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La participación de los padres es una buena puerta de ingreso al fascinante mundo de la literatura.

La participación de los padres es una buena puerta de ingreso al fascinante mundo de la literatura.

HáBITOS QUE SE FORMAN EN LA INFANCIA

¿Cómo interesar a los más chicos en la lectura?

00:06 22/07/2012 La mediación y el interés de los padres son esenciales para la "vivencia" de los libros.

La buena mediación que incluya el interés de los padres resulta clave a la hora de que los chicos elijan libros, pero también son ellos los que por su cuenta escogen literaturas vinculadas a los fantástico, lo exótico, lo desconocido y alejado de su mundo lineal, según explican especialistas argentinas sobre los hábitos y preferencias de lectura en niños y adolescentes.

Colángelo –especialista en lectura infantil y tallerista de poesía alrededor del país– analiza que "es frecuente que lo padres quieran atraer a los chicos con textos que suponen que tienen que ver con los chicos, pero la tendencia no es así".

Una niña de diez años recibió su primer libro de Juan Villoro y desde que comenzó a leerlo no quiere ir a comer, ni bañarse ni salir a jugar hasta que termine esa novela.

Ella es hija de un analista de sistemas y tiene toda la tecnología que un niño puede tener. Sin embargo, ya realiza selección de autor. Es "tomada" por una obra de ficción y elige leer por sobre muchas otras cosas.

Esta anécdota, trasmitida por María Emilia López, especialista en literatura infantil, directora del jardín maternal de la Facultad de Derecho (UBA), editora y docente, grafica –de alguna manera– la libertad de los chicos a la hora de elegir y de disfrutar la lectura y la importancia que implica un mundo editorial que ofrezca "buenos autores que son 'atractores'".

Dejando por un momento de lado la fuerte mediación que realiza la escuela sobre las opciones, Colángelo, también educadora por el arte, explica que en el niño "hay una apetencia que muchas veces está dirigida por los padres, quienes creen que en la selección de textos deben intervenir necesidades y expectativas de los chicos, cuando en realidad ¿quién sabe exactamente cuáles son?".

En un atisbo por responder ese interrogante –más allá de los ranking y best sellers que imperan en los listados de ventas del momento– hay una realidad que atraviesa el tiempo, las modas y las tendencias y que se vincula con las elecciones naturales de niños y jóvenes que buscan la construcción de sus propios sentidos.

"Siempre se sienten atraídos por la no linealidad de la vida, por lo exótico, extraño y enigmático que no tiene que ver con sus vivencias y también por los mundos lejanos, desconocidos y fantásticos. Los chicos se interesan mucho más por esto genuinamente sin que uno los dirija", advierte.

Lo que sucede, para Colángelo, es que muchos adultos creen que el mundo representado tiene que estar más cercano al de los chicos y que sus características y personajes respondan a ese mundo.

Sin embargo, esta premisa descarta a priori textos, autores y géneros que, si bien, son supuestamente ajenos a los chicos "ellos, en plena libertad, los elegirían".

De chicos y grandes

López se dedica a estudiar el acceso a los libros en chicos de 1 a 3 años, en su análisis subraya que "los más chiquitos –con sus padres– leen aventuras, álbumes en los que la ilustración tiene un protagonismo interesante, poesía e historias cercanas a sus experiencias como la llegada de un hermano y otras fantásticas".

En el caso de los más grandes, "les interesan los libros álbum que combinan la imagen con texto. Muchos son maravillosos y otros no tanto; depende cómo se ha realizado la mediación para que esa oferta sea válida y la elijan. Lo relacionado a lo tecnológico los atrae y se lo apropian y, si hay una mediación interesante, hasta se acercan a la poesía", ilustra Colángelo.

Entonces, el secreto para que los chicos lean más, mejor y con placer es una buena mediación de los padres. Eso se logra, para Colángelo, con la "vivencia" del proceso de lectura.

López opina que los actos de atención conjunta "son clave para generar capacidad de atención en los niños. Leer juntos un libro, mirar y señalar las mismas imágenes, poner palabras a eso que ocurre, es una experiencia vital para desarrollar la capacidad de atención".

En cuanto a los más pequeños, López considera que "está en juego el vínculo afectivo, el encuentro lúdico y eso es riquísimo en la experiencia de ser niño y de ser padre. Si un adulto siente que la ilustración es ñoña probablemente no sea un buen libro para su hijo, en cambio es atrapado por el humor, lo imprevisible o el terror, ese libro puede ser una buena elección para compartir".

La mediación tiene que ver con las consideraciones de los mayores.

"Si creen que el género es 'menor' o sólo algo para entretener, la mediación estará infantilizada. Si el adulto está convencido de que leerle a un niño es potenciar su relación simbólica con el mundo, ayudarle a aprender y ensanchar sus fronteras de lo imaginario, la mediación es un tesoro amoroso y poético", dice López.

Además del vínculo, de las creencias de los padres, también el hecho que los libros estén en la casa y que los padres den testimonio del deseo de leer habilitan las situaciones de placer y la búsqueda de sentidos que propicia la lectura.

"Todos esto tiene que darse de manera apasionada como todas las cosas que en el fondo funcionan en este mundo", recomienda Colángelo.

Según un estudio del grupo Targe Group Index-Ibope sobre los hábitos de lectura realizada entre febrero del 2011 y enero del 2012 a 10.165 personas entre 12 y 75 años, se registra una caída respecto del 2004 del 15 al 7% en jóvenes (de 12 a 17) que dicen ser lectores frecuentes.

A este descenso le atribuyen el gigantesco mundo de estímulos que los rodea, pero hilando más fino, Colángelo explica "todavía –y en la escuela sobre todo– hay una intención taxonómica sobre los textos donde se analizan y se enfatiza la estilística normativa. Y esto es una mirada autoritaria del adulto con el afán de que el adolescente lea una única interpretación, cuando en realidad la literatura es multívoca".

Como cierre, la especialista recuerda una experiencia personal que habla de la libertad del acto de la lectura: "Una vez llegué a un taller y un adolescente había escrito el grafiti 'en el cielo te leen poesía, en el infierno te la explican', él enarboló su derecho como lector a poder leer desde lugares distintos y de maneras diferentes lo que los textos dicen. Eso sólo lo hace posible la literatura".

(Télam)

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