SAN CARLOS DE BARILOCHE (AB) La música acompaña a la humanidad en la paz y en la guerra, en el amor y en la muerte, en el festejo y en el dolor. La Quinta Sinfonía de Tchaicovsky con que la Orquesta del Neuquén cerró brillantemente la noche inaugural de la Semana Musical Llao Llao es un paradigma de ello.
En su estructura interna y en la historia que recorrió desde su criticado estreno, en 1888, la obra del compositor ruso es la muestra de que los extremos en la vida de las personas hallan expresión a través de sus notas.
Bien lo reseñó Nelson Castro al presentar la sinfonía ante un salón Llao Llao repleto de gente, sentada hasta en las amplias escalinatas que dan acceso al señorial recinto del hotel histórico.
Recordó que Tchaicovsky fue maltratado por los medios cuando recién se conoció la quinta sinfonía. Sin embargo, la obra, maravillosa en si misma, se impuso precisamente por su carácter polémico al punto que varios de sus pasajes son célebres.
Rememoró Castro también que durante la Segunda Guerra Mundial, cuando Stravinsky la dirigía con la Filarmónica de Leningrado, justo en ese momento comenzó el bombardeo a la ciudad y el afamado director decidió seguir la ejecución hasta el final. Decenas de bombas cayeron alrededor del teatro, pero el edificio quedó intacto. "Por lo tanto dijo el presentador- el gobierno de Stalin la tomó como obra emblemática y se tocó mucho durante la Segunda guerra y cuando terminó, fue la obra con que se celebró ese momento". La guerra y la paz.
El viernes, en cambio, el rostro de la juventud y la alegría con que los integrantes de la Orquesta Sinfónica del Neuquén y su director, Andrés Tolcachir, infundieron de significado el pentagrama, otorgaron el otro sentido: del amor y la vida.
Internamente, la Quinta Sinfonía en Mi Menor, Op. 64, discurre también por la paradoja del drama humano. El comienzo lúgubre y profundamente dramático, subrayado por un difícil solo de clarinete, evoluciona en el transcurso de los cuatro movimientos a un final explosivo y triunfal, no sin antes pasar por la ligereza del vals.
Extremos que Tolcachir supo extraer de la orquesta cuyos vientos, particularmente, fueron saludados por una larga ovación. Así el bis llegó sin muchos ruegos, la Rapsodia Húngara Nº 5 de Brahms.
En la primera parte de la noche, el Triple concierto para piano, cello, violín y orquesta de Beethoven dejó a la audiencia con las ganas de que los solistas Paula Peluso, Claudio Baraviera y Rafael Gintoli, respectivamente, no se fuesen; por eso, aun a costa de transgredir los apretados tiempos que habitualmente manejan los organizadores, los tres artistas entregaron como bis "Verano Porteño", de Piazzolla, antes de retirarse en medio de aplausos y muestras de simpatía.
Fue el mismo programa con que la orquesta despidió exitosamente el ciclo 2007 de Armonicus en la ciudad de Neuquén. Por fortuna para los barilochenses, la Quinta Sinfonía de Tchaicovsky, fue reiterada ayer en la iglesia Catedral, a cambio solo de un alimento no perecedero, para Cáritas.
El programa hoy
La Orquesta de Cámara de Bahía Blanca junto a la violinista suiza Malwina Sosnowska tendrán a su cargo, hoy, el concierto gratuito del mediodía en el Llao Llao. Interpretarán Danzas Alemanas de Joseph Haydn; Geografía Musical, de George Telemann; Tríos Souvenirs D'un Lieu Cher, de Tchaikowsky; Trames, de Jost Meyer y Variaciones sobre un Tema Original Op. 15, de Wieniawski.
Luego a la noche, desde las 21, la gran cena concierto, con un cuarteto vocal y piano a cuatro manos. Alicia Belleville (piano), Hernán Iturralde (barítono), Osvaldo Ledesma (tenor), Elisabeth Canis (mezzosoprano), Diana Schneider (piano) y Graciela Oddone (soprano) interpretarán un variado repertorio que incluye temas de Indianas, de Carlos Guastavino y una Vidala, de Carlos López Buchardo, hasta Valses de Amor Op. 52, de Johannes Brahms; fragmentos de "Porgy And Bess", de George Gershwin; de "Cosí Fan Tute", de Mozart; y piezas de Rossini, Leo Delibes, Georges Bizet, Johann Strauss y Henry Duparc.