Sábado 13 de Octubre de 2007 Edicion impresa pag. 51 > Cultura y Espectaculos
Encuentro con la historia del rock
Junto a David Lebón, estará hoy en Bariloche y el lunes y martes, en Neuquén, para recorrer viejos temas .

EDUARDO ROUILLET

Quince años después de la última reunión de Serú Girán, en 1992; después de treinta de aquel verano en Buzios que vio la génesis del cuarteto, Pedro Aznar y David Lebón se reencontraron alrededor de la música, junto al piano de un tercero en discordia, Andrés Beuswaert, invitado integrante de la banda estable de Aznar.

La puesta en público comenzó en el ND Ateneo de Buenos Aires, allá por abril, y se abrió en una gira por el país.

De hecho, aprovechando el feriado largo, ahora llega el turno de Bariloche, donde se presentarán hoy, a las 21:30, en el Cine Arrayanes, y el de Neuquén, donde estarán el 15 y 16, a las 21, en el Casino Magic. Allí cantarán a coro "Fotos de Tokio", "Amor de juventud", "Después de todo tiempo", "El tiempo es veloz", "Tu llegada", "Casa de arañas", "Noche de Perros", "Voy a mil", "Mundo agradable", "A cada hombre, a cada mujer", "Si me das tu amor", "Dos edificios dorados", "Copado por el diablo", y "Seminare"... Un cruce entre dos músicos que se conocen casi de memoria hasta en sus

cuestiones personales, maneras de mirar, afinidades, desencuentros, ideas.

"Somos conocidos muy cercanos y nos sabemos al dedillo uno al otro. Eso crea toda una serie de cosas, posibilidades de encuentro. Podría decirte, en un sentido familiar que nos conocemos las mañas", define sonriendo Pedro, con voz fatigada.

"Por un lado, eso da la tremenda confianza de saber muy bien qué puede hacer el otro, de qué cosas se puede hacer cargo... Es como una red de seguridad. Un poco, como hacerse al mar con un navegante súper experimentado con quien se saben perfectamente cuáles son las potencialidades mayores de cada uno, cómo se complementan y cuál es el mejor resultado de esa interacción."

Suena muy bueno por las facilidades que otorga, pero también puede recortar expectativas...

No propias. Ajenas, no sé... Pero... En cuanto a nosotros, primó el aspecto positivo de eso. Porque además es una circunstancia que ya de por sí provee un factor de novedad y sorpresa para los dos, que es el hecho de trabajar como dúo, cosa que nunca habíamos hecho antes. Estuvimos en muchas configuraciones distintas trabajando juntos, pero no a dúo. Esto es un espectáculo y un disco íntegramente de David y mío. Entonces, eso pone el foco en otro lado; lo cual nos mantuvo y mantiene entusiasmados todo el tiempo, porque es crear algo nuevo juntos. No fue que yo le produjera un

disco a David, ni que el viniera de invitado a un concierto mío, ni Serú Girán, ni ninguna de las cosas que hicimos antes.

Estas uniones, también, con artistas que has conocido y te conocen, ¿permiten medir el crecimiento que cada uno ha tenido?

En parte sí... Sí, porque creo que la persona que mejor puede darme un parámetro de mi crecimiento es alguien que me conoce desde hace mucho tiempo y que además lo hace desde el corazón. Es alguien que tiene un conocimiento no sólo de la superficie, sino de la profundidad de mi humanidad. Y son los que me saben y pueden decirme qué cosas han cambiado, cuáles han mejorado, qué cuestiones se han ampliado. O cuáles han quedado estáticas... Por eso es un desafío interesante volverse a juntar con alguien con quien tengo tanto tiempo de ruta juntos. Por esa mirada, que si es crítica tiene mucho fundamento para serlo, mucho conocimiento de causa.

 Algo así como un hermano musical.

Exactamente. Sí. Hermano en el sentido de par, en cuanto a lo profesional y a lo afectivo. Es algo muy enriquecedor y además te saca de los hábitos. Te saca de tus propias mañas. Porque uno también tiende a repetir ciertas cosas que salen con facilidad y que son un poco producto de la espontaneidad y de la repetición. Muchas veces, inconscientemente, echás mano a lo primero que te sale y no explorás otras facetas que podrían ser interesantes. Ahora, tener que sacar de vos mismo recursos para responder a lo que otro está proponiendo, obliga a sostener una mirada fresca, a responder al instante, y no al hábito. Es renovador para cualquiera, yo lo disfruto mucho y aprendo mucho de cada experiencia como ésta.

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