“Los metemiedos responden al poder”

Mario Bunge llegó a los 90 años con una impecable vitalidad. Intenso, riguroso al explorar el mundo de las ideas, protagoniza una permanente lucha contra el dogmatismo y las vacas sagradas del pensamiento inmune a la crítica que ven “peligros” en debatir ideas. “Amedrentar es dominar”, dice.

01 abr 2010 - 00:00
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Transpira aristocracia. Sereno. Seguro. Austeridad de movimien-tos. Mirada muy directa que parte de ojos muy claros. Ojos aguados de 90 años. Manos finas. Huesudas. Pelo muy blanco, firme.

–Tengo poco tiempo, ya ve, pero adelante, adelante –dice Mario Bunge ante la consulta de este diario.

Momentos antes concluyó la ceremonia con que la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires lo designó “personalidad destacada”. Corre el mediodía del martes 23.

El domingo anterior, Bunge dejó atónito al antiperonismo más duro. Crítico ácido por décadas del peronismo, en una entrevista con el diario “La Nación” confesó que llegó a su fin la pertenencia a ese antiperonismo que, de tan apasionado, le impidió “hacer un análisis objetivo del peronismo”.

Ahora, en la Legislatura porteña, Mario Bunge evitó hablar de política nacional. “No soy un argentinólogo”, sostuvo el científico.

–Sabe, creo que cuando a usted se lo pone en clave política, se buscan sus opiniones políticas, perdemos al otro Bunge, el Bunge de su larga lucha...

–¿Contra qué, por ejemplo?

–Contra el oscurantismo, por caso. Tengo un amigo cura que, con independencia de las diferencias que tiene con muchas de sus ideas, sostiene que algunas definiciones suyas están tan bien logradas que abren la cabeza en forma muy intensa. En esa categoría sitúa su definición sobre oscurantismo, simplismo...

–Bueno, sucede que con una vida trabajando en favor de la razón, o sea a favor de alentar el pensar en términos coherentes, uno conoce muy bien aquello que es la negación de la razón, que la enfrenta desde el simplismo, desde el dogmatismo. En consecuencia está

en condiciones de ofrecer puntos de vista muy madurados, muy probados en la realidad... Las definiciones, se esté o no de acuerdo con lo que dicen, nunca pueden ser vagas, no pueden dejar dudas en cuanto a lo que uno dice.

–Cuando se conversa con alguien dedicado a la filosofía, siempre surge una pregunta clásica si se quiere: ¿qué aportes puede formular la filosofía a la vida cotidiana de una sociedad?

–Mire, desde la filosofía se ha hecho mucho daño cuando se despliegan reflexiones, pensamientos marcados, definidos por lo ininteligible. Usted sabe que yo soy muy crítico, por caso, de Martín Heidegger precisamente por esa razón, que ha explicado su pensamiento generando nada más que confusión, ajeno a un sentido didáctico. También soy crítico, por razones parecidas, de Kant y Hegel, especialmente de este último. Y están, claro, los herederos de ellos, los aferrados a rajatabla a esa confusión, que van alegremente por el mundo desparramando más confusión. Yo creo que la filosofía o desde la filosofía se hace un inmenso aporte, se estimula la reflexión fundada en la lógica, que es fundamental en la formulación del discurso racional... la lógica hace la potencia de la razón.

–¿Cómo vislumbra esa potencia hoy, en este presente de tantos vacíos y donde el miedo se dispara e inmoviliza?

–Tengo, por supuesto, una inmensa confianza en la razón. Por cierto que siempre está desafiada por doctrinas que alimentan la irracionalidad que procuran denigrar la potencia de la razón, del argumento y del espíritu crítico que le son consustanciales. En toda época las concesiones irracionalistas han procurado condicionar, desjerarquizar el valor de la razón, pero ésta prospera.

–Usted ha dicho que el irracionalismo fue uno de los elementos que articularon, que dieron vida al movimiento contra la Ilustración...

–No podía ser de otra manera. Con la Ilustración el irracionalismo se consolidó como factor de oposición, pero en realidad también fue un componente de la modernidad, aunque más atenuado en cuanto a su accionar...

–Si se acepta que la Ilustración consiste, en alguna medida y como lo ha llamado un filósofo que a usted no le gusta mucho –Kant–, “en el hecho por el cual el hombre sale de su minoría de edad”...

–Yo de Kant cuestiono las críticas que hizo a la razón pura, crítica que para mí fundó en irracionalismo, o como también critico a Hegel por oponerse a cuanto descubrimiento científico se daba...

–Bueno, ¿pero qué queda hoy de los filósofos de la Ilustración? ¿El hecho de que marcaron el rumbo al señalarle al hombre que debía hacerse cargo de la historia?

–Si lo miramos así, ¿le parece poco?

–No.

–Queda la decisión de hablar del valor de la vida como actividad, como capacidad de creación, de hacer. Queda todo el contenido progresista que desplegaron y del cual se benefició la ciencia, el ser humano en relación a la libertad. Queda su sustento racionalista. Quedan los enojos, la irritación que generó la Ilustración al abrir las puertas que abrió, la del progreso, las del espíritu crítico, incentivar la lucha contra el miedo o los miedos. Queda todo.

–Precisamente hoy (por el martes 23) se publicó un artículo suyo en “La Nación” con un título muy sugestivo: “Cómo perder el miedo”. Ahí, luego de proponer alternativas para luchar desde las ciencias sociales contra los que retroalimentan el miedo, cita a Lucrecio en aquello de conocer para perder el miedo. ¿Cómo hacer para conocer, visto desde el hombre común?

–Vayamos por partes. Yo no digo que el miedo pueda ser derrotado. No hay método para ello porque el miedo es consustancial a la vida. Como digo en ese artículo, la lista de los miedos es intermi- nable. Pero contra lo que sí se puede luchar es contra los timórcratas o metemiedos, que generalmente responden al poder. Ya que usted leyó el artículo, sabrá que digo que el miedo siempre ha sido un factor, un instrumento de dominio que inyecta el poder. Y que digo que amedrentar es dominar. Esto sucede en todas las organizaciones, desde el Estado hacia abajo, ese lugar donde para meter miedo se habla, por ejemplo, de “los peligros” de esta o aquella naturaleza. Lo importante es que “el peligro o los peligros” paralicen, metan miedo. De ahí los nostálgicos de las dictaduras, por caso. Lo que yo propongo, mientras las ciencias sociales estudian cómo enfrentar este tipo de miedo, es abrir la cabeza... eso de encender la luz, arremeter contra las oscuridad que está en nosotros. Y eso se logra intensificando el pensamiento, haciendo uso de la razón, apelando al raciona- lismo. Porque al poder, al poder de cualquier naturaleza, le interesa que el ciudadano esté asustado, que se quede quieto.

–¿Le interesa a Ratzinger, por caso?

–Por supuesto. Éste es el Papa del miedo. Ya lo he dicho, escrito: Benedicto XVI es un nuevo cruzado contra la razón.

–¿Quién gana?

–La lucha por la libertad; seguro pierde el oscurantismo.