CARLOS TORRENGO
Enviado especial a Bolivia
Sucedió un sábado de mediados del '80. Confitería "Tolón", Santa Fe y Coronel Díaz. Tres periodistas están sentados con Arturo Frondizi. De una mesa se levanta un hombre de rostro bronce. Melena y bigotes abundantes. Blancos. Se acerca.
-Doctor Frondizi, me emociona verlo. Soy Juan Lechín Oquendo -dice, y el ex presidente se para. Lo mira. Lo abraza.
-¡Lechín Oquendo, el boliviano!
-Sí, sí... por lo menos el de una Bolivia, porque Bolivias siempre hay muchas, doctor -responde el ya por entonces legendario líder de la Central Obrera Boliviana (COB).
Quizá no muchas. Pero por estas horas, mirada Bolivia desde Santa Cruz de la Sierra, bajo diluvio y 40 grados, hay dos Bolivias. Y son conocidas como para extenderse: la de la Media Luna (seis departamentos -provincias- que generan el 80% del PBI del país: gas, petróleo, ganadería y un tramado sólido de relaciones comerciales con Brasil) es el oriente boliviano. Y el occidente boliviano, andino, el más poblado del país, sociedad en la que predominan los aymaras y quechuas, y que pivotea en la burocracia estatal de un país que tiene su capital en Sucre pero su gobierno en La Paz.
Pero casi respondiendo a un designio milenario de culturas que se mueven por momentos más por gestos que por palabras, espacios en los que los intereses se manejan
vía códigos inescrutables, nada de esta realidad es totalmente lo uno o lo otro.
Sólo en la superficie lo es. Un caso: Cochabamba, un millón de habitantes. Su prefecto Manuel Reyes Villa es uno de los más activos dirigentes de la Media Luna, pero la mitad de la población que lidera se opone a esa línea. ¿Por qué? Porque gran parte de la economía del territorio que lidera es cocalera y respalda al presidente Evo Morales. ¿Pero el encontronazo entre estas dos Bolivias se debe a Evo Morales y su polémica reforma de la Constitución?
-Nada más inocente que creer que el problema es Evo. Sin él, igual estaríamos en esta colisión -sentencia el culto y sobrio chef de la cocina del Hotel Cortés. Se formó en Argentina, ama Madryn y sus ballenas y quisiera conocer Bariloche.
-El error de Morales y de las fuerzas que lo apoyan consiste en crear un nuevo antagonismo, esta vez entre indígenas y no indígenas -sentencia el historiador José
Luis Roca. Y en su interesante libro "Fisonomía del regionalismo boliviano" sentencia:
-La sociedad boliviana no está segmentada racialmente, es abigarrada y transcultural y, si bien por siglos hubo predominio del blanco sobre el indio, esa larga carga está enterrada, precisamente, con el encumbramiento por la vía democrática de un indio a la presidencia.
-Que un indígena llegue a presidente no quiere decir que la sociedad no esté segmentada... lo está cotidianamente en el consumo, las posibilidades, el trato, la postergación que sufren los indígenas -señala "Chato" Peredo. Apellido con historia de guerrilla. Dos de sus hermanos, uno de ellos Inti, siguieron al Che en su aventura. Los dos cayeron.
Ambas Bolivias reflejan discrepancias cuyas raíces se hunden en la historia. Siempre con la necesidad de evitar el discurso único, vale lo que señala el filósofo H. Mansilla en su libro "Problemas de la autonomía en el oriente boliviano".
-Son tradiciones culturales y sociopolíticas distintas... la tendencia al colectivismo en el occidente andino es contrapuesta al individualismo oriental, que se traduce en una inclinación más favorable a la propiedad privada en el oriente, contrapuesta a formas comunitarias de propiedad en el occidente.
Dos Bolivias. Y por estas horas, mirándose a cara de perro.