ROCA (AR).- "Una pila, un problema. Muchas pilas..." En esa frase podría resumirse un dilema que no encuentra respuesta. En Argentina se calcula un consumo promedio de 10 pilas anuales por persona y cuando se agotan, por lo general la gente las tira a la basura, junto con el resto de los residuos domiciliarios a pesar de estar consideradas por la Secretaría de Ambiente de la Nación como "residuo peligroso universal" es decir, que por su peligrosidad requieren una recolección diferenciada.
Debido al riesgo de contaminación que tienen las pilas una batería de níquel-cadamio de teléfono celular puede contaminar una tonelada de agua en tanto que las alcalinas truchas que contienen mercurio, 600 mil litros y a una suerte de conciencia ecológica, muchas localidades del país implementaron campañas de recolección para evitar que terminen entre la basura domiciliaria.
No obstante, el resultado de estas campañas es, al menos, discutible pues miles de pilas quedaron acumuladas en containers sin recibir un tratamiento definitivo que garantice su "neutralización". Es por eso que algunos especialistas recomiendan no acumular pilas hasta que no se tenga acceso a algún tratamiento o deposición final adecuada, pues la toxicidad de estos elementos se potencia al juntarlos. La competencia sobre la gestión de los residuos generados en los hogares corresponde a la jurisdicción local, es decir, al municipio.
Las pilas en desuso
En Roca existe la ordenanza 3.410 del 2001 referida a las pilas en desuso, su recolección y tratamiento final donde se establece la colocación en lugares públicos de recipientes debidamente identificados para depósito de pilas descargadas, la realización de una "importante campaña de difusión" y, por último, en su artículo tercero indica "verificar se efectúe el tratamiento necesario para su depósito final, según lo
establezca el Poder Ejecutivo".
A fines del año 2004, ya con la nueva gestión municipal, se inició una recolección por barrio y la distribución de recipientes en 12 lugares clave como casas de fotos, supermercados, municipio, etc.
Según informó la directora de Medio Ambiente, Laura Juárez, se recolectaron en esa oportunidad cerca de 1.100 pilas de distinto tipo que fueron clasificadas e inmovilizadas en containers.
También se hicieron trabajos con alumnos del CEM 9 para formar un eco-club que tenía como primera tarea el tema pilas y la idea es ampliar el trabajo a otras instituciones educativas.
Actualmente se continúa con la recolección del contenido de los recipientes llevando la cifra a un poco más de 6.000 pilas que permanecen almacenadas en containers ubicados en el basural municipal con cierto peligro si tenemos en cuenta los últimos incendios ocurridos allí.
La Dirección de Medio Ambiente pretende ampliar la ordenanza agregando una prohibición expresa para la venta de pilas truchas mucho más contaminantes que las de marca reconocida y agregarle un proyecto educativo, no sólo en secundarios sino en primarios y público en general, a través de programas de radio, revistas o talleres.
No obstante, Juárez admitió que no hay a la vista ningún tratamiento definitivo para neutralizar los aspectos contaminantes de estos elementos.