Palimpsestos: Jerigonza

15 nov 2017 - 00:00
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En muchos ámbitos nuestro idioma se ha convertido en una jerigonza, producto de la mezcla indiscriminada sobre todo con el inglés.
Las lenguas también se van construyendo mediante préstamos de otras lenguas, pero esos préstamos responden a una necesidad debido a que el término en español no existe y hay que adoptar uno de otro idioma. Si nos remontamos a la historia nuestra deuda con el árabe es inmensa, y en la actualidad los préstamos aparecen en gran cantidad en el mundo de la informática en el que el español tiene pocos términos nativos, en ese caso se justifica y muy bien la adopción de estas palabras, y en muchas ocasiones se las castellaniza, por ejemplo de “computer” derivamos “computadora”.
Pero hay casos que creo no se justifican. Antes sabíamos que en los comercios se hacían “liquidaciones de fin de temporada” ahora los carteles dicen “sale”, mi vecina concurría a las grandes tiendas a ver qué había en la sección “saldos y retazos”, y ahora queda desconcertada ya que hay “outlet”. Generalmente en el comercio, que juega a construir una imagen, es donde esta ansia de prestigio idiomático resalta con mayor nitidez y fuerza. Así ya no tenemos “nuestro salón de ventas o exposiciones”, ahora los invitamos a pasar por “nuestro showroom”, es lo mismo, pero... no es lo mismo. Mi amigo no tiene un “entrenador personal” o un profe de educación física para perder los kilos que la playa le legó, tiene un “personal trainer”, aunque de inglés sepa lo que yo de plantar cebollas.
Y no es que uno se haya vuelto un rancio defensor del idioma y pretenda que se hable como el español del Siglo de Oro; nada más lejos de esta intención, ya que las lenguas cambian inevitablemente como la realidad que nombran; pero una cosa es un cambio en la lógica misma del sistema y otra es adoptar sin ton ni son palabras extranjeras, actitud que la sociolingüística ha explicado muy bien y que desnuda cierto complejo de inferioridad como sociedad hispanohablante con respecto a otras lenguas. Desnuda también la carencia de una política lingüística adecuada en nuestro país que concientice sobre la inconveniencia del uso de términos extranjeros cuando no son necesarios.

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