantar / al compás de la villera / que el guacho que lo desvela / una pena extraordinaria / cual camuca solitaria / con la kumbia se consuela”. O más adelante: “Esos putos del Servicio / no reforman una mierda / aquello era ratonera / en que sólo gana el fuerte / era jugarse la suerte / con una mano fulera”.

¿Cómo se interesó en reescribir el libro El Martín Fierro?

El Martín Fierro un libro que me gusta mucho. Sobre todo la primera parte, con la que trabajé. Antes había escrito un poemario titulado “Pintó el arrebato”, donde trabajé un registro marginal, tumbero y cumbianchero. Muchas de las devoluciones que me dieron, me decían que había una cercanía con esa zona de la literatura gauchesca. Eso no había estado en mis intenciones, pero me gustó mucho esa relación. Había leído poetas como Ascasubi, Bartolomé Hidalgo y me gustan mucho. Siempre la literatura que trabaja el registro oral, los registros coloquiales de una época me suele interesar.

En “El Guacho Martín Fierro” hay como una actualización de las problemáticas del texto de Hernández pero con otro sentido

Si, claro. Porque, por otro lado, también tiene que ver con que a mi me gusta mucho la cultura Zombi, los personajes, la iconografía Zombi. Y hace dos o tres años, había salido un libro que se llamaba Orgullo y Prejuicio y Zombis, de un tal Seth Grahame - Smith. Él había reescrito, sobre el libro de Jane Austen, una historia con Zombis. Lo leí y me encantó. Entonces me puse a pensar sobre qué podría trabajar desde acá. Pensé en Don Segunda Sombra de Guiraldes, que inmediatamente se me transformó en Don Segundo Zombi. Traté de trabajar por ese lado, una reescritura de un texto clásico, con esta variante moderna. Pero la verdad no lo supe resolver. Entonces, después, con esta idea en la cabeza, en algún momento se me mezcló con el Martín Fierro y esta cosa de la cumbia, de hacer un cover, actualizarlo, y bueno derivó más o menos en esto.

Esta obra sería una reescritura o una traducción. ¿Lo considera un texto suyo?

Una de las cosas que me interesan es que la figura del autor se vuelve difusa en este libro. Es algo que no tengo ganas tampoco de aclarar: sí lo siento un libro mío, pero también por supuesto que no es un libro mío porque trabaja sobre la imaginación de otra persona. Pero,... me gusta que no quede muy claro eso. A veces románticamente la figura del autor hace 150 años se viene así ensalzando como el genio creador, y creo que ya estamos en otra época. Ahora vivimos bajo el aura de internet. Somos todos creadores colectivos y eso me gusta. Me gusta que se abandone cierta idea falsa de la creación posible desde de una individualidad. Incluso cuando el día de mañana escriba otras cosas...

Y sobre la temática del Martín Fierro, que aparecen temas como lo carcelario, el abuso de la autoridad, la droga, la marginalidad. ¿Cómo hiciste con esos temas en tu libro, que algunos se encuentran en el original y otros no?

Y bueno, si no sé si está la droga, pero el alcohol está. Se sabe que el gaucho, o esa figura del gaucho que tenían en aquel entonces, se hablaba del “Mal entretenido”. Que era jugador, que escabiaba (escabiaba mierdas, pero lo volvían medio psicótico) y se cagaban a cuchillazos. Siempre está esa zona de grupos un poquito más alejado de un Estado tutelar, que los impulsos están un poco más liberados a una cosa básica, parece ser esencial en el hombre, una pulsión autodestructiva. Pero yo trataba de trabajar mucho cuáles podrían ser las cosas que todavía podían existir ahora. La cárcel, en ese momento era la leba. O mandarte a la frontera a cagarte de hambre, tratando de atajar a los indios. Y bueno, hoy vas, te meten en cana y terminas laburando para el servicio penitenciario.

Es interesante la idea, que nombrás en la contratapa, sobre qué es un clásico para Borges

Si. Es un texto institucionalizado. Un texto que todos conocen pero que nadie lee. Estoy seguro que Mirta Legrand, cuando le dan el Martín Fierro de Oro no sabe que le están dando la representación de un asesino. Un borracho fuera de la ley, asesino, que mata un negro de racista que es. Si le espetas eso en la cara probablemente la sorprendas. Porque son lecturas coaguladas, cerradas, no productivas. Apropiadas absolutamente por instituciones de poder. Y bueno, contra esa apropiación, yo quiero traerlo más para ese lado. “El Martín Fierro en realidad es un cabeza de trapo. Listo”. La misma gente que te va a hablar del Martín Fierro y los valores...

La amistad, la familia...

Si... y aparte está asociado a esa idea de origen de la Argentina. Todos esos son los que odian a los pibes chorros y los aniquilarían de ser posible. Hay una mirada super fascista contra ese grupo. Y bueno, a mi me gustaría poder volver a reflexionar un poquito. Flaco: las cosas no son tan así.

Claro, la parte del boliviano que lo termina matando. O en la cárcel, le dice tal cosa y lo caga a cuchillazos

Y claro, viste el Martín Fierro te lo dan en el secundario, y todas estas cosas pasan desapercibidas. No le dan bola. Después de leer, incluso en la facultad, ves las tensiones que lo atraviesan. Y ahora, en nuestra cultura, el negro no es una figura muy presente. No notamos tanto el racismo del Martín Fierro. Pero nada, yo lo cambié y la xenofobia me parece que se ve un poco más.

Pero el libro puede tener un objetivo lateral, de una función política de denuncia...

Mirá, mi primera intención no es esa. Evidentemente tiene esas lecturas, y yo aliento a todas las lecturas. Si alguien la quiere leer en clave matemática (por decirte una boludez) me parece buenisimo. Mi trabajo, lo que yo puedo hacer, es un trabajo material con el texto, y desde ese punto de vista, siempre pensé que lo que estaba haciendo era poesía. Como el Martín Fierro, que es un poema épico. Después que haya tenido el recorrido que tuvo es otra cosa. Pero yo siempre trabajo con poesía, no hago periodismo de denuncia, no hago literatura testimonial. Por supuesto que se ajusta a problemas políticos bastante actuales. Pero yo puedo trabajar desde el punto textual.

Pero puede haber eso del pasado, de dónde venimos, y la violencia, cuando el Martín Fierro, 1840, y era similar...

Es que no cambiamos nada. En la medida en que no haya cambios estructurales fuertes, no va a cambiar. Cambiarán las figuritas, el tipo de droga, algún que otro nombre pero se va a seguir manteniendo. Mientras haya pocos que decidan qué es lo correcto y a quién se encierra y a quién no. Y los estratos medios hagan uso de los oprimidos, que se aprovechan absolutamente de gente que está en peor situación que ellos. Es dificil. Igual yo tampoco tengo formación política, no es de lo que trabajo, puedo militar pero desde el sentido, desde la literatura. Es mi herramienta, lo que puedo hacer. Ahí esta el libro.

Guillermo Flores

guillef33@gmail.com