La artritis es una inflamación de las articulaciones que aparece con dolor e hinchazón. La causa de esta enfermedad no es una sola: puede tratarse de una artriritis reumatoidea primaria, en la que se conocen cada vez mejor los mecanismos inmunológicos que implica pero no tanto cuál es la causa que los desata; o puede ser secundaria, y surgir a partir de una infección o de traumatismos. "Una vez diagnosticada la artritis, debemos buscar el 'apellido'", grafica el doctor Julio Hofman, especialista en Reumatología.
Existen varios tipos de artritis, como la artritis reumatoidea, artritis psoriásica, artritis reactivas, artritis enteropáticas, artritis infecciosas, virales, artritis por microcristales. "Pero la más conocida es la gota, provocada por el cristal de ácido úrico", afirma Hofman.
Si el diagnóstico es artritis reumatoidea, el caso más común de esta enfermedad, la misma se vuelve crónica, y aún no se conocen las causas. La artritis reumatoidea se caracteriza por comprometer varias articulaciones y afecta, por lo general, a gente joven, sobre todo a las mujeres. Y además evoluciona en forma crónica.
"Ningún tratamiento para la artritis está totalmente libre de poder provocar efectos colaterales", afirma el doctor José A. Maldonado Cocco, especialista en reumatología y jefe del servicio de Clínica Médica del Instituto de Rehabilitación, de la ciudad de Buenos Aires.
Esos riesgos de efectos colaterales, señala Maldonado Cocco, son lo que se debe minimizar: "Para ello el médico debe conocer muy bien los medicamentos que emplea y sobre todo conocer bien al tipo de paciente y qué forma clínica de la artritis padece el enfermo. Se debe conocer los antecedentes clínicos del enfermo, si ha tenido problemas gástricos, hepáticos, renales, pulmonares, entre otros", dice, y agrega que cada paciente debe recibir un tratamiento adecuado y en forma individual.
"Muchos medicamentos pueden presentar efectos colaterales, de diferente intensidad. Pero los beneficios que brindan se imponen ampliamente a los riesgos que puedan ocasionar, motivo por el cual es autorizada su indicación por los distintos entes nacionales e internacionales que regulan la aprobación de productos medicinales", indica por su parte Hofman.
La terapia biológica es un tratamiento revolucionario en lo que respecta al proceso de la enfermedad. Estos tratamientos biológicos son los que, a diferencia de los analgésicos o desinflamatorios, no se obtienen a través de métodos químicos habituales, sino mediante técnicas de ingeniería molecular, lo que implica contar con una tecnología y una metodología muy costosa.
Por eso el precio de estas terapias es elevado. "De todos modos debo aclarar que no todos los pacientes con artritis reumatoidea llegan a necesitar tratamiento biológico -aclara Maldonado Cocco-. Antes de ello existen otras opciones terapéuticas más baratas, que cuando son realizadas precozmente y de manera adecuada ayudan mucho a controlar la enfermedad en la mayoría de los casos."
Estos tratamientos son sugeridos recién una vez que el paciente probó con los tratamientos clásicos y no los toleró.
"Lo que también debe decirse es que la mayoría de estos agentes biológicos benefician a un alto porcentaje de pacientes, quitándoles la inflamación, sacándoles el dolor y la hinchazón, frenando o impidiendo la aparición del daño del cartílago y devolviéndole al paciente una mayor o normal calidad de vida", agrega Maldonado Cocco, quien cuenta además que muchos pacientes vuelven, gracias a éstos, a trabajar y a tener una vida normal. De esta forma quedaría implícita cierta relación de los costos indirectos del tratamiento que implican ausentismo en el trabajo, discapacidad para realizar las tareas, operaciones por el daño articular. Hay que tener en cuenta que esta enfermedad ataca a personas jóvenes, en la etapa más productiva de sus vidas.
JULIO GONZÁLEZ