Hasta ahora, Nicolas Sarkozy gobernó en Francia como un rey.Las leyes eran aprobadas por el Parlamento preferentemente en procedimientos record. No debía temer a una oposición seria: su partido UMP estaba signado por el éxito.
Sin embargo, desde que decayó la aprobación de Sarkozy en las encuestas, el presidente empezó a sufrir contratiempos incluso en su misma agrupación.
El gran paquete de reformas del Estado y los sistemas sociales presentado ayer se convertirá en una prueba de fuego. Para muchos representantes, las propuestas van demasiado lejos. Ahora, el UMP pide seriamente participar en la decisión, y Sarkozy promete flexibilidad.
"Todavía no superamos el haber sido olvidados en la reforma medioambiental", dice el jefe de la fracción de la UMP Jean-François Copé. "Tenemos gran cantidad de ideas", agrega. Su vice, Jean Léonetti, afirma: "Sería catastrófico si el Parlamento es obligado (a votar) un paquete global sin tener derecho a hacer un inventario (de las medidas)".
Sin embargo, justo eso es lo que propone el ideólogo de las reformas elegido por Sarkozy, Jacques Attali.
"Ninguna medida puede ser aplicada por fuera del todo". Hasta el 2009, Attali quiere tomar 316 "decisiones para cambiar a Francia". Sarkozy le había prometido anteriormente: "Vamos a hacer realidad lo que propuso". Ayer fue más cuidadoso en sus formulaciones y dijo que "en general" las propuestas le parecían "razonables". Sin embargo, subrayó: "Sólo cuando se emprenden todas las reformas al mismo tiempo hay posibilidades de éxito".
Los conflictos están servidos. Muchas de las propuestas generan molestias en los representantes. Léonetti considera una "provocación inadmisible" la propuesta de eliminar los "départements" (departamentos).
Por su parte, Sarkozy dijo que el tema no era de alta prioridad. Otros temas también son controvertidos, desde las condiciones para el acceso a determinados trabajos hasta la reducción de la participación del Estado en la economía en un uno por ciento al año o 20.000 millones de euros (29.130 millones de dólares).
A sus espaldas, algunos políticos del UMP critican la decisión de Sarkozy de que Attali presidiera la comisión de reformas. El intelectual fue en los años '80 el "sherpa" del presidente socialista François Mitterrand e incluso escribió una obra sobre Karl Marx. Tampoco es un neogaullista. "También el UMP cuenta con sus cerebros", se afirma. Ahora, justo el "izquierdista virado al sarkozysmo" Attali presenta una política radical de liberalización. "Lo escandaloso no es el enriquecimiento sino la pobreza", afirma.
En vista de la creciente oposición, Sarkozy dirige sus antenas hacia el partido. A principios de febrero se asesorará acerca de las reformas en un seminario del gobierno, según prometió. "Obviamente el Parlamento estará incluido en este trabajo", explicó. Ya en la pelea por la politización de las elecciones comunales en marzo, Sarkozy se había alejado del partido. Aseguró que el presidente se había metido con todo en la campaña "porque el concepto de elección despolitizada es absurdo".
"¿Debía acaso mirar inmóvil cómo mis adversarios se movilizaban?", se preguntó. Sin embargo, muchos alcaldes del UMP temen "contagiarse" de la baja en los índices de Sarkozy en las encuestas. El ex superministro de Sarkozy, Alain Juppé, incluso quitó el logo del UMP de sus afiches partidarios.
HANS-HERMANN NIKOLEI
DPA