Memoria fresca del horror y el exilio

Testimonios de argentinos refugiados en Italia fueron rescatados y compilados por Delia Ana Fanego en el libro “Quebrantos”.

13 may 2011 - 00:00
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NEUQUÉN (AN).- La historia del exilio argentino en Italia, el de algunos de sus protagonistas que venían de los campos clandestinos de detención y las cárceles de la dictadura, está crudamente retratado en el libro “Quebrantos”, una compilación de testimonios realizada por la argentina Delia Ana Fanego. Fanego rescató del olvido 12 historias de vida sobre el horror de la tortura y la muerte y la alegría de estar “libres y vivos” al llegar a la península, relatadas por sus propios protagonistas. Son, dijo, “testimonios frescos, porque se tomaron en el momento en que sus protagonistas llegaron al exilio y no están mediados por la memoria”. El libro, recientemente presentado en el Centro Cultural Haroldo Conti (ex ESMA) de Buenos Aires y en el Aula Magna de la Universidad del Comahue, tiene un prólogo de Juan Gelman. Como destaca el propio Gelman, de las experiencias que relatan esos jóvenes surge con claridad “hasta qué punto los fusilamientos de Trelew o de la Triple A, expresión de la primera parte del golpe, la civil, así como todas las interrupciones previas de la democracia y la violencia imperante que impedía pensar con claridad empujaron a la acción armada a jóvenes que a los veintitantos años de edad nunca habían podido votar y sentían el sufrimiento ajeno como propio”. –¿Cómo se le ocurrió compilar estos testimonios? –En el año 78 conté a una pareja de amigos italianos, él director de cine y ella guionista, el caso de un desaparecido argentino. Los impresionó mucho; estaban tan impactados por esa caída de un compañero que pensaron en hacer una película sobre el exilio argentino en Italia. Aclaro que por ese entonces el exilio argentino estaba muy marginado en la península, el exilio en Italia era el chileno. Yo les dije que me parecía una buena idea. Ellos le propusieron el guión a la RAI, que en ese entonces estaba dividida en tres, había un canal de la Democracia Cristina, otro del Partido Socialista y otro del Partido Comunista, y el canal del PC lo aceptó. Para hacer el guión nos pidieron que hiciéramos historias de vida. Julia Constenla, que también estaba exiliada en Italia, y yo viajamos por toda Italia y grabamos todas las historias, que fueron muchas más que las 12 que aparecen en el libro. Al final a la RAI ya no le interesó la película porque había intereses fuertes con Argentina y hubo presiones; no se hizo nada y quedó este material, un poco abandonado. Pero hace unos cinco años yo encontré casi todas estas historias, que estaban muy mal traducidas al italiano para que esa señora pudiera hacer el guión; tenía los casetes y las entrevistas desgrabadas en español y me pareció que era un material con el que se podía organizar algo, recuperar ese tesoro que es la memoria. –¿Qué sucedió entonces? –Le llevé las desgrabaciones a Juan Gelman y él coincidió con que sólo había que cambiar algunas comas. Me dijo que él ya no hacía prólogos pero que este me lo haría. Creo que el gran mérito de este libro es que no está mediado por la memoria. Los mismos protagonistas, cuando lo leyeron, no se acordaban de muchas cosas que habían relatado. Además, el libro ayudó a rescatar aspectos olvidados o perdidos. Hay tres historias que están firmadas con el nombre sólo, no están los apellidos. Nunca los supe, ni siquiera sé si esos nombres eran verdaderos. Pero cuando se publicó el libro, el único de los protagonistas que todavía vive en Italia, Walter Calamita, pasó por Roma para participar de la presentación y juntos miramos los nombres que estaban sin apellido –Daniel, Hugo y Jaime– y él me preguntó: “¿Jaime es chileno?”. Le dije que sí y él se acordó de que había vivido con Jaime. Empezó a averiguar y llegó a dar con él: el hombre vive hoy en Suecia. El cónsul que salvó vidas Otros testimonios hablan de un cónsul italiano en Rosario que salvó gente. Yo averigüé a través de (Enrico) Calamai, quien fue cónsul en Buenos Aires y escribió un libro sobre el tema, y él me dijo que no sabía quién era ese cónsul. Pero después de la presentación del libro, que tuvo lugar en la Embajada Argentina en Roma, una de las personas que se ocupa de los argentinos en Italia empezó a buscar y lo encontró: ahora tengo el nombre y apellido del ex cónsul; está retirado y vive en Sicilia, y cuando yo vuelva a Roma lo voy a llamar. La Embajada Argentina quería condecorarlo. En uno de los testimonios se da cuenta de que este cónsul encuentra al protagonista en la calle; él va en auto y le pide que suba y así le salva la vida. No fue el único, ese cónsul ayudó a también a otra gente. –¿Cuándo llegó a Italia? –Llegué en el año 72. Yo ya estaba en Italia cuando empezó la Triple A y se produjo el golpe. Junto con cuatro argentinos que vivíamos allí organizamos un comité pequeñito que hizo algunas denuncias. Luego llegó Lilí Mazzaferro y se integró con nosotros; entonces cambiamos el nombre e hicimos un comité mucho más amplio y empezamos a acoger a toda la gente que llegaba y, bueno... trabajábamos como podíamos. –¿Era fácil conseguir la solidaridad de los italianos? ¿Se entendía lo que ocurría en la Argentina? –En Italia era bastante difícil. Nuestros aliados naturales, que eran las organizaciones de izquierda italianas, tenían muchos problemas porque en ese momento estaban en plena acción las BR (Brigadas Rojas), entonces lo de Argentina para ellos era incomprensible. Y el peronismo nunca lo entendieron, todavía siguen hablando de qué es el fascismo. En fin, tenían bastante temor a quedarse pegados en una cosa de grupos armados. Entonces no era muy fácil. Con todo logramos hacer muchas cosas, creo que lo más importante que hicimos fue una solicitada en “Clarín” que apareció en el 81, firmada por todo el arco institucional italiano, pidiendo por los derechos humanos y los desaparecidos. Iba firmada por intelectuales de renombre y por los secretarios de todos los partidos políticos. –¿El libro está traducido al italiano? –No, yo traté de conseguir una editorial italiana sin éxito y luego apareció la editorial esta argentina –Fabro–, que está en una línea revisionista. Lo presentamos en diciembre en el Centro Haroldo Conti, ex ESMA. En Italia se hizo la presentación en la Embajada Argentina y luego se hizo una obra de teatro con los testimonios. –¿Cómo ve el tema de los derechos humanos en la Argentina? –Ha habido un avance importantísimo. Creo que la memoria es importante pero no hay memoria sin justicia. Todo lo que se hace en este sentido debe continuar, rechazo a los que dicen basta. Este capítulo debe seguir abierto como ocurrió en Europa con los crímenes del nazismo.