La peña: A la hora de cantar, las guitarreadas igualan

Columna semanal

10 sep 2017 - 00:00
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Lo que comienza con timidez puede cambiar tan rápidamente como las primeras gargantas se animen a hacerse escuchar.

En realidad esas gargantas son personas que tras una buena comida y algunas bebidas suman coraje y se convierten en vaya uno a saber qué cosa. Porque dejan el rol prudente, dejan de lado su calma para convertirse en minutos en furiosos cantantes que sienten que son capaces de dar ese gran paso a la fama.

Claro, tal vez nunca pudieron escuchar su propia grabación para darse cuenta de la enorme tortura a la que sometieron a su público ocasional.

Lo peor es que están convencidos de que son buenos cantantes, excelentes cantantes que pueden deslumbrar. Cantan por lo general temas pasados de moda, muy populares y hasta consiguen las pistas musicales que le pongan un poco de racionalidad a lo que se escucha.

No entiendo ni entendí jamás en qué momento se produce ese quiebre que alienta a estos falsos cantantes a animarse. No alcanza con ser divertidos para tomar el micrófono y simular que son Leonardo Fabio o Nino Bravo, Emanuel o alguno más moderno.

Porque en verdad hay un instante en que se deja la rutina para asumir un protagonismo desmedido, divertido, pero exagerado, que tal vez al día siguiente en la oficina ni se recuerde. Es que uno asume un rol demasiado expuesto, sobre todo cuando hoy cualquier dispositivo móvil alcanza para inmortalizar momentos. Y lo que es peor, en segundos puede estar en las redes y ser el hazmerreír de todos.

Pero da gusto participar de las guitarreadas donde el canto pone su cuota de diversión. Una fiesta de charla tal vez se agote temprano, pero cuando las delicadas voces de los comensales entran en juego se prolonga hasta horas impensadas. Los que saben y los que no se igualan en algún momento, o creen que se igualan. Tal vez sea el clima o las ganas de divertirse, pero hay algo que en segundos nos convierte en cantantes.

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