La Peña: Lo que el sonido no puede ocultar

Columna semanal

19 mar 2017 - 00:00
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Desde que los festivales en la Argentina dejaron de ser exclusivamente folclóricos uno se tuvo que acostumbrar a ver y escuchar en el escenario a exponentes de otros géneros. Y también a que la sensibilidad de los micrófonos desnudara falencias de los cantantes.
Más o menos eso me pasó cuando en el Festival de Villa María, en Córdoba, pude escuchar a Natalia Oreiro, que cosechó miles y miles de aplausos. Pero me hubiera encantado que pegara una nota, al menos una, porque fue siempre a destiempo y porque la fidelidad y calidad del sonido no dejaban pasar una a los artistas.
La verdad, es la primera vez que la escucho y tal vez el público, enfrascado en gritos y aplausos, ni siquiera se dio cuenta de semejante detalle. Sin embargo, la Televisión Pública, desde donde pude verla y escucharla, la mostró sin filtros.
Claro, no será ni la primera ni la última que desafina. Cuando fue el turno de Márama pasó algo similar y la gente no dejó de aplaudir por eso.
Tal vez no sea relevante, pero se me ocurrió pensar lo que ganan esos exponentes y me dije: “Al menos deberían afinar”.
Eso de la mezcla de géneros no es lo grave, porque en definitiva uno elige si va o no a un festival y si la cartelera le gusta.
En todo caso lo que uno espera es que el cantante que suba sea mejor, mucho mejor que lo que uno escucha cuando hace un asado en su casa y aparece alguien con la guitarra.
Me pareció fantástico que se pudieran ver todos, o casi todos los festivales del país, porque uno puede apreciar el empeño que en mayor o menor medida puso cada pueblo para mostrar su fiesta.
Esto de los que afinan y desafinan fue mucho más amplio que los mencionados, porque también los exponentes del folclore, populares, no tienen en la presentación en vivo las chances de hacer arreglos que sí tienen en los estudios de grabación.
Entre zambas y chacareras, también abundan las voces a destiempo o sin pulir.

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