Gemelos que ocultan secretos

29 nov 2017 - 00:00
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Desde hace tiempo la jerga económica argentina adoptó el término “gemelos” con dos nombres de pila - Fiscal y Externo –, para describir el resultado de esas cuentas públicas relacionadas entre sí y que suelen prestarse a confusiones por faltas deliberadas de claridad.

Durante el gobierno de Néstor Kirchner hubo “superávits gemelos” en las cuentas fiscales y externas, que en 2009 se transformaron en déficits gemelos y se agravaron en el segundo mandato de Cristina Kirchner. En sus dos años de gestión, Mauricio Macri no logró revertirlos, sino que tienden a crecer y la normalización llegaría hacia 2020/2021, siempre que la economía crezca a tasas superiores a 3% anual.

Esta cronología dice poco si no se analizan los motivos que, por razones políticas, suelen ocultar realidades que están lejos de ser secretos de Estado.

Por caso, los superávits de la gestión NK fueron el resultado de las drásticas medidas de ajuste adoptadas por su antecesor, Eduardo Duhalde, para salir de la grave crisis de fin de 2001. Las retenciones a la exportación aplicadas tras la mega-devaluación de 2002 permitieron que los ingresos del sector público nacional superaran ampliamente a los gastos, que cayeron en dólares. El dólar récord de entonces impulsó las ventas al exterior y desalentó importaciones, con lo cual el superávit comercial llegó en 2003 a US$ 17.000 millones y al año siguiente el superávit fiscal primario superó el 4% del PBI.

Pero aquí es necesario ver la parte oculta del iceberg. Ahí comenzó a hablarse sólo del superávit primario porque excluía los intereses de la deuda, declarada en default por la efímera presidencia de Adolfo Rodríguez Saá. Y esa unilateral cesación de pagos contribuyó a la mejora de las cuentas externas, junto con el primer canje de deuda (2005) que incluyó quitas de 65% y un período inicial de gracia.

Si bien fue reduciéndose a medida en que crecían los subsidios a la energía y el transporte, el superávit primario se mantuvo hasta 2009 ya con Cristina Kirchner en la presidencia. Pero se diluyó con el fuerte aumento del gasto público aplicado para contrarrestar la recesión provocada por la peor crisis financiera global desde los años ’30, mientras comenzaba a tambalear el superávit externo con los pagos de la deuda reestructurada y el desequilibrio de la balanza comercial energética.

Los déficits gemelos no dejaron de agravarse en el segundo mandato de CFK con una política económica imposible de sostener. Pese a haberse superado la recesión, el gasto público y los subsidios siguieron en alza, a costa de un desajuste fiscal que se cubría con la “maquinita” del Banco Central, empujaba la inflación y deterioraba el tipo de cambio.

Para no devaluar impuso a fin de 2011 el cepo cambiario y múltiples trabas a las importaciones, pese a lo cual el BCRA perdía reservas por fuga de capitales y crecientes compras externas de gas y petróleo, cuyo déficit llegó a US$ 9000 millones.

A la vez, el aislamiento del mercado financiero internacional impedía acceder al crédito externo debido a la negativa de CFK de negociar con los acreedores (y fondos “buitre”) que no aceptaron los canjes de deuda y precipitaron un default parcial.

El gobierno de Macri heredó esos déficits gemelos, pero también una baja relación deuda/PBI que le dejó margen para financiarlos en moneda extranjera. De ahí que puso fin rápidamente al cepo cambiario y el default mientras comenzaba a recortar subsidios, aunque esta mezcla de shock y gradualismo genera ahora un círculo vicioso.

Por un lado, el ministro Nicolás Dujovne fijó metas decrecientes para el déficit primario (de 4,2% del PBI en 2017 a 2,2% en 2019), pero ya no tiene sentido medirlo sin los intereses de la deuda, regularizada hace casi 20 meses y que crece con los bonos que su par Luis Caputo coloca en el exterior. De ahí que el déficit fiscal total se estima en 6.3% del PBI para 2017 y esos dos puntos extra implican un pago de intereses que supera el presupuesto anual de obras públicas.

Por otro, el BCRA debe comprar los dólares provenientes de la deuda externa del Tesoro Nacional y varias provincias para financiar el déficit fiscal con lo cual acumula reservas récord (US$ 55.000 millones). Pero este ingreso de divisas junto con el de capitales externos que aprovechan las altas tasas de interés locales, deprimen el tipo de cambio real y las exportaciones, además de impulsar la salida de dólares para viajes y turismo al exterior (US$ 9000 millones en lo que va del año) o atesoramiento. De esta manera, el desequilibrio comercial apunta a un record de US$ 8000 millones en 2017, que engrosa el déficit externo hasta el 5,6% del PBI.

La apuesta de la Casa Rosada es que la economía siga creciendo y reduzca el peso relativo del Estado en el PBI. Para eso necesita mayor inversión privada y bajar costos internos a través de las reformas enviadas al Congreso, para compensar el retraso cambiario y evitar una devaluación que empinaría la inflación. El final queda abierto para los próximos años.

Macri apuesta a que la economía crezca y reduzca el peso relativo del Estado en el PBI. Necesita más inversión privada y bajar costos internos, con varios riesgos a corto plazo.
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