El Rojo, un David que le pelea a Goliat

02 ene 2018 - 13:10
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Independiente tiene por delante en este 2018 su desafío: ser competitivo y mantener la categoría. Las ambiciones se relacionan directamente con los recursos que tiene el Rojo neuquino. Lejos de las potencias que se arman para ascender, es un equipo que siempre dijo presente en situaciones difíciles con planteles poblados por jugadores regionales.

Al comparar el comienzo de 2018 con el de 2017, el momento es mejor. Aquella vez, apenas había sumado 5 de los primeros 30 puntos y la llegada de Diego Landeiro le cambió la cara para seguir en el Federal A.

En la reválida se enfrentará con equipos que ya conoce y ante los cuales se plantó con autoridad en la primera fase para lograr un colchón de puntos que lo perfilan mejor con vistas a lo que viene.

Si se toma en cuenta la fracción inicial del certamen, fue el segundo equipo que más puntos sacó (12) después de Cipolletti (15) contando los partidos frente a los mismos rivales que tendrá desde febrero. Es decir: la continuidad en la divisional no es para nada imposible e incluso tiene material para pelear por el único puesto de clasificación a la siguiente instancia.

Para ello, el equipo de Diego Trotta precisa mayor regularidad. Las rachas estuvieron muy marcadas en los primeros meses de la temporada. Un inicio a todo trapo con solidez defensiva, luego un pozo en el que perdió partidos imposibles y una levantada donde contó con el guiño de la suerte, esa que tantas veces le fue esquiva en algunas caídas.

En el camino para achicar el margen de error, el conjunto neuquino tuvo muchas lesiones musculares, sobre todo en la parte defensiva. Apenas Artaza se salvó de las contracturas y desgarros en la línea de fondo.

La aparición de Juan Manuel Vázquez y Marcos Vergara en el equipo titular, más la consolidación de valores como Facundo Dehais y Lautaro Villegas le dieron mayor intensidad al equipo. Trotta encontró variantes para hacer más largo el plantel y salir del fondo.

De todas formas, gran parte de las pretensiones que tenga el equipo dependen de sus jugadores de experiencia, fundamentalmente de Manuel Berra. Como capitán, líder y emblema, aportó goles y un rendimiento altísimo a sus jóvenes 37 años.

Otra carta que el entrenador puede utilizar con mayor énfasis es Orlando Porra. En un fútbol donde los detalles definen partidos, la pegada exquisita de Lalo en pelota parada o en movimiento puede darle alegrías o alivio al Rojo, según la circunstancia.

En definitiva, la misión del entrenador será encontrar el balance entre la experiencia y la juventud para sacarle el jugo a un equipo que siempre se brinda y cuyo triunfo más significativo es dar pelea como cuando David enfrentaba a Goliat.

Diego Trotta supo encontrar jóvenes, que le dieron muchos resultados. Con ellos, más el inoxidable Manuel Berra, tiene derecho a soñar con la clasificación.