Palimpsestos: Literatura y animales

17 may 2017 - 00:00
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La literatura desde sus orígenes ha incorporado animales a sus historias sabiendo que son parte esencial de nuestras vidas. Los griegos, especialmente, concibieron toda una serie de monstruos en sus mitos.
Uno de los más conocidos y recreados luego por escritores de todos los idiomas es el del minotauro. En Creta nació este hibrido con cuerpo de hombre y cabeza de toro, fruto de los amores escandalosos de la reina Pasífae con un toro blanco. Para ocultar su vergüenza, el rey Minos hizo construir el famoso laberinto. Una obra de singular belleza que recrea esta historia es la de Julio Cortázar, llamada “Los reyes”. Siempre recuerdo una frase del minotauro enamorado de su hermanastra, “Ariadna es el mar”. Borges también reescribió en su cuento “La casa de Asterión” la vida del minotauro, no como un monstruo sino como un ser sensible y reflexivo acosado por la soledad y la incomprensión, que no se resiste ante la espada de Teseo.
Otro ser híbrido que puebla diferentes historias de los griegos es el centauro, cuerpo de caballo y torso, brazos y cabeza de hombre o mujer, en este último caso se las llama centáurides. El más famoso de los centauros fue Quirón, quien se distingue por su carácter reposado y su sabiduría y por haber sido el maestro de Aquiles. Todo lo contrario del resto de su especie, ya que la mayoría actúa instintivamente, es conocida su afición al vino que descubrieron en la boda de un rey lapita, como consecuencia de su turbación alcohólica raptaron a la novia del rey. Los centauros están presentes en varias de las historias de Heracles (Hércules para los latinos); se destaca uno de ellos, el centauro Neso. Rubén Darío utilizó a estos animales-hombres en su poema “El coloquio de los centauros”, en el que reúne a los más reconocidos y los hace dialogar sobre diferentes temas que le interesan al poeta como la naturaleza, el amor, la muerte.
Un dato curioso, en los bestiarios medievales hay descrita una variedad llamada onocentauro, en la que se reemplaza el cuerpo de caballo por uno de asno. Al parecer este ser era utilizado para simbolizar la lujuria masculina.

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