Un mural para la historia

Por Oscar Smoljan Director Museo Nacional de Bellas Artes Neuquén

13 dic 2012 - 00:00
Comparte esta noticia

El mural de Carlos Juárez ve la luz en el Primer Congreso Ciudadano de Cultura - Neuquén 2010 que tuve el honor de presidir, a partir de una ponencia presentada por este talentoso artista.

Algunos años antes, la cuestión del muralismo había germinado en nuestra ciudad. Y cuando, desde la Secretaría de Cultura de la Municipalidad, auspiciamos la venida a la ciudad del máximo referente del muralismo americano, el mexicano Ariosto Otero -heredero de las agrupaciones de artistas promovidas por David Alfaro Siqueiros-, fueron varios los artistas locales interesados en esta disciplina a quienes les transmitió su experiencia y conocimientos.

La idea de Carlos Juárez de realizar el mural en los muros del histórico cementerio neuquino cobró inmediata fuerza y desde la gestión cultural de la ciudad recibió todo nuestro apoyo, en recursos y personal, desde los empleados municipales que lo asistieron, hasta las dependencias de la Escuela de Cerámica donde pudo establecer su taller para comenzar a construirla. Al soporte estatal se sumó el sector privado que, a través de empresas como Weber, aportaron los materiales para su realización.

No era para menos, por un lado el mural era parte de un ambicioso proyecto artístico que contemplaba y aún contempla, varias etapas de producción cuyo objetivo final es la circunvalación de la necrópolis con un total de 17 mil metros cuadrados, que incluirían a otros artistas locales, con lo que se convertiría en el mural más grande de la Patagonia.

Por otro, la elección de Carlos Juárez no pudo haber sido más apropiada. Poseedor de una larga trayectoria artística y una vasta producción personal inigualada, no sería arriesgado hablar de uno de los artistas plásticos más completos con que cuenta Neuquén. Dueño de una estética propia, con una forma única de construir las imágenes, con un manejo del espacio insuperable, Carlos ha unido todo esto a una temática absolutamente ligada al lugar que eligió habitar y a las tradiciones ancestrales de la región patagónica, lo cual quizás tiene mayor mérito por tratarse de un artista que no ha nacido aquí. Es también, hasta el momento, el único artista plástico local que ha expuesto una muestra individual en el MNBA Neuquén y además ha sido el creador de la bandera de la ciudad capital de nuestra provincia.

Pero además, la temática del mural está indisolublemente ligada a la identidad de nuestra tierra. Es un canto de alabanza al Sol, a la simbología que este astro tiene para los antiguos habitantes de esta tierra como factor dador de vida. Para el diseño de este tema, Carlos recurrió a un estudio del Sol de las cuevas de Colo Michi Có, una de las reservas de arte rupestre más importantes de Neuquén y de América.

El mural habla de la noche patagónica, de la Luna y de constelaciones emblemáticas como “Los Siete Cabritos”, las “Pleyades” y la “Cruz del Sur”, esta última realizada con venecitas (pequeñas piezas de mosaico veneciano) por alumnos de la Escuela de Cerámica.

En esas paredes que guardan la memoria de los que pasaron y dejaron una huella en nuestra historia, afloran hoy la vida, la Tierra y los recursos naturales de la región, los dinosaurios, el medio ambiente y también la contaminación. Una metáfora de la vida y la muerte, plasmada a través de un laberinto realizado con fragmentos de cerámicos regionales, venecitas y rezago de materiales electrónicos.

Por ello merece todo el apoyo que le permita continuar su obra hasta el final, para dejar a las próximas generaciones el testimonio de esta época en la que toda una sociedad y sus artistas, más allá de las crisis circunstanciales y las divisiones, apostaron a la Cultura como herramienta de superación y crecimiento.

NEWSLETTER

Suscribite a “Noticias del día” Recibí todas las mañanas un correo con toda la información.