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La crisis hipotecaria que se originó en los Estados Unidos y se expandió en la economía global amenaza al sistema económico provocando perjuicios, en especial en las economías emergentes. Comienza en el año 2002 cuando la Reserva Federal (Fed) resolvió establecer la tasa de interés de referencia en un nivel muy bajo (como el 2 %), inyectando liquidez al sistema financiero. Esta medida impulsó a los bancos a promover las operaciones de préstamos para financiar la compra de inmuebles, simplificando los requisitos para los tomadores de crédito. Conviene aclarar que este tipo de operaciones se contratan a tasas de interés variable. Esta variabilidad del interés les confiere una movilidad ascendente a las cuotas de amortización de los préstamos. El crecimiento de la demanda de viviendas provocó el aumento de los precios, generando lo que se denomina: burbuja inmobiliaria. Más adelante, para reprimir la inflación que se estaba generando, la Fed aumentó la tasa de interés de referencia con el objeto de enfriar la economía, a partir del 2004, hasta alcanzar el 5,25%. Al encarecerse el crédito, la demanda de inmuebles cayó, los precios bajaron y la morosidad creció considerablemente. Al principio, los primeros préstamos en caer en situación irregular fueron los llamados riesgosos o subprime. Lo cierto es que actualmente hay cientos de miles de estadounidenses que no están pagando sus créditos hipotecarios. En muchos casos, la deuda contraída supera el valor de las viviendas compradas con esos préstamos. Si tenemos en cuenta que la deuda hipotecaria fue objeto de venta y transacción económica con la emisión de bonos o titularizaciones de crédito por parte de los fondos de inversión o planes de pensión. En medio del auge de las préstamos, los bancos impulsaron el negocio utilizando los títulos representativos de deuda hipotecaria, procurándose de ese modo dinero del mercado de capitales. Tratándose de un activo financiero, estos certificados de deuda se encontraban al poco tiempo en poder de todos los bancos de inversión y en fondos de riesgo. Ante la caída de los precios de las viviendas y la creciente morosidad, los inversores advirtieron que lo mejor que podían hacer era desprenderse de esos títulos. Los bancos se encontraron con dificultades para disponer de dinero para atender la ola de ventas de sus clientes. Por otra parte, los bancos centrales salieron a socorrer a las entidades inyectándoles liquidez. Al quedar en evidencia que grandes entidades bancarias tenían comprometidos sus activos en hipotecas de alto riesgo, esto dio lugar a una severa contracción del crédito, que en la jerga financiera se denomina "credit crunch" y también una enorme volatilidad de los papeles bursátiles. Se genera entonces una espiral de desconfianza y pánico inversionista y una brusca caída de valores de todo el mundo, por la falta de liquidez. En Estados Unidos dos entidades reúnen el 50 por ciento de las hipotecas del país. En efecto, Fanny Mae y Freddie Mac se vieron afectadas con una severa caída de la cotización de sus acciones, por el temor en el ambiente financiero de que no puedan contar con capital suficiente para cubrir las pérdidas sufridas. En este momento se debate cómo será en el futuro inmediato y mediato la asistencia del Estado para evitar la quiebra de los grupos empresarios. En este punto, el interrogante que nos asalta es: ¿esta situación cómo influye en la economía argentina? y también: cómo se ha manifestado en la economía local este fenómeno. La crisis de hipotecas tiene una fuerte incidencia en la economía de nuestro país. En la práctica, para endeudarse, el país debe pagar una mayor tasa de interés y esto es debido a que los bancos de inversión deciden vender sus activos más riesgosos, como son los llamados de "riesgo emergente", los cuales se integran también con las acciones y bonos locales. Los inversores, al salir a vender en forma masiva estos títulos, generan una caída en los precios y un aumento del rendimiento de esa deuda. Cuando al Estado se le piden tasas de interés más altas, inmediatamente esta situación de encarecimiento se traslada a los consumidores-usuarios de los servicios financieros. No solamente se encarecen los préstamos con garantía hipotecaria o prendaria sino también las operaciones financieras para consumo, tarjetas de crédito, etc. La otra cuestión es que en nuestro país se realizaron numerosas operaciones de préstamos con garantía hipotecaria en la década de los '90, en pequeña medida para vivienda y más frecuentemente el Banco de la Nación implementó operatorias con Cédulas Hipotecarias, cuyas consecuencias fueron perjudiciales para los tomadores, en especial, en préstamos para la actividad agropecuaria. La consecuencia más notable de estas operaciones fue el encarecimiento severo de los servicios de la deuda a cargo de los productores, cuyas consecuencias aún persisten en la actividad. ALEJANDRO JOFRÉ (*) Especial para "Río Negro" (*) Contador público.
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