La despedida de un Luthier

Carlos Núñez Cortés, uno de los fundadores del extraordinario grupo musical humorístico, vive sus últimos shows. En una emotiva charla con “Río Negro”, cuenta los motivos de su decisión.

12 ago 2017 - 00:00
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Carlos Núñez Cortés (Buenos Aires, 1942), dejará Les Luthiers en septiembre. Afortunadamente estará con sus compañeros Marcos Mundstock, Carlos López Puccio, Jorge Maronna, Horacio Turano y Martín O’Connor durante sus presentaciones en el Ruca Che de Neuquén, la primera de ellas ocurrida anoche y la segunda hoy. La última función que Carlitos protagonizará será el 4 de septiembre en Buenos Aires, día en que Les Luthiers celebrará 50 años. “Es una fecha hermosa, preludio de una gira por España y como colofón, hacia fin de octubre, nos entregan el premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades”, dice.

Son las cuatro de una tarde soleada y Núñez Cortés se reencuentra con “Río Negro”, anticipo de la presentación en Neuquén. Pianista, compositor, humorista y licenciado en Química, profesión a la que se dedicó hasta antes de comenzar las actuaciones con Les Lutheirs en 1967, es de los fundadores del grupo argentino y el único que participó del diseño y construcción de sus instrumentos informales. En el teléfono del hotel mendocino donde se hospedan durante el primer fin de semana de agosto para hacer el Arena Maipú, suena en espera “Sous le ciel de Paris” en la voz de Patricia Belieres.

“Nosotros tuvimos ‘Les nuits de París’, hace muchos años, en 1973, también en 1977 en ‘Viejos fracasos’ y ‘Humor dulce hogar’ de 1986, una canción que cantaba, pobrecito, el finado Daniel (Rabinovich, 1943-2015)... Era una especie de parodia homenaje a Maurice Chevallier...”. recuerda

P- Él cantó “Sous le ciel...” con la Orquesta Caravelli en un disco de vinilo del 66... Es rara la sensación de estar hablando con un Luthiers en Mendoza y escuchar esa canción. (Reímos. Pausa de segundos). ¿Cómo estás Carlos, cómo vivís estos días?

R- Mirá, complicado, difícil. La decisión de irme de Les Luthiers la tomé hace un tiempo ante la diferencia de objetivos con mis compañeros. Ellos querían seguir trabajando con la intensidad que venimos trayendo... Con los premios y los reconocimientos, la repercusión del Princesa de Asturias y demás, nos están lloviendo contratos de aquí y de allá, por todos lados. Yo voy a cumplir setenta y cinco, y medio estoy empezando a sentir que el cuerpo no me acompaña con la misma frescura que en todos estos años.

Yo adoro Les Luthiers, adoro lo que hago, amo profundamente mi trabajo y estoy muy reconocido, muy agradecido por haber sido parte de una experiencia maravillosa durante cincuenta años, pero últimamente vengo sintiendo que se me hace difícil seguir el ritmo que le ha impuesto el grupo a su carrera. Así que he decidido alejarme ante el fracaso de mi propuesta (sonríe Núñez), porque les dije que podría seguir trabajando pero, por tirar una cifra, a razón de un par de funciones por mes, cosa así. Podría hacer continuado, qué sé yo, hasta lo que me dé el cuerpo. Pero, no es el caso, así que seguí un poquito aquella máxima de nuestro escritor mayor, don Jorge Luis (Borges), cuando decía que los hombres hacen planes como si fueran inmortales... Somos mortales y todo se acaba.

Un caracolito que se va

P- Empleaste una palabra ubicua en la historia de Les Luthiers. Sabrás cómo circulan por Internet los videos de distintas épocas de ustedes... Que no se ven una sola vez y sin embargo, conociéndolos, siguen causando risas. Una especie de humor eterno, una particularidad más de esta creación original y única que los trascenderá sin duda, te transcenderá.

