Para evitar la recaída frente a la ausencia de tabaco durante los primeros días de administrada la vacuna es probable que se necesiten otras intervenciones para tener éxito, ya que los efectos terapéuticos pueden aparecer varias semanas después de la inmunización activa.
Hoy se usan ansiolíticos comunes como estrategia para combatir la abstinencia, clonazepam y bupropión son los más usados.
También está la terapia sustitutiva que utiliza nicotina: parches, chicles y últimamente el spray nasal. Por último la vareniclina y el rimonabant, que también es utilizado en la obesidad.
"La vacuna podría ubicarse tranquilamente tanto para tratar las recaídas como para prevenir el inicio del consumo en niños y adolescentes, pero esto último aún no se sabe muy bien. Es una alternativa a evaluar seriamente porque hacen falta muchos más avances en cuanto a la genética y a la neurobiología del tabaquismo para ensayar la aplicación en niños. Lo que sí se estima es que a futuro se transformaría en una herramienta para prevenir o contrarrestar el síndrome de abstinencia", opinó Smith.
Con todo, la vacunación contra la nicotina parece estar aún muy lejos, y su eficacia no es del 100%.
"Una vacuna no controla el tabaquismo: ayuda, pero no es la panacea para dejar de fumar", concluyó el especialista.