Desde varios puntos de vista ya sea por la censura gubernamental, la intimidación o los asesinatos cometidos por narcotraficantes la libertad de prensa en Latinoamérica está pasando por su peor momento desde las dictaduras militares de la década del '70.En Cuba, que según la organización Reporteros Sin Fronteras es una de las mayores prisiones de periodistas en el mundo, los niveles de censura gubernamental ya adquieren niveles surrealistas. Hace poco, el gobierno sentenció al periodista independiente Oscar Sánchez Madan a cuatro años de prisión por "peligrosidad predelictiva".
O sea que Sánchez Madan no está detrás de rejas por algo que dijo o escribió sino por algo que podría llegar a decir o escribir. Hay por lo menos veintiocho periodistas independientes cumpliendo condenas en la cárcel, algunas de más de 20 años, según la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP).
Simultáneamente, la dictadura cubana ha lanzado una ofensiva contra las antenas parabólicas clandestinas y restringe el acceso a la internet, además de censurarlo. Cuba es el país más atrasado de Latinoamérica en materia de acceso a la red, ya que en relación al tamaño de su población está por debajo de Haití.
México ha superado a Colombia en número de muertes de periodistas este año, para convertirse en el segundo país más peligroso del mundo después de Irak para los reporteros, según varias organizaciones pro libertad de prensa.
La semana pasada, el reportero de TV Azteca Gamaliel López Candanosa y su camarógrafo, Gerardo Paredes, desaparecieron en la ciudad de Monterrey y se teme por sus vidas. El mes pasado, el corresponsal de Televisa en Acapulco, Amado Ramírez, fue asesinado cuando salía de su oficina. Se estima que casi diez periodistas han sido muertos por motivos relacionados con su trabajo desde principios del 2006.
¿Por qué los narcotraficantes están atacando a los periodistas? Aparentemente, porque los reporteros están sacando a relucir la protección que los narcotraficantes reciben de policías, militares o funcionarios estatales. La intimidación está surtiendo efecto, ya que según me dicen mis colegas mexicanos hay una creciente autocensura en los medios provinciales.
En Venezuela, el presidente narcisista leninista Hugo Chávez ha anunciado con orgullo que seguirá adelante con sus planes de retirarle la licencia el 27 de mayo a la estación de televisión RCTV, lo que dejará al país sin ninguna cadena de señal abierta crítica del gobierno.
Afirmó que el espacio de RCTV será ocupado por una emisora estatal. Esto significa que, de ahora en más, Venezuela sólo permitirá una visión crítica en la televisión por cable o en los medios escritos, que no llegan al grueso de la población.
¿Sorpresa? No debería serlo. Hace ya más de 4 años, el 26 de enero del 2003, Chávez dijo en Puerto Alegre, Brasil: "Que nadie se extrañe en el mundo si en Venezuela, dentro de poco, comenzamos a cerrar plantas de televisión... Ninguna libertad es ilimitada".
En Ecuador, el presidente populista Rafael Correa ha iniciado un juicio al director del periódico "La Hora", por haber dicho en un editorial que la oficina presidencial está detrás de los grupos pro gubernamentales que intimidan a políticos de oposición.
El gobierno de Correa, un seguidor de Chávez, está atemorizando a todos los medios, diciendo que iniciará juicios similares contra quienes publican cosas que considera "sin sustento".
Mi opinión: aunque ya es preocupante el hecho de que estemos viendo un regreso de la censura y la autocensura esta vez, propiciada por Chávez y otros líderes de la izquierda reaccionaria lo peor es que haya muy pocos países que estén alzando la voz contra este fenómeno.
Cuando recientemente le pregunté en una entrevista al secretario general de la Organización de Estados Americanos, José Miguel Insulza, sobre el caso de RCTV, me respondió que él había criticado a Venezuela por este motivo, pero que ningún país miembro de la OEA había planteado el tema en el seno de la organización.
"El único que ha hablado de este tema es el secretario general", se encogió de hombros Insulza, con obvia frustración.
Eso es lo más preocupante. Y también lo es que el gobierno de Estados Unidos no tenga la estatura moral como para asumir un liderazgo en este tema, cuando sus propias cortes están presionando a periodistas para que divulguen sus fuentes confidenciales.
Al abandonar de hecho el principio de la defensa colectiva de los derechos humanos y la libertad de prensa, las democracias latinoamericanas están poniendo en riesgo sus propias libertades en el futuro.
Hoy, la libertad de prensa está siendo atacada en Venezuela. Mañana, de no haber una protesta generalizada, lo mismo ocurrirá en los países que en la actualidad no alzan la voz y no habrá una presión colectiva para detener el silenciamiento de las voces independientes.
ANDRES OPPENHEIMER (*)
Especial para "Río Negro"
(*) Periodista argentino. Analista internacional. Miami