“La guardería”: la infancia “cubana” en tiempos de la Contraofensiva

Virginia Croatto reconstruye en este documental la vida de los hijos –ella lo fue– de los montoneros que participaron de la Contraofensiva a fines de los 70.

La directora le contó a “Río Negro” cómo fue aquella estadía en La Habana y la experiencia de realizar este trabajo que se verá hoy en el Cine Español de Neuquén.

12 oct 2017 - 00:00
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La Guardería” es un filme que describe una gran casa blanca con jardín y palmeras, en La Habana, hogar durante muchos años de 30 niños cuyas edades iban de los 6 meses a los 10 años. Eran hijos de militantes de la organización Montoneros, que pasaron una parte importante de su infancia lejos de sus padres, quienes los dejaron allí para protegerlos durante la denominada “Contraofensiva” que la organización guerrillera emprendió en 1979 contra la dictadura militar argentina.

Estos niños, hoy hombres y mujeres, nos cuentan su historia, recrean las fantasías y recuerdos de su estadía entre 1979 y 1983 en esa casa que llamaban “La Guardería”.

Estaban a cargo de otros compañeros de sus padres, quienes les daban el cariño y los cuidados que necesitaban. Aprendieron a relacionarse con otra cultura, sin perder la propia, a convivir con la nostalgia, a esperar con ansias las cartas o noticias de sus padres, que sabían que sus hijos eran objetivos militares.

En esa burbuja caribeña pasaron muchos años, fueron creciendo, aprendieron a escribir, a compartir juegos con niños habaneros, a comer arroz con frijoles, plátanos fritos, mangos y guayabas, y a unirse y convivir como una gran familia, en la que todos eran primos o tíos.

Vivieron en una hermosa isla en la que hacía calor todo el año pero, al igual que Peter Pan, querían volver al País de Nunca Jamás.

La directora del film, Virginia Croatto, fue uno de eso niños, intenta buscar en los adultos de hoy a esos niños que fueron, con las construcciones fantásticas y el sentido de la realidad, con los juegos, y la historia familiar que les era común, con el temprano contacto con la muerte, con la alegría y la tristeza de esos años. Le interesaba además confrontar la similitud entre las fantasías que ellos tenían sobre su país y las de sus padres. Reconstruir el modo cómo comprendían el exilio y las razones por las que estaban lejos, y también la visión de hoy sobre su historia y la relación con las decisiones que sus padres tomaron, y que marcaron su infancia.

El regreso al país –en el mejor de los casos con sus padres, y en otros con abuelos o parientes–, implicó enfrentarse a una realidad que no conocían. La Argentina real distaba mucho de la fantasía que habían creado sobre ella y volver, si bien era cumplir un sueño, no fue como lo imaginaron. ¿Qué queda de aquella niñez? ¿Qué marcas se hicieron cicatriz y de cuáles fueron necesario deshacerse?

Estos niños crecieron, tomaron diferentes caminos y hoy pueden ver su historia con la perspectiva que les permiten los años, y al reencontrarse no hay duda que el sentimiento de familiaridad que se creó hace más de treinta años, sigue vivo, que siempre serán los niños de “la guardería” cubana.

En diálogo con “Río Negro”, Virginia Croatto analizó todo el recorrido hasta llegar a este original trabajo audiovisual que podrá verse hoy a las 21.30 en el Cine Teatro Español, de Neuquén.

P- ¿Cómo fue para vos vivir ese “exilio” y esperar tanto tiempo la vuelta al país?

R- Tengo un relato bastante idílico de mi infancia en Cuba, pero creo que uno se arma una infancia, se “olvida” algunas cosas y se queda con la imagen que un poco prefiere. Yo agradezco mucho la experiencia de haber vivido en Cuba, un país que nos permitió crecer y fue muy acogedor, muy humano. Tuvimos suerte, en ese sentido. Es verdad que la presencia de Argentina era constante. En los mayores, pero también en nosotros, niños. Algunos añorábamos lo que no habíamos aun conocido. Era un enigma y también un deseo, teníamos deseo de Argentina, ni hablar la nostalgia de los adultos, la tristeza, la sensación de no poder estar en “tu” lugar es muy fuerte. Creo que es difícil de trasmitir para el que no lo haya pasado, pienso mucho en los inmigrantes italianos, españoles, que muchos no pudieron volver.

