El anuncio fue realizado recientemente desde la División de Farmacoterapias del Instituto sobre el Abuso de Drogas de Estados Unidos (NIDA). Pero hay especialistas que advierten que el tratamiento del tabaquismo a nivel inmunológico todavía está en una fase de experimentación, y que la inmunización no tendría efecto en todas las personas.
Son unos 40.000 los que mueren cada año en la Argentina por el tabaquismo y se calcula que uno de cada dos fumadores fallecerá por alguna enfermedad relacionada. No es un dato menor si se tiene en cuenta que 8 millones de personas son adictas al cigarrillo.
En este contexto, la promesa de una vacuna que termine con la problemática suena tentadora.
Van desfilando
Actualmente hay tres vacunas que se están probando en humanos. La primera -Nic Vaxtim- fue creada por un laboratorio norteamericano. Se comenzó con su fase de experimentación clínica en agosto de 2003, con 63 voluntarios. Y según los datos que la compañía hizo públicos, el 33% de las personas tratadas dejó de fumar, cuando dentro del grupo control que recibió placebo sólo un 9% abandonó el cigarrillo.
La segunda vacuna -Ta-Nic- fue desarrollada por una compañía del Reino Unido. En octubre de 2003 comenzó la fase 2 de ensayos clínicos de la cual participaron 60 voluntarios. Los primeros resultados, que se anunciaron en julio de 2004, indicaron que la vacuna es segura.
En marzo de 2005 la compañía difundió nuevos datos que señalaban que los individuos sometidos a la vacunación tenían un abandono del hábito tabáquico del 19 al 38%, dependiendo de la dosis, frente al 8% entre aquellos a quienes se les dio placebo.
La tercera vacuna, y probablemente la de resultados más auspiciosos, está siendo desarrollada por una compañía suiza y se denomina Inmunodrug TMCYT002-NicQB. Consiste en moléculas de nicotina colocadas sobre una molécula transportadora. Esta vacuna inició su fase 2 de experimentación clínica en enero de 2004 con 300 voluntarios. Los resultados indican que la vacunación favorece una abstinencia continua de 12 meses en aquellos sujetos con una concentración alta de anticuerpos antinicotina.
Según explicó el neumonólogo y director del Programa Respire de la Unidad Especializada en Tabaquismo del hospital Británico de Buenos Aires, Reynaldo Smith, "los tratamientos inmunológicos antinicotínicos utilizan las propiedades y la capacidad del sistema inmune para reconocer a todas aquellas sustancias ajenas al cuerpo. Este sistema de defensa actúa generando proteínas, que son los anticuerpos que se unen a moléculas extrañas al organismo denominados antígenos. Esta unión antígeno-anticuerpo permite que posteriormente se destruya la molécula extraña como lo son por ejemplo, los virus u otras sustancias".
Inmunización activa
y pasiva
Hay dos estrategias básicas desde el punto de vista de la inmunización: la que es activa y la inmunización pasiva. La inmunización pasiva consiste en suministrar a los individuos anticuerpos que se unan a la nicotina y eviten su llegada al cerebro. Estos anticuerpos no sólo se unen a ella sino que además hacen que se transformen en sustancias inactivas.
Al unirse anticuerpo y antígeno -en este caso la nicotina- se impediría que esta última llegue al cerebro, específicamente a los denominados receptores nicotínicos que son los encargados de recibirla.
En la inmunización activa se trata a los fumadores con nicotina unida a otra sustancia -denominada adyuvante- para provocar una respuesta inmune.
"Al agregarle un adyuvante, que es un anticuerpo, al antígeno que en este caso es la nicotina, se crea una molécula tan grande que es filtrada por la barrera hematoencefálica y por eso no llega al cerebro. La barrera denominada hematoencefálica impide la llegada de toxinas, de microorganismos y de sustancias nocivas al cerebro", explicó Smith.
Para el neumonólogo, esta vía terapéutica es atractiva para combatir al hábito pero es necesario que se evalúe su eficacia y básicamente sus efectos secundarios, porque uno de sus problemas posibles es que los anticuerpos contra la nicotina actúen de igual forma contra los neurotransmisores de acetilcolina debido a su semejanza molecular. "La acetilcolina -explica- es necesaria para la vida, tiene muchas funciones, y el peligro que tiene la inmunoterapia es que el anticuerpo reaccione en contra de la acetilcolina."
"Una vacuna diseñada adecuadamente puede ser menos costosa que los tratamientos convencionales y particularmente beneficiosa para los fumadores que no responden a las terapias actualmente disponibles, o que no pueden tolerar los efectos secundarios", sostuvo Smith.
CAROLINA STEGMAN