R- Lo creo así, sí. Yo acabo de publicar un libro que se llama “Memorias de un Luthier” (Planeta), que se va a presentar al público el miércoles 16 de agosto. Allí me planteo un poco todas estas cuestiones... Mi entrega a Les Luthiers a lo largo de cincuenta años y el placer con que he recorrido esta carrera... Y lo que nosotros hemos legado con las actuaciones en teatro, con los discos, los videos, e inclusive con una pequeña zarpadita que tuvimos hace unos años cuando empezamos a editar libros de partituras para aquellos que quieran repetir nuestras páginas musicales.

Vos sabés que en “Memorias...” yo me despido en el epílogo haciendo una suerte de metáfora con la historia de un caracolito que se va de paseo. Me gustan mucho los caracoles marinos, los colecciono, y un día leí en un periódico que en el Museo de Historia Natural de Londres había desaparecido de una vitrina, un caracol raro recolectado hacía cuatro o cinco años (en 1846, de los desiertos de Egipto y Siria) y estaba expuesto en una cajita con su nombre, Eremina desertorum. El curador de la colección llamó a los ordenanzas, tiró la bronca y preguntaba cómo había ocurrido; y uno de los tipos lo vio pegado en el vidrio superior del escaparate. Estuvo expuesto cuatro años al público, quietito, hasta que despertó de su letargo, abrió el opérculo y salió a dar un paseíto.

Me enganché con esa historia y pensé que soy un caracol que estuvo cincuenta años en una vitrina, o sea en el escenario, hasta que dije: ¡se acabó (sonríe Carlos de nuevo), me bajo! Y me voy de paseo. Espero que no haya ningún ordenanza, ningún guardia de aduana que me haga volver... La metáfora termina así, Eduardo: el caracol recogía sus petates y se iba de paseo. Lo único que dejaba de recuerdo era una etiqueta en una cajita. Y decía que yo me bajo del escenario dejando de recuerdo las etiquetas que me definen, los videos, los elepés, los compactos, las partituras, los chistes.

P- Tus movimientos chaplinescos en escena... Eso no es interiormente fácil, pero, a la vez, permite ver todo lo hecho, una inmensidad de creaciones, de gags, de humor, de canciones, de arreglos musicales, de tocar el piano...

R- Sí, es mucho, mucho, más de lo que la gente puede llegar a vislumbrar o a pensar. Me he encontrado con ciertas personas más bien necias que alaban el que Les Luthiers tenga un trabajo tan increíble, tan bien remunerado, de dos o tres días por semana actuando en un teatro un par de horas... No ven la cantidad monstruosa de laburo que hay detrás. Cada canción lleva centenares de horas de crearla, de ensayo, de trabajarlas, de bajarlas de la nube –como se dice ahora– de la nada; inventarla, escribirla, componer la música, hacer los arreglos, construir los instrumentos informales que la van a interpretar. Hubo algunos que a mí me llevó construirlos, casi un año de mi vida. No te exagero. Es mucha prueba y error, o por lo complicado que fue su factura. De modo que la tarea es mucha, más de lo que puede imaginarse.

P- Lo sé, requiere recursos elaborados, conocimientos, estudio, análisis, discusiones, pruebas, correcciones. El resultado es acorde a esa inversión de tiempo, de talento y saberes acumulados.

R- Y un detallecito más... Les Luthiers se caracterizó por hacer parodias de géneros musicales. Hace muchos años atrás, recordarás, cuando Marcos (Mundstock) me propuso que escribiéramos una zarzuela, yo había escuchado una vez “Dónde vas con mantón de Manila”. Ese era todo mi conocimiento sobre el género chico español. ¡Vos sos el gallego de grupo, me dijo, y tenemos que hacerla! A partir de ahí, me puse a estudiar, a escuchar zarzuela, busqué partituras de orquesta en Buenos Aires para ver cómo era. Empecé con “La del Soto del parral”, “Doña Francisquita”, “La boda de Luis Alonso”, bueno... Una por una, las oí todas hasta que no pensaba en otra cosa que en zarzuela. Allí también hay una enorme cantidad de tiempo invertido por el respeto que implica parodiar algo. Lo primero es conocerlo porque de lo contrario sale un mamarracho. Y además es de mal gusto...

