Deshielo entre Cuba y EE. UU. trae un aire renovado a la isla

Las recientes medidas de Obama, que aflojaron algo el duro bloqueo económico a la isla, permitieron un incipiente intercambio que ya está modificando la vida cotidiana y la mentalidad de los cubanos. Emprendedores encuentran más espacio para sus iniciativas, pero otros temen perder la seguridad social que tienen hasta hoy.

14 ene 2016 - 00:00
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La bandera de Estados Unidos volvió a ondear en una embajada en La Habana y ahora miles de visitantes extranjeros visitan la isla. Incluso algunos lo hicieron reservando su estadía en sitios de internet como Airbnb.

Pero, al mismo tiempo, la cantidad de cubanos que buscan emigrar a Estados Unidos aumentó e inundaron a varios países de Centroamérica, en lo que podría convertirse en el mayor éxodo desde la crisis de Mariel de 1980.

Desde que los presidentes Raúl Castro y Barack Obama anunciaron un acercamiento entre dos históricos enemigos de la Guerra Fría, Cuba se ha transformado. Un país que parecía atrapado en el tiempo ahora enfrenta un futuro incierto y profundos cambios.

“Objetivamente hubo un cambio muy grande’’, dijo a The Associated Press el politólogo Rafael Hernández, director de la revista “Temas”, una publicación de interés para intelectuales y académicos de la isla. “Estados Unidos cambió lo que hasta ahora era una política equivalente a la guerra por otros medios, a una donde el enfrentamiento y la diferencia se están conduciendo por la vía del diálogo’’.

Para los cubanos que tienen dinero, propiedades o conexiones, el optimismo es palpable, al igual que las expectativas de alcanzar una mayor prosperidad y ser titulares de nuevas libertades. Los cubanos que tienen empresas se han visto motivados por la perspectiva de tener mejores relaciones con Estados Unidos. Hoteles, alojamientos, desayunos privados y restaurantes elegantes ahora están repletos, sin contar con los que se espera que se abran el próximo año.

En otros casos, como los ancianos o funcionarios que dedicaron sus vidas a la revolución, se observa un sentimiento de preocupación y se preguntan cuál será el rumbo que tomará la isla y su modelo económico, cuya reforma había comenzado Raúl Castro desde el 2010, ahora que el país está más conectado al mundo exterior.

Pero un efecto del que pocos hablan es la ruptura de los esquemas mentales que muchos cubanos describen como “un aire renovado’’ y el no sentirse más en un “país sitiado’’.

“Evidentemente es un respiro saber que se van limando esas asperezas entre los pueblos y los gobiernos que puedan abrir camino en un futuro de fraternidad y ayuda mutua’’, aseguró Fernando Funes, un agricultor ecologista con una finca de ocho hectáreas y que comenzó a tener un inusitado éxito abasteciendo de manera directa, y sin intervención estatal, a paladares o restaurantes privados de primera línea de La Habana.

Funes se entusiasmó pensando en la tecnología y las oportunidades que el avanzado mercado estadounidense le puede traer a su sector: maquinaria, insumos, nuevos paneles solares y un intercambio más fluido con sus colegas del movimiento ecologista del vecino país. “Realmente se abre un nuevo espectro de oportunidades’’, dijo.

Muchos cubanos estiman que en este primer aniversario de los anuncios de deshielo se les dará un nuevo impulso a las negociaciones para conectar ambos países con vuelos comerciales y correos directos. También esperan que se levante el embargo y, eventualmente, una visita del presidente Obama .

El acercamiento produjo, además, un efecto no deseado: en estos meses algunas personas en la isla comenzaron a temer que se podría derogar la ley de Ajuste Cubano, una norma que otorga tratamiento preferencial migratorio a los isleños al otorgarles la residencia legal y otros beneficios.

Temerosos de perder estos beneficios, miles se aventuraron por el Estrecho de la Florida para llegar por mar a Estados Unidos. Otros decidieron transitar una ruta por Centroamérica que puede partir desde lugares tan distantes como Ecuador, hasta alcanzar la frontera norte de México.

