A lo largo del libro encontrarán ejemplos concretos que pueden resultar paradigmáticos o simplemente llamativos.
Rudy Ulloa, un ex chofer de Kirchner, recibió en un año más de tres millones de pesos de publicidad a través de la Secretaría de Medios de la Nación, la Legislatura y la gobernación de Santa Cruz, dinero de sobra para sostener a su grupo de medios que funciona como un aparato de propaganda política del oficialismo. Gracias a otro vacío legal, los medios públicos son manejados como si fueran del gobierno y no del Estado (...) Desde la Secretaría de Medios, Enrique "Pepe" Albistur, un publicista que nunca dejó de estar a cargo de las campañas electorales de Néstor y Cristina Kirchner, puso en marcha estos y otros mecanismos más sofisticados. (...)
La difusión de mensajes enlatados, de monólogos lanzados desde el atril del salón de actos de la Casa Rosada, se impuso como el método principal de comunicación de Kirchner con la opinión pública. La estrategia fue posible gracias a la contratación con fondos públicos de una empresa que graba y transmite el material sin costo alguno a los medios audiovisuales.
El "atril del asesino", como lo bautizó Albistur, se convirtió en el canal privilegiado de comunicación; por allí pasaron los mensajes institucionales y de campaña, sin distinción. Con los gastos pagos por el Estado en cualquiera de los dos casos.