Les Luthiers surgió en un bendito país como el nuestro, donde se consume música de todo el mundo. Estando de vez en cuando en otros países que no voy a nombrar, solo se escucha la penetración cultural norteamericana o los ritmos de ese lugar. Y punto. Empezamos nuestra charla con Maurice Chevallier y si allí preguntás si lo conocen o escucharon “Sous le ciel de Paris”, te van a mirar con una cara rarísima.

Entonces, nosotros hemos tenido la fortuna de consumir mucha música, de todo tipo. Lo mismo pasó con el cine de tantísimos directores de renombre mundial. Hacer parodia de cualquiera de esos géneros implica una intensidad y una profundidad en su conocimiento. Un deseo legítimo, por otra parte, sobre todo si uno maneja un poquito el humor y le gustan todas estas cosas.

P- Me gustó la expresión “maneja un poquito el humor”, saliendo de un Luthier, como disimulando la capacidad de crear.

R- (Ríe Núñez Cortés a carcajadas). Hemos conocido tanta gente maravillosa que automáticamente a uno le viene una especie de ducha de humildad. Recién empezamos a transitar este camino...

P- Tu actividad personal y en Les Luthiers, te debe dejar muy tranquilo, en esta hora de despedida. Es una entrega honesta, creativa, apasionada, tan plena de condimentos que si mirás al espejo, te deja un sedimento absolutamente sereno...

R- Sí... Estoy feliz. Miro para atrás y me gusta lo recorrido, lo que he hecho y lo que dejo producido...

“Seguí aquella máxima de don Jorge Luis [Borges], cuando decía que los hombres hacen planes como si fueran inmortales... somos mortales y todo se acaba”.
dice medio en serio medio en broma Núñez Cortés.
Carlos Núñez Cortés se despedirá de Les Luthiers el cuatro de septiembre en Buenos Aires, cuando el grupo esté cumpliendo 50 años.
Actualidad:
los estrenos y los viajes
El grupo de música y humor, estrenó recientemente su recital antológico “Gran Reserva” y en septiembre llegará a España con “¡Chist!”. El primero, reúne grandes éxitos renovados de su historia y obras memorables como “La balada del 7º Regimiento”, “San Ictícola de los Peces”, “Entreteniciencia familiar”, “La hora de la nostalgia”, “Quién conociera a María”, el bolero “Perdónala”, “Ya no te amo, Raúl”, “Rhapsody in balls”, “El Sheriff Benson”, “Música y costumbres de la Isla de Makanoa”, entre otras.
El Princesa de Asturias,
muy merecido

El 10 de mayo, el grupo de instrumentos informales integrado hasta el próximo mes por Mundstock, Núñez Cortés, López Puccio, Maronna, Turano y O’Connor, y creador de más de treinta espectáculos, fue galardonado con el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2017. Lo anunció el jurado reunido en la ciudad española de Oviedo. Tal reconocimiento le llega en el año en que el grupo cumple cinco décadas haciendo reír a más de 9.500.000 espectadores por el mundo. Lo que arrancó en 1967 como pasatiempo universitario en La Plata, pronto se convirtió en vida profesional que lo llevó a recorrer desde Estados Unidos a Israel, pasando por casi toda Iberoamérica, y crear treinta y siete espectáculos.

El premio que concede anualmente la Fundación Princesa de Asturias será entregado en octubre en el Teatro Campoamor de Oviedo, en ceremonia presidida por el rey Felipe VI, y está conformado por la reproducción de una escultura de Joan Miró, 50 mil euros, diploma e insignia.

“Para parodiar algo lo primero es conocerlo porque de lo contrario sale un mamarracho. Y además es de mal gusto...”,
asume Carlos Núñez Cortés entre risas, pero muy en serio.
El extraordinario grupo de humor y música está presentándose en el estadio Ruca Che de Neuquén. Ayer fue la primera función y hoy,
la segunda y última.
Buenos Aires

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