Violencia de género: denunciar siempre

Por la persistencia de algunos mitos, muchos ven la agresión sexista como algo “privado” que debe tratarse en el ámbito familiar. De lo individual a lo público, por qué es clave actuar rápido para cortar el ciclo de violencia.

21 jun 2012 - 00:00
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El concepto “violencia de género” se refiere a “todo acto de violencia sexista que tiene como resultado posible o real un daño de naturaleza física, sexual o psicológica, incluyendo las amenazas, la coerción o la privación arbitraria de libertad para las mujeres, ya se produzca en la vida pública o en la privada”.

La violencia sexista ejercida por el varón agresor contra una mujer es un círculo que comienza con sutiles formas de manifestación y es importante estar alerta para detectar estas señales indicadoras de una relación violenta.

Los celos, el control y el aislamiento son el comienzo de un ciclo de violencia.

En el siguiente ciclo vendrán el primer empujón y el primer golpe.

Luego llegarán el pedido de perdón y la promesa de que nunca más se repetirá.

Pero este ciclo volverá a comenzar cada vez con más violencia.

Es fundamental que las mujeres que están viviendo una relación de violencia se acerquen a profesionales para que se fortalezcan y comprendan que ese círculo no es generado por ellas y que el objetivo del varón agresor es controlar y dominar, razón por la cual siempre tendrá la excusa o el argumento para violentar.

Y tener presente que “si te controla, te grita, te descalifica, eso no es amor, es violencia”.

Existen diferentes tipos de violencia contra las mujeres: psicológica, física, sexual, simbólica, económica y patrimonial.

Estas modalidades contemplan desde lo intrafamiliar hasta lo institucional, es decir, todos los ámbitos en los que se desarrolle la violencia.

El denominador común de las mujeres en situaciones de violencia de género es encontrarse con una baja autoestima, un alto nivel de confusión, desvalorización, dependencia y aislamiento.

Es fundamental fortalecerlas y orientarlas para que puedan utilizar los recursos que tienen.

Para ayudar a una mujer que esté atravesando esta situación, en primer lugar tendremos que escucharla y orientarla para que pueda acudir a alguna institución que cuente con un equipo interdisciplinario y que evalúe la situación de riesgo en la cual se encuentra.

Es importante comprender que cuando están en peligro la libertad y la seguridad de una persona –en este caso, de una mujer que es maltratada– esta situación pasa a ser un delito.

Por lo tanto deja de ser algo privado, porque ningún delito es privado.

Los delitos se condenan y en este caso es imprescindible la condena social.

Si escuchamos una fuerte pelea en una casa vecina y nos damos cuenta de que hay una mujer que está siendo maltratada y optamos por “no meternos” con la excusa de que esa mujer es una desconocida, ¿que sentiríamos si la mujer maltratada fuera un afecto nuestro y alguien que escuchara la pelea subiera el volumen del televisor para no oír sus gritos? Mirando para otro lado somos cómplices de la situación.

Llamar a una puerta para interrumpir una agresión muchas veces salva una vida, porque al hacerlo estamos impidiendo que el círculo de violencia continúe.

Se debe llamar a la policía si en la situación de violencia, desde lo que escuchamos, tenemos indicios de que la mujer corre peligro.

(Continúa en la página 24) (Viene de la página 23) La violencia no es un destino para ninguna persona; de un vínculo de violencia se puede salir si pedimos ayuda y acudimos a los lugares donde nos pueden orientar y ayudar.

Una vida libre de violencia es un derecho.

Los mitos sobre la violencia en la pareja están instalados en la sociedad y sostienen una cultura que justifica la agresión y culpabiliza a la mujer que es maltratada.

Es importante reconocerlos.

• “Si una mujer se queda con la pareja aunque la maltrate es porque le gusta, porque si no se separaría”.

De hecho, la mayoría abandona la relación.

Si no toman la decisión es por el nivel de confusión, dependencia emocional y aislamiento al que son sometidas.

• “Los hombres les pegan a sus parejas porque son alcohólicos o drogadictos”.

Las agresiones nunca son causadas por las drogas y el alcohol.

Sólo algunos agreden si han consumido.

La realidad indica que el consumo aumenta la intensidad o peligrosidad de las agresiones pero no las provocan.

• “Los hombres que maltratan a su pareja están locos o enfermos”.

La persona que padece un trastorno mental no tiene conciencia de sus actos, actúa sin control siguiendo sus impulsos.

El hombre violento sí tiene conciencia de sus actos.

Decide ejercer la violencia y a quién dirigirla.

Casi la totalidad de los hombres que agreden no están enfermos ni “locos”, son simplemente criminales.

• “Un hombre no maltrata porque sí, ella se lo buscó.

Seguramente algo habrá hecho”.

Nada justifica una agresión.

La conducta del agresor suele ser imprevisible e independiente de la conducta de su pareja.

• Aunque una mujer sea maltratada por la pareja, “hay que quedarse por los chicos”.

Ser testigos de agresiones tiene consecuencias graves sobre el bienestar emocional y la personalidad de las niñas y de los niños.

Sostener este vínculo familiar es generar una escuela permanente de violencia.

• “Él le pega a la pareja porque a veces no se puede controlar”.

La agresión es una elección y tiene como objetivo el sometimiento y la dominación de la mujer.

• “La violencia hacia la mujer en la pareja sólo se da en familias sin educación o humildes”.

La violencia de género es un hecho que afecta a las mujeres, sin distinción de nivel sociocultural, educativo o económico.

• “Le pega a la pareja porque de chico le pegaban.

No lo hace de malo”.

La relación no es la de causa-efecto, no todos los hombres que maltratan a sus parejas han sido testigos de violencia o han sido también maltratados.

Hay hombres que han sido maltratados en su niñez y en la adultez eligen no repetir la historia de violencia en sus vínculos afectivos.

• “Las peleas en una pareja son cosas privadas, no hay que meterse”.

No es un asunto privado ya que es un delito contra la libertad y la seguridad de las personas.

Mirar para otro lado nos hace responsables de que “el secreto” siga protegiendo al varón violento y aumente la soledad de la mujer que es maltratada.

(*) Cofundadoras de la asociación civil La Casa del Encuentro