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Espejos europeos |
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Por ser la Argentina un país poblado en buena medida por los descendientes de españoles e italianos, hay cierta propensión a atribuir sus vicisitudes a la herencia doble así supuesta. Conforme a los estereotipos tradicionales, mientras que los españoles se resistían a reconciliarse con el progreso económico, por su industria y su ingenio los italianos lo impulsaban, pero a juzgar por la evolución reciente de España e Italia tales prejuicios ya carecen de sentido si es que alguna vez lo tuvieron. Según la oficina de estadísticas de la Unión Europea, el año pasado el ingreso per cápita de España superó al italiano. Puesto que hasta hace apenas veinte años España era un país célebre por la extrema pobreza en que vivían sus habitantes, es posible que sea la primera vez en la historia que ello haya ocurrido. Por lo demás, es más que probable que en los años próximos la brecha siga ampliándose. España ostenta desde hace tiempo una tasa de crecimiento más elevado que la de Italia, país que está inmerso en una prolongada crisis no sólo política y económica sino también anímica. Explicar la diferencia no es difícil. En los años finales de la dictadura del general Francisco Franco, los españoles comenzaron a abrirse al mundo que antes habían desdeñado, un proceso que fue intensificado por los gobiernos democráticos, tanto los socialistas como los conservadores, que la siguieron. El abandono por parte de los socialistas liderados por Felipe González del estatismo extremo fue sin duda clave, como también fue el que los españoles no disfrutaran de tantos derechos adquiridos como sus contemporáneos de otras partes de Europa. Asimismo, nunca hubo duda alguna de que la economía liberalizada, cada vez más integrada a la de la Unión Europea y por lo tanto al sistema internacional, brindaba frutos muy superiores al modelo corporativista de antes. En consecuencia, los españoles han estado más dispuestos que otros a pensar más en las oportunidades planteadas por la globalización que en las desventajas, razón por la que las esporádicas reformas liberalizadoras no se han visto frustradas por la fuerte resistencia de los perjudicados en potencia como ha ocurrido no sólo en Italia sino también en Francia. Aunque Italia nunca fue un país tan cerrado como la España de antes, ha sido mucho menos capaz de adaptarse a los cambios económicos que están reordenando el mundo. Por cierto, no la ha ayudado la convicción de estar entre los países más ricos que se difundió hace aproximadamente veinte años cuando, gracias a la decisión de tomar en cuenta el presunto aporte de la economía negra, el gobierno anunció que el producto bruto nacional era superior al británico. La euforia producida por "il sorpasso" duró poco: merced a las reformas vigorosas impulsadas por la primera ministra Margaret Thatcher el Reino Unido se recuperó para entonces dejar atrás a Italia, Francia y, en cuanto al producto per cápita, Alemania. Sin embargo, los dirigentes italianos, convencidos de que su modelo era exitoso, se durmieron sobre sus laureles. Si bien muchos entendían que serían necesarios cambios radicales para que su país se mantuviera competitivo, no pudieron hacer mucho contra la oposición de los sindicatos y de una izquierda poderosa contraria a todo cuanto a su juicio sabía a "neoliberalismo". En el mundo actual, el estado de la economía incide tanto en la moral de los distintos países como antes incidían las hazañas bélicas. No extraña, pues, que los dirigentes españoles rebosen de confianza, mientras que entre los italianos predomine el pesimismo. En España, no hay duda de que el pasado era peor, pero según los sondeos en Italia se ha difundido la sensación de que lo mejor ya ocurrió hace tiempo y que el porvenir no podrá sino verse signado por menos dinamismo y más pobreza, más confusión política y menos cohesión social. Algunos hablan de la progresiva "argentinización" de su país, lo que puede sonar absurdo aquí luego de un lustro de crecimiento vigoroso, pero es forzoso recordar que a pesar de ello nuestro nivel de vida apenas si llega al cuarenta por ciento del italiano. Para alcanzarlo, los gobiernos futuros tendrían que aprender de la experiencia ajena y adoptar medidas que se asemejen más a las toleradas por los españoles que a las repudiadas por muchos italianos. |
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|  | | | | Para transitar en automotor se necesita llevar - carnet de conductor,
- seguro que cubra a terceros
- último recibo de patente
- revisión técnica obligatoria si el vehículo tiene más de 2 años
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