Se estima que este año unos 45.000 cubanos transitarán por esta vía, por lo que el 2016 podría ser testigo de la mayor salida de cubanos desde el éxodo de Mariel en 1980, cuando emigraron 125.000 personas. El gobierno cubano acusa a Washington de querer llevarse a sus profesionales y fomentar la migración ilegal como una manera de politizar el tema, pese a que la mayoría sale por motivos económicos en busca de mejores condiciones de vida. La Habana restringió los viajes de doctores para frenar la fuga de cerebros .

Otras vidas están cambiando en la dirección opuesta.

Después de que el presidente Fidel Castro tomara el poder en 1959 y en el marco de una creciente hostilidad de Washington contra la isla, todos los aspectos de la sociedad cubana se impregnaron de un sentido de lucha contra Estados Unidos y de su modelo. En contrapartida, los críticos al gobierno fueron calificados de agentes norteamericanos y a la disidencia se la consideró responsable de los ataques al país.

La joven Elaine Díaz, por ejemplo, trató de mantenerse fiel a sus ideales de apoyo a la revolución y a su pasión por el periodismo luego de graduarse en el 2008. Mientras se desempeñaba como docente en la universidad, Díaz lanzó un blog donde publicaba investigaciones sobre casos de corrupción de funcionarios públicos y de malos manejos ambientales.

En el 2014 aceptó una beca de la Universidad de Harvard que le vino como anillo al dedo en el camino de repensar su futuro pues no quería tener que optar entre permanecer estancada en Cuba, haciendo lo mismo, o emigrar luego de haber recibido críticas tanto del oficialismo como de la oposición.

“Fue un alivio’’, dijo Díaz al referirse al anuncio del deshielo de relaciones entre ambos países. “Yo, como ciudadana, podía no sentirme más en un entorno de plaza sitiada”, expresó Díaz al describir como algunos cubanos se perciben desde hace décadas: dentro de una fortaleza que debe tener sus muros levantados para evitar que el enemigo del norte destruya sus logros.

“Podía empezar a soñar otras maneras de hacer periodismo, que antes quizás no hubieran sido posibles precisamente por esta relación tensa entre los dos países, hubiera sido considerado (por el gobierno) un ataque’’, dijo Díaz, de 30 años, quien en estos meses regresó a Cuba y arrancó un proyecto digital propio llamado “Periodismo de Barrio”, una revista mensual enfocada en las comunidades vulnerables.

Otros jóvenes, como Díaz, se están dando una oportunidad.

En un garaje de la casa de su abuela en las afueras de La Habana, Yans Ruiz trabaja diez horas al día e invirtió unos 10.000 dólares para restaurar un oxidado Dodge Kingsway rojo, de 63 años, que espera terminar para febrero y convertirlo en un brillante descapotable azul –su color original– con el que espera cobrar a los turistas hasta unos 30 dólares por hora por un paseo por el Malecón. “Estamos bloqueados por los americanos y ahora con el cambio, de primera y pata (de pronto) la economía no puede estar al cien’’, dijo Ruiz, de 33 años, quien espera ilusionado que vengan “muchos’’ turistas. “Para mí lo más importante es poder tener trabajo... que el cambio sea para mejor’’.

Ninguno de los entrevistados se atrevió siquiera a soñar con una fecha para la normalización completa entre los dos países, pero algunos de ellos temen que una relación más estrecha con Estados Unidos traiga algunos problemas a la isla en sus respectivos campos.

“Es bueno intercambiar culturalmente, tener perspectiva de comercio, ¿pero dónde está?’’, se preguntó el músico Raúl Torres, un trovador de 48 años que vivió en Brasil y España antes de regresar a la isla e instalarse definitivamente en el 2008. “Yo sé lo que son las democracias enfermas y de mentira, he vivido eso... No quiero eso para Cuba. Como estamos somos felices... es muy fácil decir ese es un país con un régimen totalitario, pero quiten el bloqueo y vamos a ver a cómo tocamos (qué sucede)’’, dijo Torres.

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