Una nueva fuerza para un nuevo código

03 ene 2013 - 00:00
Comparte esta noticia

Inmersos en el debate sobre una nueva ley orgánica de Policía, se me hace muy difícil o quizás imposible pensarla sin otra estructura policial ni judicial. La Policía tiene dos funciones básicas que la definen: una es la prevención de delitos y la otra, investigar los ya cometidos. Prevenir delitos determina en buena medida la relación entre la policía y la sociedad, pues de acuerdo con el modelo que se elija tendremos una policía de proximidad, policías comunitarias o modelos más tradicionales. Sin embargo, la forma en que se investiga depende en gran medida del modo en que se relaciona la Policía con la Justicia. Y pensar modelos eficientes de investigación sin una profunda modificación de la actual estructura judicial es casi imposible. Nuestro Código Procesal Penal actual tiene ya 25 años de vigencia en la provincia, pero más de 100 en modelos comparados, y lo que se puede observar invariablemente es que si alguna vez funcionaron hoy dejaron de hacerlo. A esto se suma que muchas de sus directivas básicas colisionan con la interpretación de la Constitución que rige en la actualidad, como quedó demostrado en el reciente fallo Sandoval. La Policía actualmente no tiene una dirección única: depende de jueces o fiscales de acuerdo con criterios que no se relacionan con la eficiencia en la investigación sino con la ventanilla donde se recibe la denuncia. No hay una investigación única en cabeza de quien acusa, el fiscal, sino que puede pivotear entre fiscales y jueces de Instrucción alternativamente. Esto lleva a que existan tantos criterios como jueces y fiscales en una jurisdicción, generando en las fuerzas policiales una actuación limitada. Es necesaria una reforma procesal que ponga la investigación y la dirección de la Policía en cabeza del Ministerio Público Fiscal y deje a los jueces sin injerencia alguna en la investigación. Río Negro es singular entre las provincias con las que lindamos, pues todas ellas generaron reformas procesales sin poder cambiar sus policías. Nosotros cambiamos la policía sin cambiar la Justicia. Personalmente, y como juez, siento pena pues parece que nuestra Justicia es más reticente al cambio que nuestra Policía, pero confío en que ambos procesos se desarrollen, en definitiva, en forma paralela, pues ambas instituciones se encuentran indisolublemente unidas y el éxito de una es el de la otra y viceversa. (*) Juez de Ejecución Penal

NEWSLETTER

Suscribite a “Noticias del día” Recibí todas las mañanas un correo con toda la información.