BUENOS AIRES (DyN).-El cardenal Jorge Bergoglio puede exacerbar los ánimos gubernamentales si, como se prevé, eleva el tono sobre el ensanchamiento de la brecha social durante su reflexión en la fiesta de San Cayetano, expresión de fe popular que cada 7 de agosto se convierte en el termómetro de la pobreza y la desocupación en el país.
El escenario de "iniquidad escandalosa" al que apeló en sus últimas prédicas el purpurado puso sobre aviso a los hombres del presidente Néstor Kirchner, que intentaron saber de referentes eclesiásticos -pudo constatar DyN en fuentes religiosas- por qué Bergoglio programó dos homilías para esta festividad del patrono de la providencia.
Una será la habitual en el santuario del barrio porteño de Liniers. La otra, al día siguiente, en la catedral metropolitana, que, por primera vez, convoca a una misa especial para pedirle al santo "pan y trabajo para todos".
La falta de respuestas desde la Iglesia movilizó a operadores K, que comenzaron a prestar atención a los discursos públicos del presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, tuvieran o no connotación social.
Por eso referentes gubernamentales escucharon in situ a Bergoglio pedirle a Dios la reconstrucción de las instituciones "sin corrupción, droga, ni inseguridad", en San Pantaleón.
También advertir sobre "una dinámica de las vanidades que marea, anestesia y abre el camino de la soberbia y el orgullo", en San Ignacio.
Ahora se especula con que el martes, en San Cayetano, el arzobispo de Buenos Aires cargue las tintas sobre la brecha entre ricos y pobres.
De confirmarse la versión, la prédica de Bergoglio puede reeditar la polémica con el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, quien en mayo sugirió al purpurado estudiar "un poquito" antes de hablar sobre la realidad social y reconocer los logros del gobierno en esta materia.
Fuentes religiosas explicaron que no se trata de una mera sensación térmica del primado argentino para enojar a los habitantes de Balcarce 50, sino de una "preocupación pastoral" con sustento estadístico.
La Universidad Católica Argentina (UCA) acaba de acercarle a Bergoglio un estudio de la deuda social que revela la persistencia de "una significativa brecha de desigualdad", a pesar de que las mejoras económicas de los últimos años produjeron un "impacto positivo" sobre el mercado del trabajo, el ingreso y el consumo.
Un panorama coincidente al que trazó recientemente el presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social, monseñor Jorge Casaretto, delante de empresarios, funcionarios y sindicalistas: "Hubo progresos en los últimos años, pero todavía los índices de pobreza y exclusión son altos, por lo que debemos seguir trabajando para bajarlos".
El informe de la UCA sobre las condiciones materiales de vida en el período 2004-2006 -al que DyN tuvo acceso- refleja una disminución en los problemas de acceso a consumos básicos alimentarios, vestimenta, asistencia médica y medicamentos.
Pero también revela que son "altos" los indicadores de déficit social, sobre todo en los estratos más vulnerables, lo que genera -advierte la UCA- "una significativa brecha de desigualdad".
Plantea, además, un interrogante. ¿En qué medida el crecimiento económico de los últimos años se tradujo en una reducción de las brechas de desigualdad respecto de la satisfacción de necesidades esenciales de la vida humana?
Una pregunta que, se anticipa, será el disparador de la homilía de Bergoglio en San Cayetano.
GULLERMO VILLARREAL