Los “Totems” de acero dominan el Recoleta

Por Oscar Smoljan

Director del Museo Nacional de Bellas Artes Neuquén

Secretario de Cultura de la Ciudad de Neuquén

14 dic 2010 - 00:00
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Veintiocho esculturas bajo el común denominador del acero, curadas por el escultor Hernán Dompé, conforman la muestra que por estos días se presenta en el Centro Cultural Recoleta bajo el título “Los acerados del acero”.

Se trata de la decimocuarta exposición que la fundación mexicana Villacero organiza en el mundo, siendo las sedes anteriores Chile, Colombia, Venezuela, México, Turquía y Alemania.

La fundación Villacero, que toma su nombre de la acería mexicana homónima, se basaron el los respectivos bicentenarios de México y Argentina para realizar la muestra en la ciudad de Buenos Aires.

María José Herrera, en el catálogo de la muestra, explica que “la elección de este material implica un hecho técnico, manual y, en algunos casos, industrial; un complejo proceso que incluye etapas de fundición, ensamblado, pulido, patinado, pintado. Pero ante todo son un hecho intelectual que implica un modo de ver, el de la escultura contemporánea, especialmente atenta a su carácter de objeto relacional”.

Los artistas seleccionados para esta muestra son, además del propio Dompé, Pablo Dompé, Jorge Gamarra, Nadia Guthmann, Raúl Fernández Olivi, Raúl “Pájaro” Gómez, Claudio Gómez, Juan Lecuona, Gustavo López Armentía, Maria Juana Heras Velazco, Susana Lescano, Cristina Tomsig, Ana Lizaso y Fabiana Díaz.

Hay grandes muestras de talento y maestría en esta exposición, como la exhibida por Gamarra, quien presenta un cincel de 1,40 metros por 0,63 centímetros hundiéndose en un pedazo de madera. O Lecuona, quien homenajea a los barcos con trozos de moldería textil mezclados con proas de barcos con sus típicas costuras de remaches.

Por su parte, “Pájaro” Gómez combina formas delgadas más emparentadas con lo industrial con otras orgánicas con las que parece entablar un diálogo que no escapa a una permanente tensión, mientras que Dompé trajo a la sala la monumentalidad de su tótem de 2,50 metros en forma de letra T.

Una muestra vigorosa, casi industrial, homenaje al tesón humano y la alquimia entre el hierro y el carbón que sostiene el mundo en estructuras y máquinas eficaces o no tanto.

Una muestra que refrenda una vez más la fructífera aleación entre la empresa privada y los artistas y las instituciones públicas en bien de la Cultura.

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