P- El resto de los nenes de la Guardería, ¿eran cubanos o sólo argentinos?

R- Éramos todos argentinos, hijos de militantes y, de hecho, hijos de los militantes que entraron al país en el contexto de la Contraofensiva.

P- ¿Cómo fue para vos el regreso al país? Imagino que fue un shock cultural importante.

R- Superimportante, yo era una niña, pero recuerdo los silencios, los ocultamientos. Las personas que dejaron de saludar a mi mamá. Fue muy fuerte no poder contar de donde venía, y las costumbres, fui a una escuela de clase media de Quilmes –nos becó la iglesia de Novack– y no soporte mucho la diferencia cultural entre Cuba y esa realidad. A los dos años le pedí a mi mama que me cambiara a la escuela pública del barrio, una de las mejores decisiones de mi vida.

P- ¿Qué haces en la actualidad y por donde paso la necesidad de contar esta historia en cine?

R- Ahora me estoy dedicando fuerte a terminar, la tercera carrera que emprendí, a terminar la carrera de Psicología, me recibo este año y estoy muy feliz. Me cuesta mucho –lo siento como un problemón– conceptualizar algo sobre la necesidad de contar esta historia, solo la sentía muy fuerte, indestructible, aparecía cada tanto a pesar de que demoré mucho en poder llevar a cabo el documental. Después si conceptualicé trabajando qué es lo que quería y lo qué no quería contar, pero no encuentro esa necesidad principal. Supongo que de algún modo la posibilidad de mayor elaboración está presente. A veces pienso que en un sueño veré la respuesta en unos años y podré ponerle palabras esa necesidad, no sé porque tengo esa idea.

P- ¿Qué queda de aquella niñez?

R- Pienso que queda mucho en nosotros, pero entramado en la vida de todos los que vivimos la experiencia. Siento que siempre ando en búsqueda de colectivos para hacer las cosas, de armar grupos, como un ideal de la vida más colectiva, eso está muy presente aún. También queda mucho amor por el Caribe, añoro mucho la vida cubana, la vida en la calle, los colores, los gritos.

P- ¿Pudiste encontrar la conexión con la parte lúdica de esos niños que fueron y con los adultos que son hoy?

R- No, nunca lo había pensando así, lo voy a pensar ahora. Pero los adultos que somos hoy tenemos mucho de esa experiencia, mayoritariamente compartimos esa búsqueda de lo colectivo y de los social, del compromiso político con distintas características.

P- Los adultos (de hoy) ¿llegaron a hacer una autocrítica de lo que fue la Contraofensiva? ¿Cómo vivieron aquella etapa?

P- No puedo responder por todos nosotros, hay interpretaciones diversas. Siempre pienso que no nos corresponde a nosotros esa lectura, por lo menos, no sé si tengo más autoridad que otros para hablar públicamente de eso, yo tengo una lectura propia, no reivindico esa decisión, entiendo que leyendo sus consecuencias fue una error político pero comprendo la decisión de la organización de entrar al país en ese momento, la desesperación, la dictadura, los militantes chilenos hicieron algo parecido, se ve que la lectura que se hacía en ese momento era coincidente. Por otro lado, mi lectura está muy lejos de los que creen que hubo militantes perejiles y militantes “malos” que eran los jefes. Se creía que lo mejor era hacer lo necesario para que un gobierno ilegitimo se terminara.

P- Y ahora mismo, ¿qué te pasa con la concreción de la película?

R- Estoy muy feliz, feliz de haberla hecho después de tanto sufrimiento (risas), feliz de haberla llevado a cabo con el enorme equipo que la hizo. Me sorprende la respuesta de la gente y me llena de alegría, me siento muy agradecida.

“Tengo un relato bastante idílico de mi infancia en Cuba, pero creo que uno se arma una infancia, se ‘olvida’ algunas cosas”,
resume Virginia Croatto sobre aquellos años.
Ficha técnica
Producción: Felicitas Raffo, Andrés Longares y Virgina Croatto. Lita Stantic como productora asociada.
Guión: Gustavo Alonso, según idea original de David Blaustein y Virginia Croatto.
Música original: Nicolás Sorín.
Fotografía: Marcelo Laccarino e Ignacio Masllorens.
Dirección de sonido: Carlos Olmedo.
Montaje: Lucas D’Alo y Virgina Croatto.
Neuquén

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